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‎¿Cuál ha sido la reacción ante la advertencia del presidente ruso Vladimir Putin, quien ha señalado ‎que el mundo subestima el peligro de guerra nuclear y que esa tendencia [a la subestimación] está ‎acentuándose?‎

Es significativo el comentario de La Repubblica [1], que habla de un «tono muy alarmista». Es también paradójicamente elocuente ‎el silencio prácticamente absoluto de todo el espectro parlamentario. Como si Italia no tuviese nada ‎que ver con la carrera en materia de armamento nuclear que, advirtió Putin, puede llevar a la ‎‎«destrucción de la civilización y quizás de todo el planeta» [2]. No se trata de un escenario alarmista sino de lo que prevén los hombres de ciencia ‎que estudian los efectos de las armas nucleares. ‎

Putin subrayó como particularmente peligrosa la «tendencia a rebajar el umbral para el uso del ‎armamento nuclear con la creación de cargas nucleares “tácticas” de bajo impacto que pueden ‎conducir a un desastre nuclear mundial». ‎

Precisamente a esa categoría pertenecen las nuevas bombas nucleares B61-12 que ‎Estados Unidos desplegará en Italia, Alemania, Bélgica, Holanda y posiblemente en otros países ‎europeos durante la primera mitad del año 2020. La Federación de Científicos Estadounidense ‎‎(FAS) advierte, en efecto que: ‎ ‎

«La alta precisión y la posibilidad de utilizar cargas nucleares menos destructivas pueden ‎incitar a los comandantes militares a presionar para que se recurra al arma atómica en un ‎ataque, sabiendo que la radiación y los daños colaterales serán limitados.»‎

Italia es parcialmente responsable del creciente peligro de guerra nuclear ya que está violando el ‎Tratado de No Proliferación del armamento nuclear y se niega a aceptar el Tratado de la ONU ‎para la prohibición de las armas nucleares. En efecto, no se debe olvidar que Italia pone a la ‎disposición de Estados Unidos no sólo bases militares sino también aviones y pilotos [italianos] ‎que se preparan para utilizar armas nucleares contra Rusia. Y eso está sucediendo con el ‎consentimiento explícito o implícito –ya que renuncian a oponerse– de toda la gama de partidos ‎políticos representados en el Parlamento italiano. ‎

El otro peligro –advierte Putin– es la «desintegración del sistema internacional de control de ‎armamentos» iniciada en 2002 por la salida de Estados Unidos del Tratado AMB. Este tratado, ‎firmado por Estados Unidos y la URSS en 1972, prohibía a esos países el desarrollo de misiles ‎interceptores que, al neutralizar la posibilidad de respuesta del país atacado, favorecerían la ‎posibilidad de proceder a un primer golpe nuclear, o sea de proceder por sorpresa a un ataque ‎nuclear. ‎

A partir de ese momento, Estados Unidos desarrolló su «escudo antimisiles», extendiéndolo ‎a Europa, implantándolo incluso a las puertas de Rusia, con 2 instalaciones terrestres ‎en Rumania y en Polonia y 4 navíos de guerra que navegan por el Báltico y el Mar Negro. ‎El problema es que los lanzadores de esos sistemas [supuestamente “antimisiles”] son capaces de ‎lanzar tanto misiles interceptores como misiles armados con ojivas nucleares. ‎

También en ese caso, Italia es parcialmente responsable ya que en Sigonella [la base aérea de ‎la OTAN en la isla italiana de Sicilia] está instalada la JTAGS, una de las 5 estaciones ‎satelitales estadounidenses del «escudo antimisiles». ‎

Esa situación se hace más grave aún porque Estados Unidos ha decidido ahora retirarse ‎también del Tratado INF firmado en 1987 –el tratado que eliminó los misiles nucleares estadounidenses ‎instalados en Comiso (Italia)– porque pretende desplegar en Europa misiles nucleares terrestres ‎de alcance intermedio. ‎

En esto también es responsable Italia, cuyo gobierno dio su aval a ese plan en el Consejo del ‎Atlántico Norte realizado el 4 de diciembre de 2018, además de estar seguramente dispuesto a ‎aceptar que Estados Unidos instale esos misiles nucleares en suelo italiano. ‎

‎«Si esos misiles llegan a Europa, Occidente no debe sorprenderse de que nosotros ‎reaccionemos», explicó Putin. Advertencia que están ignorando tanto el presidente del gobierno ‎italiano Giuseppe Conte como los dos vicepresidentes, Luigi Di Maio y Matteo Salvini, quienes ‎prefieren desviar la atención de la opinión pública hacia el «decreto de seguridad» antimigrantes, mientras llegan a Italia bombas y misiles estadounidenses que ponen en peligro la ‎verdadera seguridad del país. Como los tres monos de la conocida historia, ellos no ven, no oyen ‎ni dicen nada. ‎

Fuente
Il Manifesto (Italia)

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio

[1] Fundado en 1976 y con una tirada cercana a los ‎‎700 000 ejemplares, La Repubblica es considerado el diario más influyente de Italia. Nota de la ‎‎Red Voltaire.

[2] “Vladimir Putin’s annual news ‎conference”, por Vladimir Putin, Voltaire Network, 20 de diciembre ‎de 2018.