Una lesbiana que, de modo público convive con su pareja, exige la tuición sobre sus hijas. El Poder Judicial confiere ese derecho al ex-marido y por ello las denominadas "minorías sexuales" alegan discriminación. Vuelve a orbitarse el tema del "género" en oposición al "sexo". La sociedad entera se involucra en la controversia y asuntos inmediatos como el agobiante desempleo, el colapso de la salud pública, el recrudecimiento de la delincuencia y la masiva drogadicción pasan a segundo plano.

Menos es motivo de polémica el despacho de tropas a Haití y el armamentismo de Richard Lake.

Sería "pedir peras al olmo" que se genere inquietud por las abismales desigualdades de clase y nuestra condición de república semicolonial respecto a EEUU. La tv, la radio y la prensa están -acorde con la prédica "progre"- con temas de farándula y -sobre todo- con lo atinente a lo genitivo. Es la "agenda valórica" que permite estar "in" posando de "moderno" o "postmoderno" involucrando a Chile en un contrapunto "made in Europa" o "made in USA".

Eso de "género" en el debate mapochino es presentar la sexualidad como una construcción cultural que se asume como opción en el marco de la libertad. El componente genético es desdeñado y lo masculino y femenino ya es dualidad en obsolecencia. Ahora, segun los progres, existen no menos de cinco...géneros. Amén de varón y mujer, en pie de igualdad, está el sodomita, la lesbiana, el transexual el intersexual, el zoofílico.

Están amparados por el relativismo ético. Aun más, hay quienes en el mundo progre -concordando con los turiferarios del neliberalismo- propician el libre expendio de estupefacientes y autorizan pornoshops y cines de idéntica calaña. Quienes anhelamos una república sólida y sobria somos denunciados como "retrógados" o "mojigatos". Hay que convertir al país en una Sodoma criolla. Van más lejos, exigen matrimonio entre homosexuales con la prerrogativa de adoptar hijos. El argumento siempre es falaz: "así se hace en los países avanzados". Ergo: debemos imitar. En lo imediato estas materias son distractores y, en lo mediato, arietes de nuestra identidad.

Estos son los motivos por los cuales concordamos con el filósofo Alberto Buela que denuncia aquello de "género" en contraposición a "sexo" como un exocet primermundista para envilecernos y así mejor manipularnos y superexplotarnos. La IN de Latinoamérica no puede tragarse el anzuelo so pretexto de ser de "avanzada". Las vanguardias que marchan sin contactación con la multitud corren el riesgo de convertirse en patrullas extraviadas.

Nuestra responsabilidad pedagógica y patriótica supone, como lo advertía Juan B. Aberdi, "no es estar a la altura de la civilización del mundo, sino a la altura de las necesidades de nuestro pueblo". Lo demás es desperdicio y frecuentemente veneno. No tengamos temor a coincidir con la Iglesia o con los ultramontanos. Son ellos los que concuerdan con nosotros. El peligro está en desgastarnos en una discusión distractora y en aceptar como conveniente aquello que debilita el tejido social y el ethos colectivo.Si Europa y EEUU no temen convertirse en Gomorras es asunto de ellos, pero nuestra tarea es otra.