Este artículo este parte del libro De la impostura del 11 de septiembre a ‎Donald ‎Trump. ‎Ante nuestra ‎mirada, la gran farsa de las primaveras árabes.‎

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El primer ministro británico Tony Blair y el presidente estadounidense George Bush unen ‎sus esfuerzos.‎

La expansión de la guerra

El presidente George W. Bush escribe a los gobernantes de Libia y Siria conminándolos a ‎‎«destruir sus armas ‎de destrucción masiva o a ver como Estados Unidos las destruye, y destruir ‎todo sin discusión». El 6 de ‎mayo de 2002, el director de Desarme en el Departamento ‎de Estado, John Bolton, designa a Libia, Siria y ‎Cuba como próximos blancos. Libia –que ya está ‎bajo embargo– decide tratar de contemporizar mientras ‎que Siria rechaza desarmarse ‎unilateralmente y se prepara para la guerra. De Cuba no se hablará más en lo ‎adelante. ‎

Inmediatamente después de la caída de Bagdad, el Congreso de Estados Unidos comienza a ‎discutir sobre ‎lo que vendrá después. El general libanés Michel Aoun, ex líder de los cristianos del ‎Líbano, acaba de ‎declarar ante el Congreso estadounidense acusando a Siria de proteger a ‎numerosas organizaciones ‎terroristas –cuyos nombres él no menciona ‎ [1]‎. El Congreso vota por la guerra ‎contra Siria, decisión que el ‎presidente Bush ratifica el 12 de diciembre de 2003, con la Syrian ‎Accountability Act, redactada según el esquema de la ‎Irak Liberation Act de 1998‎. El 19 de ‎diciembre, ‎Muammar el-Kadhafi anuncia que su país renuncia a todas sus armas de destrucción ‎masiva y acepta ‎someterse a inspecciones internacionales.‎

Liz Cheney, hija del vicepresidente estadounidense Dick Cheney.‎

Durante la ofensiva en Afganistán, el secretario de Estado Colin Powell había creado la Iniciativa ‎de ‎Asociación USA-Medio Oriente (MEPI). Esa oficina es tan importante que la dirige Liz Cheney, ‎la hija mayor del ‎vicepresidente y miembro del gobierno alternativo estadounidense Dick Cheney. ‎Sus funcionarios trabajan ‎en colaboración con los del Departamento del Comercio (para ‎el acceso y control de internet) y con la ‎National Endowment for Democracy (NED), la agencia ‎común de los servicios de inteligencia de los Estados miembros de ‎los “Cinco Ojos” (Australia, ‎Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos). En ocasión del 20º aniversario de ‎la NED, el presidente George W. Bush confirma que las ‎prioridades estratégicas son el Medio ‎Oriente y el norte de África. El objetivo de la MEPI es «democratizar» ‎los gobiernos de ‎algunos Estados aliados (Arabia Saudita, Bahréin, Egipto, Túnez y Yemen) paralelamente ‎a ‎los preparativos de guerras contra los Estados revolucionarios (Libia y Siria). ‎

La idea de que se pueda “democratizar” desde el exterior no sólo las instituciones de un Estado ‎sino la ‎práctica política de un pueblo es simplemente grotesca, además de antinómica. Pero ‎los trotskistas que ‎dirigen la NED persiguen su vieja obsesión de la «revolución mundial». ‎No les importan los pueblos, los ‎países, ni la historia particular de cada uno de los pueblos ‎y naciones, ellos consideran que la “revolución” ‎es para los demás y que el poder es para ellos. ‎En tiempos de la revolución bolchevique, León Trotski y su ‎secretaria fueron estimulados por los ‎británicos a perpetrar masacres a gran escala contra sus ‎conciudadanos, con lo cual debilitaron ‎a Rusia, y sus actuales discípulos reproducen hoy aquellos crímenes: ‎usando una jerga de ‎extrema izquierda, lo que hacen es organizar crímenes en masa al servicio del ‎imperialismo. ‎

En el terreno, el programa de la MEPI se administra exclusivamente desde Túnez o Abu Dabi. ‎Las ‎embajadas de Estados Unidos, en Túnez y en Emiratos Árabes Unidos, están construidas ‎precisamente ‎para eso: son edificios inmensos, situados lejos de las zonas que pudieran prestarse ‎para la realización ‎de manifestaciones, rodeados de medidas extremas de seguridad y dotados de ‎instalaciones subterráneas ‎mucho más importantes que las que pueden verse desde el exterior. ‎Las demás embajadas ‎estadounidenses en la región reciben instrucciones para que apliquen las ‎directivas que se les imparten, sin ‎conocer la estrategia en su conjunto. Es que Washington ha aprendido la dura ‎lección de la ocupación de su ‎embajada en Teherán por los estudiantes seguidores del imam ‎Khomeiny, donde los diplomáticos ‎estadounidenses fueron sorprendidos en flagrante delito de ‎espionaje y arrestados –no tomados como ‎rehenes, a pesar de lo que aún sigue afirmando ‎la propaganda de Washington– y los documentos allí encontrados ‎permitieron al Irán ‎revolucionario y a la Unión Soviética descubrir de un solo golpe todo el ‎dispositivo ‎estadounidense en la región. ‎

