por Juan Carlos Herrera Tello*; j[email protected]

11-4-2011

Los 23 de marzo de cada año, el ahora llamado Estado Plurinacional de Bolivia recuerda el combate de Calama y la defensa heroica de Eduardo Abaroa del puente Topater ante el avance de las tropas chilenas que en solo dos días se hicieron de toda la entonces provincia litoral de Bolivia; pero esta celebración se confunde con una aspiración de aquel país para volver a tener un acceso soberano al Océano Pacifico.

En este último 23 de marzo el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, ha dicho: “Nuestra lucha por la reivindicación marítima ahora debe incluir otro elemento fundamental. El de acudir a los organismos internacionales y tribunales demandando en derecho y justicia una salida libre y soberana hacia el Pacifico”.

De toda esta palabrería, lo fundamental del pedido del Jefe de Estado, es que su demanda contra Chile es en base a la justicia y al derecho. En lo que respecta a la “justicia”, el hoy Estado Plurinacional está con justicia despojado de su litoral, porque desconocieron el Tratado de Límites de 1874 y con ello provocaron la guerra de 1879 a la cual fue arrastrado el Perú por cumplir el Tratado Defensivo de 1873, y luego al romperse por voluntad altiplánica el Tratado de Límites, Chile se creyó con derecho de anexarse una costa a la cual había pretendido desde 1842 y que antes de la dación de la Real Orden de 1805 que la integra al Perú y luego es usurpada por Bolívar, había sido parte integrante de la Capitanía General de Chile.

Por “derecho” al Estado Plurinacional de Bolivia no le fue usurpado nada, fue más bien un Tratado de Paz y Amistad lo que determinó la configuración de la frontera actual. A diferencia del Perú, que fue ocupado, y sus principales ciudades tomadas ante la falta ya de una resistencia después de cinco años de guerra, firmó el Tratado de Ancón de 1883 donde se tuvo que ceder perpetua e incondicionalmente nuestra entonces provincia de Tarapacá. El caso de Bolivia no fue similar, porque Chile con el altiplano sólo firmó en 1884 un Pacto de Tregua, con lo cual todo el litoral boliviano pasaba a ser poseído por Chile hasta que se realice un Tratado de Límites definitivo.

En 1895, Chile y Bolivia se ponen de acuerdo para eliminar sus diferencias y se sugiere la transferencia de territorios por el cual Chile se obliga a ceder Tacna y Arica a Bolivia en caso ganase el Plebiscito, esto no fue aceptado por Bolivia ya que ellos querían disponer de un territorio que se ajustara a sus necesidades. Ante esta situación aunado a ello el escándalo de la Puna de Atacama, Chile envía a La Paz a don Abraham Konig y les remite una nota el 13 de agosto de 1900 donde no se abre ninguna esperanza de un puerto para Bolivia. El doblez de Bolivia lo retratan muy bien Conrado Ríos Gallardo y Luis Orrego Luco, porque para Chile no era aceptable que mientras se le estaba ofreciendo un puerto en 1895, por esos mismos años Bolivia entregaba la Puna de Atacama a Argentina, territorio que había sido ya entregado a Chile por el Pacto de Tregua de 1884.

Y después, no obstante las protestas contra la Nota Konig, Bolivia cuatro años más tarde en 1904, cede perpetuamente su litoral a Chile en plena paz, sin que su capital haya sido ocupada y sin que ninguna de sus ciudades principales se encuentre en prenda, fue una entrega en plena paz y bajo condiciones totalmente amparadas en el derecho.

El muy versado Canciller plurinacionalista boliviano David Choquehuanca ha manifestado que la salida al mar de Bolivia “no es una aspiración, sino un derecho”, además que Bolivia no acepta intercambios territoriales, porque sino “parecerían pro chilenos”. No hay necesidad de comentar estas palabras, basta con su lectura para darnos cuenta en manos de quien están las relaciones internacionales de los altiplánicos.

Pero si aquel señor es el Canciller, veamos en que abunda más el presidente alto andino: “Ahora hay tribunales y cortes que los estados soberanos pueden llegar a demandar lo que les corresponde. Es posible lograr que esos organismos hagan justicia y que reparen los daños causados, sin recurrir a ninguna violencia”.

