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El empeoramiento de las condiciones de vida en Venezuela asociado con la crisis multidimensional que aflige al país está afectando a un número cada vez mayor de venezolanos.

La negativa del régimen a reconocer la emergencia humanitaria está llevando a una escalada de tensiones. Hay informes preocupantes de disturbios, actos de violencia y un número creciente de víctimas, en particular en las zonas fronterizas y entre la comunidad indígena Pemón.

Hacemos un fuerte llamamiento a las fuerzas del orden y de seguridad para que muestren moderación, eviten el uso de la fuerza y permitan la entrada de ayuda. Repudiamos el uso de grupos armados irregulares para intimidar a civiles y legisladores que se han movilizado para distribuir asistencia.

La Unión Europea ya ha comprometido más de 60 millones de euros en 2018/2019 en ayuda humanitaria y ayuda al desarrollo, destinada a aliviar el sufrimiento de los más vulnerables. Recordamos nuestro compromiso de ayudar a los necesitados todo el tiempo que sea necesario, de ampliar esta asistencia y trabajar en mecanismos de coordinación más fuertes y más inclusivos bajo el liderazgo de los organismos pertinentes de las Naciones Unidas, en plena conformidad con los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia.

Los orígenes de la crisis actual en Venezuela son políticos e institucionales, por lo tanto, la solución solo puede ser política. Reiteramos nuestro firme rechazo y condena a la violencia y a cualquier iniciativa que pueda desestabilizar aún más la región.

El pueblo venezolano ya ha sufrido mucho. Ya es hora de dejar que ellos decidan su futuro. Renovamos fuertemente nuestro llamamiento a la restauración de la democracia, a través de unas elecciones presidenciales libres, transparentes y creíbles. La UE, a través del Grupo de Contacto Internacional, está dispuesta a apoyar este proceso.