A lo largo de 15 años, como en la novela-pesadilla de George Orwell, Estados Unidos ‎ha dilapidado más de 2 ‎‎000 millones de dólares al año en la «promoción de la democracia» ‎‎(sic), a sabiendas de que su propia ‎Constitución no reconoce la soberanía popular, que es ‎la condición previa de toda democracia –sin entrar a mencionar el hecho que Estados Unidos ‎incluso ha suspendido su Carta de Derechos (The Bill of ‎Rights) desde 2001. La mayor parte ‎de los presupuestos mencionados la ha gastado la Agencia de Estados ‎Unidos para el Desarrollo ‎Internacional (USAID), después de la cual se sitúan el Buró para la Democracia, ‎los Derechos ‎Humanos y el Trabajo (dependiente del Departamento de Estado) y, finalmente, la CIA y ‎su ‎‎“ONG”, la National Endowment for Democracy (NED). Los diferentes informes evaluativos ‎muestran que ‎es imposible determinar el impacto real de esos programas en relación con ‎su objetivo oficial. ‎

El líder nordista Abraham Lincoln trató de instaurar una sociedad que ‎no discriminara a la gente por el color de su piel pero nunca luchó por la soberanía popular.‎

En todo caso, la actual versión estadounidense de la “democracia” está lejos de ser «El Gobierno ‎del ‎Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo», del que hablaba Abraham Lincoln. El hecho es que ‎desde la fundación de los Estados Unidos de América nada ha modificado la filosofía de ‎su Constitución, la cual sigue negando la soberanía al pueblo estadounidense y atribuyéndola ‎únicamente a los gobernadores de sus Estados. En la práctica, desde la época de Abraham ‎Lincoln, en la jerga política de Estados Unidos el término «democracia» designa sólo la igualdad ‎entre las minorías –tratándose inicialmente de las minorías raciales, hoy se habla de “minorías” ‎al referirse al género y la orientación sexual [2].‎

En definitiva, la “democracia” que Estados Unidos pretende imponer a los demás es un régimen ‎político ‎servil ante el imperialismo, lo cual sólo puede comprobarse después de realizado el ‎‎«cambio de régimen».‎

Estimando que ya dirige el mundo postsoviético, Washington presenta su plan de ‎‎«democratización» del ‎Medio Oriente ampliado a sus socios del G8, en la cumbre de ‎Sea Island, realizada en junio de 2004 [3]. ‎Ninguno de sus interlocutores está convencido de que sea posible exportar la ‎democracia a países tan ‎diferentes entre sí y donde la población es a menudo masivamente ‎analfabeta, pero todos aceptan el proyecto, como habían hecho 13 años antes con la operación ‎‎«Tormenta del Desierto» ‎ [4]‎. Esta vez Rusia ‎es ‎parte de ese consenso, o al menos eso parece.‎

Durante este periodo, el primer ministro británico Tony Blair se alinea sistemáticamente del lado ‎de las ‎posiciones estadounidenses, de tal manera que en su propio país lo califican de «perrito ‎faldero» de ‎Washington. El descontento se hace sentir en el ministerio británico de Exteriores, ‎tanto en relación con ‎las increíbles declaraciones de George W. Bush y de Ariel Sharon ‎en Palestina como ante la conducta estúpida ‎y brutal de las tropas estadounidenses en Irak. ‎El ex ministro de Exteriores británico David Owen resumió ‎esa posición explicándome que ‎Estados Unidos era incapaz de ocupar un país: «Nosotros [los británicos] ‎llegamos a controlar ‎el Imperio de Indias con unos cuantos miles de hombres. ¡Nuestros amigos americanos ‎no saben ‎qué hacer en Irak, a pesar de sus 170 000 soldados y sus mercenarios!», exclamaba Owen. ‎En ‎aquel momento, 52 embajadores de Su Majestad se dirigen al primer ministro Blair aconsejándole ‎que ‎presente propuestas a Estados Unidos, en vez de limitarse a seguir a Washington en sus ‎palos de ciego ‎ [5]‎.‎