Que podría demandar Bolivia a Chile ante algún tribunal internacional? Además que podría corresponderle? Obviamente nada, Chile basta que muestre la negociación de 1904, aprobado ante dos congresos soberanos sin que de por medio hayan estado las bayonetas del vencedor, y con eso destrozaría cualquier pretensión altiplánica, pero lo más gracioso de los dichos de Morales, es que continúan en la senda legada por Hilarión Daza cuando partió por Camarones hacia su país: “sin recurrir a ninguna violencia”.

Continuando con el mal chiste, Bolivia imita al Perú (y obviamente lo hace mal) en su demanda por los límites marítimos, y para demandar a Chile, inteligentemente han suscrito el Pacto de Bogotá que obliga a sus miembros a acoger sus diferencias por medio del arbitraje de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Lo que no se han dado cuenta los asesores internacionales bolivianos es que aquel tribunal resuelve asuntos territoriales o de límites cuando no existen pactos concretos, la realidad les juega una mala pasada, al encontrarse con la enorme muralla de concreto que es el Tratado de 1904, que Bolivia suscribió recibiendo concesiones portuarias, ferrocarriles y dinero.

La reacción chilena aparte de la risa, fue inmediata, simplemente suspendieron todo dialogo y sus Cámaras Legislativas por medio de sus presidentes dieron a conocer su postura en acogerse a los Tratados firmados por ambos países. Demás estaría enumerar las bases “jurídicas” que proponen los “internacionalistas” bolivianos que antes que tomarlas en serio son un verdadero chascarro jurídico.

El 30 de marzo en un editorial del diario “La Razón” de Bolivia, el diplomático e historiador Ramiro Prudencio Lissón ha dado la clarinada de sensatez a su país en no aventurarse a realizar actos que podrían dejar en ridículo a Bolivia. Allí en su breve artículo desmenuza punto por punto las “pruebas” que Bolivia tiene para demandar a Chile.

Para aumentar las contradicciones entre Chile y Bolivia, que mejor que el propio Evo Morales, quien manifestó “En este corto tiempo como presidente he caído en la trampa de Chile, … porque cuando exigimos ¿donde está la propuesta?, ¿por dónde va a ser la soberanía?, “Esperar otros 132 años mediante el dialogo, ¿Qué se va a conseguir?”

Es evidente que este tipo de declaraciones tan arlequinescas, permiten observar desde fuera, el grado de involución de todo un pueblo al elegir a semejantes personajes para que los representen. Si uno lee con prolijidad la famosa agenda de los 13 puntos, en lo que concierne al punto seis, en ningún momento se establece sobre cesiones territoriales y menos de soberanía, solo se dicen mecanismos de diálogo y nada más. Esto parece ser mal interpretado por los cerebros bolivianos quienes creen que solo hablar del tema del mar con Chile, es base y sustento a que ellos le entregaran una playa y así cambiar los colores del mapa de Sudamérica por lo menos en un pequeño tramo, con los colores del nuevo Estado Plurinacional de Bolivia.

El presidente chileno Sebastián Piñera, se comprometió en la campaña que lo llevó a la alta magistratura de su país en no ceder territorio alguno a Bolivia, y ahora marcó definitivamente este proceso con una frase contundente: “ellos pretenden algo que es imposible”.

Para poner el punto final a la contundente respuesta chilena, el presidente plurinacionalista boliviano afirma con la cultura que lo caracteriza: “Que nos digan desde Chile que es imposible hablar, dialogar sobre soberanía, se equivocan, eso se llama ignorancia”. Obviamente en sus expresivas palabras y en especial el no muy cultivado español que tiene el señor Morales Ayma, debemos de intentar traducir lo que intenta decir. Recordemos que alguna vez motejó al Presidente peruano Alan García Pérez como chabacano, probablemente sin mirarse al espejo. Hoy tilda de ignorante a Piñera, sin que de por medio conozca el grado de conocimiento y preparación que tiene el Presidente de Chile respecto del boliviano. En otras palabras, el señor Presidente Plurinacional de Bolivia tiene conceptos personales sobre las palabras que usa, tiene un lenguaje propio y elemental donde usa en su precario vocabulario, palabras, con significado diferente a lo que sus ideas (si es que las tiene) quieren plasmar.

