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«Mientras el equipo negociador peruano difundió la versión de que sus pares de Estados Unidos tendrían intenciones de flexibilizar su posición en el tema de propiedad intelectual, fue conocido ayer el documento confidencial con fecha del 25 de octubre entregado a los andinos a través del cual EEUU ratifica todos sus pedidos iniciales. Es decir, endureció su posición frente a los andinos», así dice en su informe de hoy Marienella Ortiz enviada especial de La República a Guayaquil, ciudad sede de la ronda de negociaciones del TLC entre Estados Unidos, Perú, Colombia y Ecuador.

Tanto el ministro del TLC e Intereses Foráneos -oficialmente de Turismo y Comercio- Alfredo Ferrero, como su jefe de «negociadores» Pablo de la Flor, dijeron que Estados Unidos flexibilizaba su postura y que se había registrado avances favorables a la posición nacional. Para un vocero colombiano la actitud peruana es de «manipulación de la información». ¡Gravísimo cargo!

Entonces, aquí hay un hecho de grotesca presencia y urgente definición aclaratoria: ¿qué está ocurriendo en realidad en estas reuniones? ¿Y por causa de qué el triunfalismo peruano no se condice, para nada, con las actitudes que están asumiendo los otros dos países? ¿Qué gato por liebre están tratando de contrabandear Ferrero y de la Flor como para que así lo sospeche el resto?

El TLC no es otra cosa que dignidad por dinero. Por tanto, la angurria de Ferrero y sus adláteres por firmar a como dé lugar el TLC con Estados Unidos demanda una explicación urgentísima. Más aún cuando Ecuador y Colombia han hecho causa aparte, más de una vez, por la posición claudicante de Perú con Estados Unidos.

Cualquier negociación parte de qué tenemos y qué nos beneficia en conjunto y entrambos. Si concedemos todo, no negociamos nada. Si regalamos sin aspaviento de pelea siquiera -como ocurre con los payasos que se llaman negociadores peruanos- no hay que ser brujos para pronosticar una repugnante bajada de cabeza y -¡otra más!- traición al pueblo peruano.

Me solivianta que el Congreso acepte el secretismo que reviste la misión del «equipo negociador». El Parlamento no se mete, es más, el ministro del TLC ha presionado porque nadie meta las narices en su “negociación”. Acaban de separar a un peruano del conjunto profesional y se le ha hostilizado sólo por circular un folleto referido a las medicinas y sus patentes. Ciertamente, ¡cómo no podía ser de otro modo!, la defensa del peruano por parte de los peruanos, ha sido débil, como para cumplir, como para que se diga que se dijo algo. ¡Verguenza!

El TLC necesita de un referéndum y hay que investigar a todos los que están involucrados en el convite. Mejor prevenir que lamentar otro entreguismo más de ciertos funcionarios públicos, traidores contumaces a la patria.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!