Sir James Craig

Sir James Craig, ex embajador británico en Siria y Arabia Saudita, recibe la tarea de dirigir en ‎el ministerio británico ‎de Exteriores un programa sobre el «Compromiso [del Reino Unido] con ‎el mundo islámico». Oficialmente, ‎se trata de subvencionar acciones variadas y diversas. ‎En realidad, el objetivo es montar una gran operación ‎con la Hermandad Musulmana. Un agente ‎del MI6, Angus McKee, tendrá como misión convencer a los ‎miembros del gobierno de que esta ‎política es correcta. Otro agente, Mockbul Ali, supervisa las relaciones ‎entre el ministerio ‎británico de Exteriores y los miembros de la Hermandad Musulmana que residen en ‎Reino Unido. ‎

La idea de Sir Craig es reeditar la «Rebelión Árabe de 1915». En aquella época, la diplomacia ‎británica ‎había puesto en manos de Lawrence de Arabia la tarea de unir a los árabes en contra ‎del Imperio ‎Otomano [6]. Aunque todos se enrolaron en la aventura contra el colonizador turco, ‎ninguno de los pueblos árabes conquistó la ‎libertad que esperaba. El Imperio Británico tomó el lugar del sultán. ‎Esta vez, la «primavera árabe» estará ‎dirigida contra Irán. Al igual que en 1915, Londres ‎utilizará a un grupo que todos aborrecen, precisamente ‎para que ese grupo necesite la ayuda de ‎los británicos y no pueda traicionarlos. Antes fueron los wahabitas, ahora ‎será la Hermandad ‎Musulmana. ‎

Lawrence de Arabia orquestó la gran rebelión árabe de 1915 para que el ‎Reino Unido tomara el lugar del Imperio otomano.

Así que, a finales de 2004, Tony Blair propone a George Bush hijo un plan para el derrocamiento de ‎los ‎gobiernos laicos del mundo árabe y su reemplazo por la Hermandad Musulmana. El 1º de ‎agosto de 2006, ‎el primer ministro británico expone parte de su proyecto en el World Affairs ‎Council de Los Angeles ‎ [7]. Allí ‎define la ‎estrategia anglosajona, afirmando:‎

«Cometimos el error de creer que combatiendo al mismo tiempo a los religiosos de al-‎Qaeda y a los ‎laicos de Saddam Hussein, implantaríamos la democracia. Tenemos, ‎por el contrario, que apoyar a ‎los “moderados” [la Hermandad Musulmana] en contra ‎de los “extremistas”» [o sea los iraníes, los ‎laicos sirios y el Hezbollah libanés].

Occidente descarta entonces la oposición entre religiosos y laicos que socava el mundo ‎musulmán y ya ‎sólo tomará en cuenta la oposición entre los nacionalistas «moderados»‎‏, o sea los que aceptan la colonización, y los «extremistas» que la rechazan. ‎

Todo eso suena bien, pero carece de sentido cuando se sabe que la Hermandad Musulmana fue ‎creada los ‎propios anglosajones, que al-Qaeda es una de las ramas de la Hermandad Musulmana ‎que fueron ‎utilizadas contra los soviéticos y que Saddam Hussein tenía viejos “compromisos” con ‎la CIA. A pesar de ‎todo eso, será ese el discurso que va a prevalecer… yendo hasta calificar a ‎los yihadistas en Siria como «moderados». ‎

Durante ese periodo, la Westminster Foundation o Westminster Foundation for Democracy, rama ‎británica de las “ONGs” dependientes de los «Cinco Ojos» –la alianza entre los servicios de ‎espionaje de Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y el Reino Unido–, y por ‎ende ‎equivalente a la NED estadounidense, promueve numerosos encuentros, principalmente con ‎miembros ‎egipcios y sirios de la Hermandad Musulmana, en particular un gran coloquio –‎en 2006– entre ‎parlamentarios y la cofradía en El Cairo. ‎

Poco a poco, Estados Unidos va aplicando el plan británico. ‎

En el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Liz Cheney crea el «Iran-Syria Policy ‎and ‎Operations Group» (Grupo para la Política y Operaciones en Irán y Siria). Este órgano ‎extremadamente ‎secreto se instalará sucesivamente en el Departamento de Estado, en el ‎Departamento de Defensa y en las ‎oficinas del padre de Liz Cheney –el vicepresidente Dick ‎Cheney. Incluye al consejero adjunto de Seguridad ‎Nacional, James F. Jeffrey, y al consejero ‎especial del presidente Bush, Elliot Abrams. Con un presupuesto ‎de 80 millones de dólares, ‎ese “Grupo” selecciona y soborna a los interlocutores que van a desempeñar los ‎principales papeles ‎en Líbano, en 2006 y 2008; en Irán, en 2009; y en Siria, en 2012. En un discurso ante la ‎Foreign ‎Policy Association, Liz Cheney compara su trabajo con el que se hizo antes con Lech Walesa ‎para ‎preparar el cambio de régimen en la Polonia de los años 1980. En Washington ‎se considera entonces a Liz ‎Cheney como el “Zar” del Medio Oriente Ampliado. Es ella quien ‎crea en Irán grupos separatistas en la ‎región de Baluchistán y organiza una gigantesca campaña ‎terrorista con una secta post-marxista –los ‎Muyahidines del Pueblo.‎

