2-11-2012

Tengo la más viva impresión que los munícipes y asesores leales a la alcaldesa Susana Villarán deberían enfocar con más responsabilidad el duro reto que les impone la consulta a revocatoria para marzo del 2013. Reniec confirmó el número de firmas indispensable para ese cometido y el JNE ya fijó fecha. Por tanto, los aullidos para descalificar el desafío democrático o envilecer a todos los que no piensan como ellos, constituyen gritos de miedo o gestos ociosos sumamente improductivos. Así es la democracia.

Creo convictamente que la burgomaestre Villarán y su equipo deberían haber tenido la oportunidad de completar su mandato sin revocatorias ni nada parecido, fui uno de los votantes de ese millón setecientos cincuenta mil que le encargó una tarea delicada al frente de Lima Metropolitana. No obstante, hay casi medio millón de ciudadanos que han respaldado el proceso cuestionador. Lo ineluctable no se combate con garrulería o pirotecnia verbal de escasísima calidad. Además que nadie puede erigirse como dueño de la verdad absoluta o dueño de la ciencia infusa.

Hay supercherías que deben ser pulverizadas del escenario para bien de tirios y troyanos. Por ejemplo, hasta donde recuerdo, el triunfo de Villarán sobre Flores Nano fue por un margen porcentual minúsculo. Los que no votaron por la actual alcaldesa ¿son corruptos o forman parte de alguna mafia? ¿tantos oligarcas o derechistas hay en Lima?

Otra de las insolencias que hay que archivar es la especie que sólo el pensamiento o ideología profesado o inclinado hacia la izquierda, es correcto, sabio y es la piedra filosofal que soluciona todos los problemas como por arte de magia. Eso no es exacto ni inteligente. Un país avanza como un avión en el aire: tiene sus alas, izquierda, derecha y una parte central, de otro modo capota y se va al suelo. En buena cuenta, el debate de ideas e intercambio de pareceres, exige altura, dimensión y profunda mirada de horizonte. Aquí lo que se ve es la intolerancia arrogante de grupúsculos a diestra y siniestra.

Probablemente mejores resultados, a estacionar en el criterio de la ciudadanía en torno a los éxitos de la gestión de la alcaldesa Villarán, será explicarlos en detalle y con una radiografía de pros y contras, de ese modo se ganan adhesiones, confirman lealtades y desmienten boberías cocinadas con cinismo desde los medios de comunicación tan ansiosos de estereotipar a quien no les simpatice.

¿Tiene la alcaldesa gente capaz? No podría hesitar sobre el particular: ¡claro que los hay! Y esta pelea es una liza política que, obligatorio es, debe desechar el argumento artero, el sofisma pseudo-intelectual y arrogante y la auto-suficiencia que exhiben no pocos en sus presentaciones públicas. Algunos pueden creer que la gente muy estúpida o que no está a su nivel, pero esa es la antesala a la tragedia de una revocatoria cuyo resultado funesto no puede descartarse para marzo porque es una de las opciones. La otra chance es la de ganar y confirmar a Villarán en su puesto.

Mal hacen los medios de comunicación en atizar el fuego insensato de "opiniones" sobre la revocatoria. Esta ya fue oficializada porque consiguió el número de firmas requerido y exigido por ley. Y eso es lo objetivo, todo lo demás sobra porque en marzo tienen que hablar las urnas.

Una observación más: se ha popularizado el uso del término DBA que alude a una derecha bruta y achorada. Tengo mis dudas sobre lo exacto del asunto. Para comenzar, no parece tan bruta una facción minoritaria que se dado maña para conseguir, no hay cómo negarlo, el mando del gobierno del Perú: impone ministros y comisarios políticos en los ministerios; empuja políticas favorecedoras del libre comercio siempre tributarias de las transnacionales; protege la economía extractiva y atrasada; ratifica políticas anti-populares y represoras de los derechos laborales, en suma fatídica, un ramillete de sucesos que un bruto no podría ¡ni siquiera elaborar y menos procesar! Achorada (peruanismo que se refiere a la insolencia y desparpajo exhibidas), es posible, no obstante, unos y otros compiten en quien lanza el peor dicterio hacia el otro, casi no hay diferencia.

Estoy seguro que la alcaldesa Villarán mira el asunto con preocupación constructiva porque tal es su misión: resolver problemas y, puesta ante el desafío de las urnas, ganar o perder y dando la batalla cotidiana que no otra cosa le reclama la ciudadanía.

¡Alea jacta est!

¡Atentos a la historia, la gente aplaude lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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