La historia continúa, y el gobierno altiplánico ha nombrado a un experto en finanzas públicas antes que a un historiador o diplomático, en el cargo de Director de la Estrategia Marítima. Los motivos de esta designación obedecen según los diarios de aquel país a que es un hombre leal y comprometido con el gobierno y por ser troskista, de tal manera que prima el compadrazgo y la improvisación antes que la idoneidad y conocimiento.

Las últimas acciones que se ha abocado el nuevo Director de Estrategia Marítima del altiplano es a buscar dialogo con el Perú; ¿pero cómo?, ¿no es que van a plantear una demanda a Chile ante organismos supranacionales con la finalidad de que “en justicia y en derecho”, tengan el acceso al Pacífico? resulta más que una incongruencia lo planteado. Y menos el Perú se convertiría en asesor de otro país, lo cual puede entenderse como vulnerar la soberanía de Bolivia ya que en el Derecho no hay tutelajes entre Estados.

Hay que aclarar algo a los plurinacionalistas bolivianos, en razón del tiempo que dicen que están reclamando su “derecho” al mar. No son pues 132 años de reclamos sino algo así como 82. Bolivia provocó la guerra de 1879, y después de haberse escondido en sus alturas y dejarnos solos en la contienda, lograron firmar un Pacto de Tregua, por el cual su territorio litoral fue cedido a Chile. Luego 11 años más tarde en 1895 querían Tacna y Arica para ellos, no obstante conocer que las poblaciones de aquellas provincias eran absolutamente peruanas y se esperaba su pronta reincorporación. Y cuando firmaron el Tratado de 1904, los altiplánicos le permitieron cualidad de soberano a Chile sobre Arica al aceptar la construcción de un ferrocarril desde nuestro entonces puerto a La Paz, esta vía de comunicación favorecía a Chile y no iba a permitir que pase a manos del Perú. No es, sino hasta 1919 que Bolivia inicia sus gestiones para volver al Pacífico haciendo su reclamo ante la Liga de las Naciones y ante su fracaso, tercerizó la cuestión Tacna y Arica. Aún se recuerda lo dicho por el ex presidente boliviano Montes al pretender Arica: “Chile y Perú, tienen razones de orden político mientras que a Bolivia le asiste la historia y la tradición porque Arica ha sido en todo tiempo el órgano natural de expansión comercial”. Causan solo indignación semejantes asertos, sobre territorios que ni el derecho ni la historia le permitieron a Bolivia que sean parte de su heredad; y más indignación nos causa por provenir de quienes fueron nuestros aliados.

Pero mientras reclamaba mar, Bolivia cumplía a cabalidad el Tratado de 1904, sino cómo se explica que en 1928 reciba la sección boliviana del ferrocarril de Arica a La Paz cumpliendo el pacto que los encerraba. Este doblez, como otros a lo largo de la historia diplomática boliviana demuestra esa constante de no saber qué es lo que quieren.

Finalmente, es necesario establecer lo que significa el Protocolo Complementario de 1929. El Perú al ver diezmados sus fuerzas de mar y tierra tuvo que capitular en Ancón, cedió Tarapacá, mientras Tacna y Arica estaban sujetas a un Plebiscito que se celebraría transcurridos diez años; la fórmula del plebiscito nació porque era necesario que el Perú cumpla el Tratado y se encamine dentro de aquel terrible pacto, pero Chile no cumplió su parte, fortalecido por sus ingresos por el salitre, inventó una serie de excusas para quedarse en Tacna y Arica a fin de entregar esas provincias a Bolivia. Sabemos que de haberse celebrado el Plebiscito en la fecha pactada, Tacna y Arica volvían al Perú, y la solución que se dio en 1929, obedeció a definir una frontera definitiva con la división del territorio en litigio cuyo perfil es el trazo del ferrocarril de Arica a La Paz, perfil que Bolivia permitió. Y en lo que respecta al artículo 1º del Protocolo Complementario, se puede leer entre líneas que Arica o es chilena o es devuelta al Perú, pero nunca cedida a tercero. Ríos Gallardo y Leguía construyeron así, una alianza que permite a peruanos y chilenos tener una garantía de seguridad y de paz.

(*) Abogado