El grupo de Liz Cheney será disuelto en 2007, durante el escándalo de la «Office of Special ‎Plans» (Oficina ‎de Planes Especiales), encargada de inventar cómo justificar la agresión ‎contra Irak. Los miembros del ‎Grupo son incorporados entonces, bajo la dirección de Elliot ‎Abrams, a otra estructura –todavía más ‎‏ ‏secreta– encargada de aplicar la «Global Democracy ‎Strategy» (Estrategia de Democracia Global). Esta ‎última estructura había sido creada ‎años antes por el presidente demócrata Bill Clinton y no sólo trabajó ‎en la aplicación del plan ‎británico en el Medio Oriente Ampliado sino también en el derrocamiento del ‎presidente Manuel ‎Zelaya –en Honduras–, fomentó varios intentos de golpe de Estado en Venezuela y trató ‎de ‎organizar operaciones en Myanmar. Desgraciadamente, no disponemos de más información ‎sobre sus ‎actividades. ‎

¡Rumbo a las “primaveras árabes”!

Volvamos un poco más atrás en el tiempo. Para empezar, Washington prepara el próximo gobierno ‎sirio ‎siguiendo el esquema de lo que había previsto hacer en Irak: en enero de 2004, Farid ‎Ghadry, un vendedor ‎de armas, organiza en Bruselas el congreso fundacional de una “Coalición ‎Democrática Siria”. Pero hay ‎demasiados ambiciosos juntos y no logran ponerse de acuerdo para ‎escoger un líder. Así que no habrá en ‎la oposición siria en el exterior un personaje que ‎desempeñe el papel que tuvo Ahmed Chalabi en la ‎operación contra Irak. ‎

El plan anglosajón alcanza su primera aplicación concreta con la gira regional del secretario ‎de Estado ‎Colin Powell, a la que sigue la cumbre de la Liga Árabe en Túnez, en mayo de 2014. ‎Los Estados miembros ‎adoptan una Carta Árabe de Derechos Humanos [8]‎, aunque ‎todos los participantes saben que muchos de sus ‎países no aplicarán ese documento. ‎El secretario general de la Liga y el presidente de Túnez proponen ‎seguidamente la otra parte de ‎su “maletín democrático”: la adopción de una Declaración que autoriza el ‎uso de la fuerza para ‎forzar algunos Estados recalcitrantes a aplicar la Carta. Líbano –o sea, el presidente ‎Emile ‎Lahoud– y Siria –el presidente Bachar al-Assad– intervienen de inmediato. Ambos presidentes ‎han ‎reconocido la retórica de Colin Powell –según la cual la “democracia” se impone desde el exterior– y ven ‎en ese texto una forma de justificar una agresión estadounidense, cuando ‎se sabe que los verdaderos ‎violadores de los Derechos Humanos –como Arabia Saudita– no van ‎a tener problemas. Después de varios ‎enfrentamientos verbales, se modifica la Declaración de ‎Túnez. ‎

Mientras va preparándose el montaje de la «primavera árabe», sigue adelante el de la guerra ‎contra los ‎Estados del Medio Oriente ampliado que se resisten al Imperio. ‎

Jeffrey Feltman ha venido orquestando la aplicación de la doctrina ‎Rumsfeld-Cebrowski desde 2004 hasta hoy, desde la guerra contra Irak hasta ‎lo que hoy sucede en el Cuerno de África.‎

Jeffrey Feltman, un “diplomático” estadounidense que inició su carrera en Irak, en la Autoridad ‎Provisional de la ‎Coalición, y que goza por ello del respaldo de los hombres del 11 ‎de septiembre, es enviado a Beirut. Allí ‎debe organizar un levantamiento contra la fuerza siria ‎de paz que puso fin a la guerra civil libanesa, provocar una ‎represión sangrienta y justificar así ‎un desembarco de los marines estadounidenses para “restaurar la paz”. ‎Washington espera ‎matar dos pájaros de un tiro y apoderarse a la vez del Líbano y de Siria. ‎

