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El presidente mexicano Vicente Fox y su esposa Marta Sahagún. Foto Red Voltaire.

La Cumbre Americana que tuvo por escenario a la ciudad de Monterrey al principio de enero, cumplió su cometido de fortalecer la dependencia de los países iberoamericanos respecto de Estados Unidos y de su recién editada política neoimperial.

Desde la perspectiva mexicana, la debilidad del gobierno que encabeza el presidente Fox quedó de manifiesto por un síntoma: porque durante y después de la reunión internacional, su esposa doña Marta Sahagún se dedicó a anunciar su aspiración de ser presidenta de México. La siguió en una declaración parecida Jorge Castañeda, ex canciller mexicano y el hombre de George Soros en México, quien sería candidato del partido foxista Convergencia a la presidencia en 2006.

En efecto, la sumisa actitud del desinflado Lula, presidente de Brasil y de Vicente Fox, que compitieron en zalamerías por agradar a George Bush, llegaron al extremo de apoyar de manera acrítica su política antiterrorista y su postura contraria al régimen de Fidel Castro. Contra lo esperado, las manifestaciones políticas menudearon en esa reunión, que se creía que iba a estar dedicada a abrir la puerta del Tratado de Libre Comercio de las Américas. Este objetivo geoestratégico de la oligarquía petrolera casi no fue discutido por los asistentes latinoamericanos pero sí acatado salvo por Hugo Chávez, de Venezuela, que fue la honrosa excepción que criticó la perspectiva neoliberal para la América Latina. Las reservas expresadas por los gobiernos de Chile, Argentina y Brasil al plan de Bush fueron de escaso calibre.

La experiencia de la Cumbre americana reveló que una vocación política de derecha como la que encabeza Vicente Fox o una de izquierda como la de Lula, conducen a la inoperancia absoluta de los gobiernos en la conducción de las tareas fundamentales del Estado, de las que son jurídicamente responsables. Los mandatarios emanados del esquema civilizador impuesto en "Occidente" en la segunda posguerra, de acuerdo con el cual las únicas transiciones aceptables son las nacen de la confrontación ordenada de la democracia cristiana y la socialdemocracia, nada tiene que ver con la coyuntura del mundo moderno.

Los gobiernos del sur del planeta carecen de capacidad de maniobra para operar en beneficio de sus ciudadanos. El primer efecto político de las sociedades del sur del planeta es que el mercado y su esquema democrático sui generis llevan a una redefinición de las oligarquías locales, en la que ningún papel juega el grupo gobernante. A la vez, las oligarquías dependientes al servicio de las empresas transnacionales reorganizan los territorios en los que imponen a nuevos núcleos decisorios sin que los gobiernos siquiera se enteren.

De tal manera, los grupos políticos adversarios del Partido Acción Nacional gobernante, por el que quiere contender la señora Fox, se dan a la tarea de encontrar la fórmula para remplazar a Vicente Fox lo más pronto posible. El gobierno foxista se basó en el encumbramiento de una secta ultraderechista en los altos cargos de la burocracia derrochadora, que ha sido la causa de la inercia de la función pública. Ningún funcionario federal a lo largo de estos desastrosos años de gobierno foxista ha resuelto un solo problema social. Ninguna labor social ha salido airosa.

Pero los grupos oligárquicos están en pie de lucha y todos ellos se hallan vinculados entre sí de alguna manera. Así es como el gobernador de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, perteneciente al izquierdista PRD, está sometido a los designios de Carlos Slim, un plutócrata de origen libanés vinculado a George Soros y su supuesta política renovadora, opuesta aparentemente a la de George W. Bush.

El hecho de que López Obrador sea de izquierda dio lugar a una confusión consistente en que los ciudadanos pensaron que el regente de la ciudad de México podría ser un candidato confiable. La confusión cayó por tierra en cuanto el Reseau Voltaire reveló en su edición del pasado 16 de enero la asociación de Soros con daddy Bush en Carlyle (la tramposa empresa energética que se ha dedicado a saquear a Irak) y la posible inspiración de la política "independiente" de Soros y de sus allegados por parte de la CIA. De tal manera, el jefe de la policía de López Obrador es Marcelo Ebrard, un político corrupto al servicio de Soros, lo mismo que su socio político Manuel Camacho, ex regente de la Ciudad de México y actual diputado del PRD.

Las investigaciones realizadas en los sótanos de la política mexicana y en los archivos electrónicos de varias universidades prestigiadas, de América del norte, por la Unidad Académica para el combate del crimen económico y financiero, de la Universidad Nacional de México, conducen a la Torre Omega, que se localiza en la Colonia Polanco, en la calle de los Campos Eliseos número 245, en la capital mexicana. Ese edificio es administrado por Andrés Holzer, quien a la vez preside la fundación Carlos A. Madrazo, en memoria del político mexicano que fuera padre del actual dirigente del PRI, Roberto Madrazo, quien cuenta con una oficina en el inmueble.

Como por azar, en el piso 10 Jorge Castañeda tiene una oficina mientras que su medio hermano el siniestro Andrés Rosenthal Gutman tiene su oficina en el piso 4. Todos ellos tienen en ese edificio, que es la sede de buena parte del mercado bursátil mexicano, un centro de cabildeo para llegar al poder y vender lo que queda de México a bajo precio.

En los círculos mexicanos de inteligencia hay rumores insistentes de que la Torre Omega que administra Andrés Holzer (cuya hermana está casada con Rosenthal)no debe su nombre no a los relojes Omega, que comercializaba su padre, sino a la estación Omega del Mossad, una unidad de élite de la inteligencia exterior israelí asentada en México, de la que se sospecha que tuvo mucho que ver con los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001.

Es importante informar que Al Qaeda tuvo una fecha reciente una reunión en México. Al respecto se recomienda ver la nota correspondiente en www.eluniversal.com.mx/pls

El doctor Juan Ramón Jiménez, director de la Unidad Académica especializada en los estudios de la delincuencia organizada, menciona en un artículo publicado por el Club de Periodistas de México el acontecimiento social que se llamó Tres veces amor, que se realizó el 28 de septiembre de 2003. Fue la boda de Roberta Ampudia Rovirosa, hija de Ricardo Ampudia, con Alfredo Reynoso Durand, hijo de Juan Reynoso, que es contratista de Pemex para el movimiento de buques rentados. Ricardo Ampudia es un lavador de dinero ligado a Manuel Alonso, quien fue portavoz del presidente Miguel de la Madrid en su sexenio |de 1982 a 1988, y dueño del fraccionamiento de lujo Bosque Real, cuyo copropietario es Carlos Peralta, empresario ligado al ex presidente mexicano (1988- 1994) Carlos Salinas de Gortari.

A esa boda asistieron las familias responsables de la globalización mexicana y de la sumersión de la vida pública nacional en el narcotráfico: Adriana y Enrique Salinas de Gortari, Miguel de la Madrid Hurtado, José Murat, Leandro Rovirosa Wade, Alberto Abed, Emilio Gamboa Patrón y el colombiana Fernando Botero, señalado por varias fuentes de inteligencia, entre ellas la DEA, como enlace entre los narcopolíticos mexicanos y colombianos. Botero es un protegido de la Iglesia de la Unificación.

Esta es la élite del poder en México, decidida a compartir el poder económico, por medio de privatizaciones desmedidas, con la familia Bush y sus asociados, de la misma manera que puso el poder público al servicio del narcotráfico.