Red Voltaire

¿Arde Venezuela?

Porque en el Liceo Masculino,
mi bella reina pálida,
yo no aprendí álgebra
ni barrunté la trigonometría
ni me enteré de en qué iba la literatura
ni tuve con la química ningún tipo de encuentro,
en el Liceo Masculino yo aprendí
a caminar como tu hermano, a comer como él,
a mirar como él, a decir lo que él decía,
a despreciar a los profesores
por ser de menor rango social,
y en una escala más amplia,
a derrochar desprecio como arma suprema de control.

Laura Restrepo, Delirio,
Bogotá: Alfaguara, 2004

| Caracas (Venezuela)
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Paul Del Rio, Sueño de un obrero sobre fondo rojo

Cuando la mayoría pobre gana elecciones, es fraude. Así se mantiene el equilibrio político y se le pone el nombre de democracia. Cada vez que un candidato disidente aflora, se lo excluye (Luis Beltrán Prieto, Alirio Ugarte Pelayo), se lo asesina (Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán), se le roba el triunfo (Jóvito Villalba), el candidato se deja quitar la victoria (Andrés Velázquez), se lo derroca (Rómulo Gallegos) o se le intenta derrocar (Hugo Chávez). Si el disidente persiste en ganar elección tras elección, entonces la reacción abandona el juego democrático, incluso a riesgo del aislamiento absoluto.

Vivíamos en Venezuela una democracia censitaria en la que solo valía el voto de un grupo hegemónico. Por eso durante décadas se ocultó el sentimiento de los dominantes hacia los excluidos. Se decía, comentaba Aníbal Nazoa, que era "un pueblo sano". Carlos Obregón me contó una vez que "si un hombre dice «sí» y un loro dice «sí» es porque hay acuerdo; pero si un hombre dice «sí» y un loro dice «no», ¡es porque es un loro bruto!". Así, si la clase dominante decía «sí» y la mayoría decía «sí», es porque había democracia; pero si la clase dominante dice «sí» y la mayoría dice «no», es porque hay fraude. Entonces la mayoría pasa a llamarse "chusma", "horda", "lumpen", "patenelsuelo", "turba", "niches" ("negros"), "desdentados", "bidentes" ("que solo tienen dos dientes"), etc.

La oposición venezolana ha cruzado un umbral que rompe los esquemas de la izquierda. La ultraderecha confiesa su objetivo final y resultó que era autónoma. Repudia ruidosamente en un restaurante al ex emperador Jimmy Carter si este no se aviene a sus intereses. Desde el vicepresidente Nixon en 1958 no se repudiaba en Venezuela a un enviado imperial.

Debimos sospecharlo cuando la famosa rueda de prensa de los arrogantes dueños de medios ante corresponsales internacionales el 13 de diciembre de 2002 1. Aristócratas provincianos, sentían que cualquiera de sus medios es más importante que el Financial Times, The Economist, The New York Times y The Wall Street Journal juntos. Se sienten más poderosos incluso que Gustavo Cisneros y su socia AOL-Warner.

No les reprocho su antiimperialismo. Pero solo lo aplaudiría si fuese el fruto de un afán de soberanía y no de la soberbia más feroz que yo haya visto. Invoco a mis amigos historiadores a que me señalen una clase dominante más torpe y soberbia a través de la historia conocida.

Cuenta la leyenda que en hace 60 años Hitler telefoneó al general de infantería Dietrich von Choltitz, gobernador de París, y le preguntó secamente: "Brennt Paris?". "¿Arde París?". No ardió París, Choltitz no quiso pasar a la historia como el que destruyó a la Ciudad Luz, junto al que según la leyenda quemó la Biblioteca de Alejandría (¿César?, ¿el obispo Teófilo por orden del emperador Teodosio?) y otros encarnizados.

Pero nuestros vándalos estaban dispuestos a destruir un país completo con un paro patronal y la devastación de su primera industria entre 2002 y 2003, para no hablar de la frustrada quema neroniana de Caracas en 2004 mediante las llamadas "guarimbas" (focos callejeros de terror con incendio de neumáticos, basura y obstrucción armada, respaldados por las policías controladas por alcaldes de ultraderecha). Por eso no dudan en instigar criminalmente la desconfianza de parte de la nación en sus instituciones. En destruir el equilibrio emocional de millones.