En su discurso del 2 de febrero de 2005 sobre el Estado de la Unión, el presidente Bush hijo ‎menciona la ‎Syrian Accountability Act y profiere amenazas contra Siria por el apoyo que ‎ese país aporta a la resistencia libanesa ‎contra el expansionismo israelí. El 7 de febrero, ‎el Departamento de Estado convoca al embajador de Siria ‎en Washington, Imad Mustafá, y ‎le comunica que el gobierno sirio tiene 48 horas para poner fin a sus ‎relaciones con ‎el Hezbollah. El 14 de febrero, un gigantesco atentado mata en Beirut al ex primer ‎ministro ‎libanés Rafic Hariri. En cuestión de horas una campaña de prensa de envergadura ‎mundial acusa a los ‎presidentes Emile Lahoud y Bachar al-Assad de haber ordenado el asesinato y ‎llama a un «cambio de ‎régimen» en Damasco. ‎

El cadáver de Rafic Hariri.‎

Durante años se repetirá la historia de que el atentado fue cometido con una camioneta cargada ‎de ‎explosivos. Pero el Hezbollah sacará a la luz videos tomados por un drone de rastreo ‎de Israel que siguió ‎los desplazamientos de Rafic Hariri y realizó vuelos de reconocimiento sobre ‎el lugar del crimen en los días ‎anteriores al atentado. Como yo mismo publiqué más tarde en la ‎revista rusa Odnako, la operación fue ‎realizada en conjunto por Israel, Estados Unidos ‎y Alemania con un arma de nuevo tipo concebida con ‎nanotecnologías y usando como explosivo ‎partículas de uranio enriquecido ‎ [9]‎. Tratando de desmentir mi artículo, la ‎ONU realizará en Francia una costosísima ‎reconstrucción de los hechos… cuyos resultados nunca ha dado ‎a conocer. ‎

A raíz del atentado, los equipos del Centre for Applied Nonviolent Action and Strategies (Centro ‎de ‎Aplicación de Acciones y Estrategias No Violentas) organizan manifestaciones y una sentada ‎en Beirut. ‎Esta organización serbia es el brazo armado de la Albert Einstein Institution, creada ‎a su vez por la OTAN y ‎la NED bajo la dirección de Gene Sharp. Trabaja además en estrecha ‎relación con el jefe de la unidad ‎sicológica del ejército israelí, Reuven Gal. Desde 1989, esta ‎agencia viene manipulando multitudes para ‎derrocar regímenes políticos mediante «revoluciones ‎de colores». Fue la organizadora del intento de golpe ‎de Estado de Zhao Ziyang, reprimido en la ‎plaza Tiananmen –otro caso donde los hechos no tienen nada ‎que ver con lo que reportaron ‎los medios de prensa occidentales–, así como de las “revoluciones” en ‎Lituania, Kosovo, Irak, ‎Georgia, etc. Lo de Beirut será la «revolución del cedro», con una puesta en escena ‎de Eli Koury ‎‎(Quantum Communications), quien recibirá una invitación del presidente Bush dos años ‎después ‎de los hechos. ‎

Gene Sharp trata de impugnar mis investigaciones sobre sus vínculos con la OTAN y con la NED, ‎cuando el ‎presidente de Venezuela, Hugo Chávez, las menciona ampliamente [10]. Aunque él ‎afirma ‎lo contrario, la realidad es que Gene Sharp sí trabajó para la OTAN y que, efectivamente, ‎fue subvencionado por la NED, además de que, en el momento de las crisis, Gene Sharp siempre ‎estuvo físicamente ‎presente en los países que mencioné. Por demás, la prensa rusa confirmará ‎uno a uno todos esos puntos y ‎numerosos Estados acabarán prohibiendo la entrada de este ‎‎“filósofo” en sus países. ‎

El principio básico de las «revoluciones de colores» proviene de un estudio que Gene Sharp hizo ‎para la ‎OTAN en 1985, titulado Hacer que Europa sea imposible de conquistar [11]‎. El autor mostraba que es imposible ‎instalar un nuevo régimen sin un mínimo de apoyo de ‎la población. Por consiguiente, es posible derrocar ‎un régimen dando simplemente la impresión ‎de que ha perdido su legitimidad popular. Partiendo de ese ‎principio, la CIA imaginó cómo ‎manipular multitudes, organizar manifestaciones y hacer creer que existe ‎una verdadera ‎revolución mientras que equipos especializados toman el poder. Desde la caída de ‎Ceaucescu, ‎en 1989, Gene Sharp y la CIA han aplicado ese escenario en numerosos países, a menudo ‎con ‎éxito. Pero el objetivo de una Revolución verdadera es transformar la sociedad, mientras ‎que una ‎‎«revolución de color» no va más allá de un cambio de equipo dirigente. ‎Una Revolución real puede durar ‎un decenio, pero la «revolución de color» es cuestión de ‎semanas. Lo más importante es que al ser las ‎‎«revoluciones de colores» simples espectáculos ‎que enmascaran golpes de Estado, los gobiernos ‎resultantes nunca duran mucho. ‎

El magistrado alemán Detlev Mehlis dirigió la comisión investigadora de ‎la ONU en Líbano. Mehlis acabó dimitiendo inesperadamente a causa de una serie de acusaciones ‎por corrupción.

