por Jesús Guzmán Gallardo; [email protected]il.com

9-4-2011

El Apra fue fundada por Haya de la Torre sobre la base de principios éticos y revolucionarios que condujeran a la Gran Transformación de las estructuras del Estado dirigida por y al servicio de las clases explotadas. Su rumbo inevitable es la izquierda democrática y su lucha por el desarrollo está plasmada en su antimperialismo, organizando la unión de los pueblos de Indoamerica para su efectivización. Y como se puede deducir del tercer punto de su programa máximo el complemento ineludible de su accionar es la nacionalización de sus riquezas frente al entreguismo antipatriota de las clases dominantes, que en casi dos siglos de vida republicana han tenido como signo preponderante la hipoteca no sólo de la soberanía del país sino también su futuro.

Todo esto que para los auténticos apristas es una verdad de principios, en los actuales momentos recobra un sentido vital, vale decir de sobrevivencia, frente al grado de confusión, oportunismo e infiltración en las filas del Partido Aprista “gracias” a la actuación de una panda de ilegales pseudo dirigentes comprometidos exclusivamente con su bolsillo.

Cuando escucho o leo que hay apristas o, mejor dicho, que dicen ser apristas y que van a votar por un candidato de la más rancia derecha, lo más generoso que se me ocurre decir es que sufren del síndrome de la convivencia o de la coalición Apra-Uno, revivida por la alianza Apra-fujimorista de cuya vergüenza ni se inmutan.

Y para abundar, cuando la cúpula ilegal y traidora al pensamiento de Haya de la Torre dubita acerca de a quién endosar los pocos y famélicos votos de un aprismo desdibujado y anémico y no tienen más espectro que los candidatos reaccionarios, siento conjuntamente con mi indignación, el deber de apuntar estas líneas en la misma dirección que lo harían nuestros verdaderos maestros de quienes recogemos su hermoso legado rebelde y contestatario.

El APRA al nacer y a causa de sus planteamientos aurorales generó la típica reacción de la oligarquía o plutocracia encarnada en los ricos y poderosos que siempre detentaron el poder por la fuerza de su dinero y de las armas sobre cuyas bayonetas se asentaron. Y la llamaron comunista, antisistema, secta de criminales y provocadora del desorden social. Hoy volvemos a escuchar lo mismo pero ya no sobre el APRA sino por quienes tibiamente, en el concierto electoral, se atreven a propiciar el enjuiciamiento de los corruptos y el impuesto a la sobreganancia minera o la revisión de los tratados de libre comercio.

¿Qué sucedió? ¿Cómo de una acción revolucionaria y consecuente con el ideario aprista, que costó vidas, persecución, prisiones y exilios, se pasó a una acción conjunta con el capitalismo salvaje (léase neoliberalismo) y a personificar una posición pro-imperialista en contra de los más pobres?

La respuesta está, de manera concisa y clara, en la traición de Alan García Pérez y sus concomitantes desclasados e ignorantes. Producto de casi tres décadas de desmantelamiento progresivo del espíritu de lucha del aprismo redentor, traducido en el abandono de sus más caros ideales y en la inversión de valores que fuera el secreto de su fortaleza y mística.

Ese “estilo” de política, ya antes vista, ha originado la deserción, el descontento y el galimatías al cual acudieron sus dirigentes y en el cual nadan quienes van a votar por Kuczynski, Toledo, Keiko y Castañeda; son los mismos que iban a votar por Kouri y la Aráoz.

Cuando los líderes son honestos, pobres de bienes materiales y sacrificados como devotos, los militantes cautivados y convencidos de su sinceridad también lo son.

Así surge la verdadera fraternidad, la que genera lucha social desinteresada o de servicio, y la disciplina que requiere el combatiente de primera línea, sabedor que marcha al unísono con ellos en pos de un combate que será sin cuartel contra los opresores.

Son tan ingenuos, por no decir ignaros, que no pueden comprender que esta situación es el mejor caldo de cultivo para los premeditados propósitos viles de Alan García y sus adláteres, ya que un partido sin personalidad es el mejor instrumento para ocultar sus felonías, enriquecimiento ilícito y complicidad con la nueva oligarquía, así como negociar con la derecha la entrega del Perú al Chile de Piñeira y a las transnacionales y de esa forma pretender volver al poder en el 2016 para seguir explotando a los trabajadores.

García es un traidor por sus cuatro costados, oleado y sacramentado, se vendió a los ricos para aumentar indexadamente su patrimonio, se vendió a los empresarios para ocultar su cobardía innata, porque luchar por los derechos de los trabajadores en este país es un riesgo y él prefirió la compañía y amistad de la reacción para darse valor al más puro estilo del corrupto y genocida Fujimori.

No olvidemos los escándalos, que lo pintaron de cuerpo entero, como los casos del BCCI, los Mirage, el tren eléctrico y los dólares MUC entre otros; cuyos expedientes en la fiscalía no hablan de inocencia sino de hechos probados y prescripción que logró con su fuga.

Un aprista cabal no puede jamás votar por un candidato de derecha, eso sería traicionar a Víctor Raúl, a los miles de mártires, a los hombres y mujeres humildes y probos que construyeron el Partido Aprista sin pedir nada; eso es rendirse antes de luchar. Y si a pesar de todo esto lo hacen, estoy seguro que se debatirán en la misma angustia de Judas cuando vendió a su maestro.

El voto de castigo no es más que el comienzo de una nueva etapa de lucha por rescatar el aprismo. No debemos votar por ningún candidato de la lista alanista cuyos integrantes son corruptos o cómplices en el mejor de los casos. Hagamos sentir nuestro rechazo por quienes han destruido el Partido que fundara Víctor Raúl.

Preparémonos para arrojar de las filas del aprismo a los García, del Castillo, Quesada, Morán, Bendezú, Vílchez, Barreda, Nava, Grijalba, Chirinos y siguen nombres nefastos que ya están inscritos en la historia de la ignominia y la vergüenza. Esta tarea es insoslayable y vendrá más temprano que tarde después del 10 de abril y será nuestra mejor respuesta para los traidores y los nuevos dueños de Perú.

Contra el imperialismo, por la unión de Indoamerica para alcanzar la justicia social.