En acabar con Venezuela con tal de recuperar el poder. Son peores que el general Choltitz, quien defendió un país para él extranjero y enemigo. Arriesgó su carrera y su vida, porque no se desobedecía una orden de un Hitler ya desquiciado por la derrota inminente sin arriesgar el pellejo. Igual hizo Joseph Goebbels ante la orden hitleriana de arrasar el complejo industrial de Alemania. Choltitz y Goebbels tenían los principios y el autocontrol que nuestros forajidos no tienen, como el del siguiente correo electrónico: "A pintar todas las paredes de Caracas y Venezuela con SI hubo fraude!........ Fraude rojo!!!........ Fraude chavista!!!........... Nada que si echamos a perder la ciudad, que si la ponemos sucia, que la limpien ellos, porque ya Venezuela con su fraude es una porquería". Y otros delirios similares.

No gana las elecciones quien obtiene más votos sino quien puede sostenerlos. El voto no es fuente de poder sino, si acaso, su confirmación. Se conceden elecciones para calmar el reclamo mayoritario, que se mediatiza una vez satisfecho. Para sostener un triunfo electoral se requiere de musculatura política, de apoyo militar, eclesiástico, económico, de alguna potencia, etc. La mayoría sola, sin esos respaldos, se halla a la merced insolente de cualquiera de esos grupos, que son los que gobiernan a través de los elegidos. Eso explica el que todo gobierno se desgaste y que el de Chávez sea el único que aumenta su votación en más de dos millones de votos. En Venezuela se trata de los sectores económico, internacional y eclesiástico, que desde 1998, cuando Chávez ganó la elección, no dan resonancia al voto popular. El único poder tradicional que apoya la decisión mayoritaria es el militar. Eso no es nuevo; en Venezuela hubo insurrecciones militares de izquierda desde los años 60. Chávez salió del ejército.

No he visto germinar en tiempos normales ningún poder popular sin la anuencia de esas fuerzas hegemónicas. Cuando emerge, es la revolución. Que la revolución luego luego degenere en gobierno, como decía un general mexicano, es accidente frecuente, cuando pacta con los poderes dichos. Pero cuando no pacta, genera resistencias feroces como las que hemos vivido desde 1998, y aun peores.

De la oposición venezolana podemos esperar mucho más. No ha quemado todos sus cartuchos. Sus acciones terroristas han sido solo tartamudeos: bombas en embajadas, asesinatos graneados de líderes campesinos, cacerolazos a personalidades, pero no ha llegado a extremos nicaragüenses. Lo más grueso, aunque cómodo, fue el sabotaje petrolero de diciembre de 2002. Tal vez sea una clase haragana también en ese sentido, que ha tenido pereza de hacer servicio militar para copar la alta oficialidad, como en otros países latinoamericanos. Ojalá, pero habrá que estar preparados, pues pudieran no ser ellos solos quienes ejerzan esas acciones, sino apoyados por paramilitares o por algún servicio secreto de alguna potencia guerrera, como las que respaldaron el golpe de 2002. En guerra nada puede descartarse y desde su fragorosa derrota en el referendo del 15 de agosto de 2004 esta gente está declarada en guerra contra el universo mundo.

Pero por aislada que esté internacionalmente, sigue siendo peligrosa. Por cierto, ¿no era Chávez el que estaba aislado internacionalmente? No sabemos cuál será la decisión de la dirigencia opositora para las elecciones regionales. En su torpeza se ha metido en tremendo dilema, porque no puede ir a esas elecciones sin reconocer al mismo Consejo Nacional Electoral que ha llamado a desconocer. Si va, no puede seguir hablando de fraude. Si sigue vociferando fraude no puede ir a las regionales sin hacer el ridículo, aunque eso es cosa que obviamente no le importa ni a la dirigencia ni a muchos de sus seguidores. Igual hicieron cuando el CNE llamó a reparar las firmas de solicitud de referendo.

El ¿máximo? líder opositor Enrique Mendoza llamó a desconocer el CNE y al día siguiente estaba inscribiendo en él su candidatura para su reelección como gobernador del Estado Miranda. ¿Van a dejar todo el poder en manos de Chávez? Muy probablemente tendremos regionales con candidatos que, como siempre, solo reconocerán los resultados si ganan. Dejar perder las únicas alcaldías estratégicas que tienen más o menos seguras (Baruta, Chacao y El Hatillo) sería despedirse de la política. Y luego de este descalabro del referendo, tienen en peligro las gobernaciones de los estratégicos estados Anzoátegui, Carabobo, Miranda, Yaracuy y Zulia. Sí, ya sé, volverán a gritar fraude.

No sería extraño entonces que algunos de ellos se embarcasen en el terrorismo puro y simple, que también tienen perdido porque si dentro de la legalidad han demostrado una imbecilidad rayana en la locura, en el terrorismo veremos acciones criminales, ilimitadas, probablemente peores que las del sabotaje petrolero de diciembre de 2002, pero con nuevas marcas mundiales y mortales de soberbia e incompetencia.

 
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