Jeffrey Feltman coordina la campaña contra los presidentes Emile Lahoud y Bachar al-Assad. ‎Los 4 ‎principales colaboradores del presidente libanés a cargo de la seguridad del país –‎los generales Moustapha ‎Hamdane (jefe de la Guardia Presidencial), Jamil Sayyed (jefe de la ‎Seguridad General), Ibrahim El-Haj ‎‎(director de las Fuerzas de Seguridad Internas) y Raymond Azar ‎‎(jefe de los servicios de inteligencia del ‎ejército libanés)– son arrestados y encarcelados por ‎la ONU. Sólo serán liberados al cabo de 4 años, lo cual ‎facilita la agresión de Israel ‎contra Líbano, en el verano de 2006. Se crea una comisión investigadora ‎internacional bajo los ‎auspicios de las Naciones Unidas, comisión de la cual forman parte los asesinos: sus ‎dos lenguas ‎de trabajo son el inglés –una de las 6 lenguas oficiales de la ONU– y el hebreo; sus ‎dos ‎principales responsables son un ex magistrado alemán, Detlev Mehlis, quien ya había ‎trabajado para la CIA y para ‎el Mossad contra Libia, y un comisario de policía también alemán, ‎Gerhard Lehmann, implicado en el ‎escándalo de las cárceles secretas de la CIA. ‎

El Consejo de Seguridad de la ONU y el primer ministro libanés ‎instauran un Tribunal Especial de la ‎ONU para el Líbano, tribunal que nunca será aprobado por el gobierno, ni por el ‎parlamento ‎libaneses. Pero de todas maneras se impondrá ese Tribunal Especial, que será presidido por ‎el ‎italiano Antonio Cassese, por demás remunerado por los Muyahidines del Pueblo, organización ‎terrorista ‎financiada por la CIA contra la República Islámica de Irán. Varios testigos afirman haber ‎participado en el ‎atentado contra Rafic Hariri por orden del presidente sirio Bachar al-Assad, pero ‎acaban huyendo cuando ‎son desenmascarados y se revela que habían sido sobornados por Saad ‎Hariri, el hijo del ex primer ministro libanés ‎asesinado, y por Rifaat al-Assad, el tío residente ‎en Francia del presidente sirio Assad ‎ [12]‎. ‎

Como quiera que sea, aunque toda la operación de la «revolución del cedro», de la Comisión ‎Investigadora ‎Internacional y del Tribunal Especial llegará a descubrirse con el paso del ‎tiempo ‎ [13]‎, durante los primeros años ‎Jeffrey Feltman logra ‎hacerle creer al Consejo de Seguridad de la ONU que los presidentes del Líbano y ‎Siria habían ‎ordenado asesinar al ex primer ministro libanés. ‎

En el plan inicial de la CIA estaba previsto:‎
1. Asesinar a Rafic Hariri y responsabilizar con su muerte a los presidentes del Líbano y ‎de Siria;‎
2. organizar, con los hombres de Gene Sharp, une «revolución de color», o sea la ‎‎«revolución del ‎cedro»;
3. provocar una reacción represiva contra esa “revolución” por parte de la fuerza de paz ‎siria ‎presente en Líbano;‎
4. justificar así un desembarco de los marines estadounidenses, que no sólo ‎‎“restablecerían el orden” ‎en Beirut sino que además atacarían Damasco. ‎

Pero, ante las manifestaciones antisirias en Líbano, el presidente Bachar al-Assad, que ya ‎había ‎comenzado a retirar sus tropas meses antes, decide súbitamente retirarlas totalmente, ‎tomando por sorpresa a ‎la CIA, que no había previsto esa posibilidad. ‎

El líder del Hezbollah, Hassan Nasrallah y el general cristiano Michel Aoun ‎‎–hoy presidente de la República Libanesa– firman un documento de entendimiento mutuo.‎

Al ver que Siria se había retirado del Líbano, Jeffrey Feltman decide apoderarse del país. Trae ‎de ‎regreso al general Michel Aoun, quien ante su grave responsabilidad en la guerra civil libanesa ‎‎(de 1975 a ‎‎1990) se había exilado en Francia. Aliándose a todos los elementos financiados ‎por Arabia Saudita, Israel y ‎Estados Unidos, el general Aoun funda la coalición 14 de Marzo, ‎en contra de la resistencia libanesa. ‎Pero, ¡sorpresa!, luego de varios meses en Líbano el general ‎Aoun comprende que las cosas no son ‎como parecían, establece una alianza con la resistencia ‎y firma un Documento de Entendimiento Mutuo ‎con el Hezbollah, el 6 de febrero ‎de 2006 ‎ [14]‎. ‎

Tratando de unificar los proyectos militares contra los 7 Estados de la región que se les resisten ‎y los ‎planes subversivos de las «primaveras árabes», Washington y Londres organizan contactos ‎entre la ‎‎«revolución del cedro» libanesa, la oposición siria y la Hermandad Musulmana, mientras ‎planifican un ‎segundo intento de invasión. Bajo cualquier ‎pretexto, Israel iniciará esta vez una ‎agresión directa contra Líbano y aplastará al Hezbollah. Según el plan, Siria tendría que acudir ‎en ayuda de la resistencia ‎libanesa y los marines estadounidenses tendrían por fin el ansiado ‎pretexto para desembarcar. Después de ‎haber “liberado” Beirut y Damasco, Estados Unidos ‎pondría a la Hermandad Musulmana y a ‎otros aliados de Arabia Saudita en el poder en ambas ‎capitales. La operación se denomina «Jazmín Azul». ‎

Con esa perspectiva, Walid Joumblatt, vicepresidente de la Internacional Socialista y líder de la ‎facción de ‎drusos libaneses favorables a Washington, recibe en mayo una delegación de la ‎Hermandad Musulmana en ‎su palacio de Mokhtara. Por su parte, el Frente de Salvación sirio ‎se reúne en Londres, el 4 y el 5 de junio. ‎Sólo se cuentan 43 participantes en este “importante” ‎encuentro, al que no asisten Walid Joumblatt ni ‎Saad Hariri, a pesar de haberse anunciado la ‎presencia de ambos. En definitiva, este “Frente de Salvación” es sólo una fachada tras la cual ‎se esconde la Hermandad Musulmana, a la sombra del ex vicepresidente sirio ‎Abdel Halim ‎Khaddam.‎

Estados Unidos equipa a Israel para que invada el Líbano en los próximos meses. ‎

La guerra contra el Líbano

Pero en Líbano, los amigos del presidente Emile Lahoud y de sus 4 generales encarcelados por ‎la ONU ‎tratan de aclarar ellos mismos el asesinato de Rafic Hariri. La Inteligencia Militar ‎libanesa logra arrestar a ‎un gendarme retirado, Mahmoud Rafeh, quien confiesa estar ‎a la cabeza de una red de espionaje y ‎asesinatos que trabaja para el Mossad israelí. ‎Se demuestra entonces que este sujeto había colaborado ‎con el ejército de Israel durante la ‎ocupación israelí del Líbano. Paso a paso se descubre la implicación del ‎grupo que dirigía ‎Mahmoud Rafeh en numerosos asesinatos e intentos de asesinato registrados durante ‎los ‎‎4 últimos años y atribuidos injustificadamente a Siria ‎ [15]‎. ‎

Líbano exige al Consejo de Seguridad de la ONU que condene la permanente injerencia de Israel. ‎En ‎efecto, el Estado hebreo viola varias veces al día el espacio aéreo y las aguas del Líbano en ‎constantes ‎misiones de espionaje contra el Hezbollah. Israel espía también la red de ‎comunicaciones telefónicas ‎inalámbricas y ha hecho asesinar a varios líderes políticos. ‎Estados Unidos, Francia y Reino Unido no ‎saben qué responder. ‎

La casualidad hace que, en aquel momento, una patrulla israelí que había penetrado en territorio ‎libanés ‎caiga en una emboscada del Hezbollah. Mueren 8 soldados israelíes y otros 2 son ‎capturados. Según el ‎derecho internacional, todo pueblo que ve su territorio nacional ‎parcialmente ocupado tiene el legítimo ‎derecho de combatir al ejército ocupante, incluso ‎en suelo del Estado agresor. Por lo tanto, la ONU no considera a los prisioneros israelíes como ‎‎“secuestrados” sino como “capturados” durante una acción ‎militar no gubernamental. ‎El Hezbollah quiere canjear esos prisioneros por sus propios combatientes ‎detenidos en Israel. ‎Pero, visto desde la perspectiva de Tel Aviv, no hay un minuto que perder. Hay que ‎iniciar ‎la guerra, ya ordenada por Washington, antes de que la Inteligencia Militar libanesa descubra ‎la ‎verdad sobre el asesinato de Rafic Hariri, o sea el anterior intento de desatar la agresión. ‎Liz Cheney y su padre, ‎el vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney, dan luz verde a ‎Tel Aviv. Israël invade nuevamente el ‎Líbano. ‎

Victoria Nuland está presente en todas las grandes operaciones estadounidenses –bajo las ‎administraciones de Bush hijo, de Barack Obama y de Joe Biden. Presidió el Centro por un ‎Nuevo Siglo Americano (CNAS).‎

La embajadora de Estados Unidos ante la OTAN, Victoria Nuland-Kagan –vinculada al Proyecto por ‎un ‎Nuevo Siglo Americano–, hace sonar los tambores de guerra y moviliza a los miembros de la alianza ‎atlántica. Pero, al ‎cabo de 34 días de combates, Israel se ve obligado a retroceder. El Consejo ‎de Seguridad de la ONU salva ‎el mito de la invencibilidad de Tel Aviv imponiendo un alto ‎al fuego. A pesar de que en todas las cancillerías ‎‎–con excepción de Damasco– ya consideraban ‎como un hecho la victoria de Israel, los miembros de la ‎resistencia libanesa han logrado infligir ‎una dura derrota a un ejército ultramoderno que además goza ‎del constante respaldo ‎del Pentágono. Los excepcionales combatientes que han realizado la hazaña ‎actuaban bajo las ‎órdenes de Hassan Nasrallah y la supervisión del ministro sirio de Defensa ‎Hassan ‎Turekmani, quien estuvo personalmente –en secreto– presente en el campo de batalla. ‎

Contrariamente a lo que muchos creen, Irán no llegó a tener tiempo de implicarse en la defensa ‎del Líbano ‎frente la agresión israelí y lo que tenía previsto era ofrecer asilo político a ‎los dirigentes del Hezbollah. Pero, ‎después del alto al fuego, el presidente iraní Mahmud ‎Ahmadinejad emprenderá una considerable inversión ‎en ayuda a la resistencia libanesa y ‎multiplicará por 400 (cuatrocientos) el número de misiles en manos de ‎sus combatientes. ‎

Los autores del 11 de septiembre, hasta entonces victoriosos en Estados Unidos, en Afganistán y ‎ante ‎Saddam Hussein, acaban de sufrir una derrota en Líbano, mientras que los baasistas iraquíes ‎inician su ‎propia resistencia. La victoria del Hezbollah viene a poner en tela de juicio el poder ‎ilegítimo del «Gobierno ‎de Continuidad» estadounidense. ‎

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[1Michel Aoun ‎Testimony, House Subcomittee on International Relations”, general Michel ‎Aoun, Voltaire Network, 17 de septiembre de 2003.

[2«No hay “valores comunes” entre los europeos y Estados Unidos», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, ‎‎14 de diciembre ‎de 2021.

[3The Greater Middle East Initiative: Off to a False Start, ‎Marina Ottaway and Thomas Carothers, Carnegie Endowment for International Peace, marzo ‎de 2004.

[4The Greater Middle East Initiative: Sea Island and Beyond, Hearing ‎before the Committee on ‎Foreign Relations, US Senate, 2 de junio de 2004.

[5Letter of the 52 Diplomats to Tony Blair”, Voltaire ‎Network, 26 de abril de ‎‎2004.

[6Seven Pillars of Wisdom, Lawrence, T. E., Doubleday, Doran and Co, 1935.

[7Tony Blair speech at the World Affairs Council in Los Angeles”, por Tony ‎Blair, Voltaire Network, 1º de agosto de 2006.

[8«Charte arabe des ‎Droits de l’homme», Réseau Voltaire, 14 de septiembre de ‎‎1994.

[9«Revelaciones sobre el asesinato de Rafik Hariri», por Thierry Meyssan, ‎‎Odnako (Rusia), Red Voltaire, 29 de noviembre ‎de 2010.

[10«La Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de febrero de 2005.

[11Making Europe ‎Unconquerable: The Potential of Civilian-based Deterrence and Defense, ‎Taylor & Francis ed., ‎Londres, 1985. Segunda edición con prefacio de George F. Kennan, ‎Ballinger ed., Massachusetts, ‎‎1986.

[13«El descrédito de la Comisión Mehlis», por Talaat Ramih, ‎‎Red Voltaire, 16 de diciembre de 2005.

[14«[Document d’Entente Mutuelle entre le Hezbollah et le Courant patriotique libre-‎‎‎>article143313.html]», por el general Michel Aoun y Hassan Nasrallah, Réseau Voltaire, 6 de ‎febrero de ‎2006.

[15Para más información sobre la guerra ‎contra el Líbano, ver L’Effroyable imposture II, Manipulations et Fake News, de ‎Thierry Meyssan, ‎Segunda edición aumentada, Demi-Lune, 2018.