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En segundo, la supervivencia de la revolución cubana desmiente la idea de que los países caribeños o latinoamericanos ubicados en las cercanías de Estados Unidos deben plegarse a los dictados de Washington. En tercero, Cuba demuestra que el imperio estadounidense no es invencible: la isla ha derrotado casi todas las principales acciones militares, políticas y diplomáticas.

En el terreno diplomático, Cuba es reconocida por casi todos los países del mundo y recibe el apoyo de más de 150 de ellos en la ONU (contra tres de EU) en su oposición al embargo estadounidense. En lo económico, mantiene relaciones de comercio e inversión con todas las principales naciones europeas, asiáticas, africanas, latinoamericanas y norteamericanas (excepto EU). En lo militar, las fuerzas armadas y las agencias de inteligencia cubanas han derrotado todo ataque terrorista patrocinado por EU en la isla durante el medio siglo pasado, además de elevar el costo político de cualquier invasión potencial.

En respuesta a medio siglo de fracasos, el gobierno de Bush ha incrementado su agresión, al eliminar prácticamente todos los viajes de ciudadanos de su país a la isla, bloquear casi todas las remesas familiares y endurecer las restricciones al comercio de alimentos y medicinas. Si bien estas severas medidas han tenido algunos efectos negativos en Cuba, también han provocado oposición entre algunos sectores conservadores del público estadounidense.

Muchos exiliados cubanos que normalmente apoyan a Bush se han quejado porque no pueden brindar ayuda económica a familiares ancianos. Los intereses agrícolas (de 38 estados) que antes respaldaban a Bush están furiosos por las nuevas restricciones al comercio. Enemigos liberales y conservadores de la revolución cubana que tienen esperanzas de subvertirla mediante la penetración cultural e ideológica están molestos por las restricciones en materia de viajes y cultura.

En otras palabras, mientras más duras y extremas son las medidas adoptadas por el gobierno de Bush contra Cuba, mayor es el aislamiento de Washington. Esto ocurre tanto en el ámbito externo como en el interno. Examinemos varios casos ilustrativos.

Estados Unidos explotó el encarcelamiento de más de 70 propagandistas a su servicio, etiquetándolos como “disidentes políticos”, y logró el respaldo inicial de la Unión Europea. Un año después, la unión había roto con Washington y renovado y expandido sus vínculos culturales y económicos con Cuba.

Mientras EU estrecha su embargo comercial, los nexos comerciales y de inversión de Cuba con China y el resto de Asia, Venezuela y el resto de América Latina, Canadá y Europa se han profundizado y expandido. Las restricciones estadounidenses a las remesas familiares se han visto debilitadas por residentes cubanos que hacen sus envíos a través de terceros países (México, Canadá, Dominicana, etcétera). El turismo canadiense, europeo, latinoamericano y asiático ha sobrepasado los 2 millones de visitantes por año a la isla, y nuevos flujos de inversión han compensado la mayor parte de las pérdidas debidas a las restricciones sobre remesas.

Por último, los intentos de Washington por limitar el acceso cubano a fuentes de energía después de la caída de la Unión Soviética han sido derrotados por los acuerdos comerciales y de inversión de largo alcance con el gobierno venezolano del presidente Hugo Chávez. El régimen chavista proporciona a Cuba petróleo a precios subsidiados a cambio del vasto programa de salud y educación que Cuba ofrece a los pobres de Venezuela. Los lazos políticos y económicos entre ambos países han minado los esfuerzos de EU por obligar a países caribeños y latinoamericanos a romper con la isla. A la vista del fracaso de las políticas del pasado y del presente destinadas a atacar directamente a Cuba, el gobierno de Bush se ha dedicado a intentar destruir la alianza estratégica cubana con el régimen de Chávez.

Enfoque de dos pasos

La estrategia de Washington para destruir la revolución cubana sigue cada vez más un enfoque de dos pasos: primero derrocar al gobierno de Chávez en Venezuela, cortar el suministro de energía y los vínculos comerciales, y luego proceder al estrangulamiento económico y el ataque militar. Esta estrategia comprende la elaboración de un plan de acción calibrado para derrocar al gobierno de Chávez.

Los esfuerzos antichavistas de Washington, hasta el momento, han desembocado en severas derrotas. En su mayor parte se han basado en un enfoque “interno”, utilizando a la clase dominante doméstica, a sectores del ejército y a la corrupta burocracia sindical. Estos instrumentos locales no sólo han sido derrotados, sino han quedado severamente debilitados para uso futuro.

El apoyo estadounidense al fallido golpe militar produjo la pérdida de varios cientos de oficiales contrarrevolucionarios que fueron obligados a darse de baja, y en el caso de la huelga de la elite petrolera condujo a la expulsión de miles de funcionarios petroleros aliados del país del norte. El resultado de estas políticas fracasadas ha sido volver la atención de Washington hacia una estrategia “externa”, cuya clave es incrementar la intervención militar, en asociación con el régimen terrorista de Uribe en Colombia.

La estrategia estadounidense contra Cuba comprende un ataque conjunto EU-Colombia a Venezuela con apoyo de terroristas internos y de la clase dominante interna. Este ataque indirecto a Cuba requiere de complejos preparativos externos en cooperación con Bogotá. En primer lugar, Washington y Uribe han fortalecido en gran escala las bases militares que rodean la frontera venezolana. En segundo, se realizan con frecuencia “incursiones militares de prueba” con participación de fuerzas militares y paramilitares colombianas, para probar las defensas venezolanas. En 2004 se dio muerte a seis soldados venezolanos, se compró a oficiales venezolanos para que secuestraran a un líder de la resistencia colombiana y se llevaron a cabo numerosos ataques transfronterizos para asesinar y secuestrar refugiados colombianos en Venezuela.

En tercer lugar, EU ha proporcionado casi 3 mil millones de dólares en ayuda militar a Colombia, triplicado el tamaño de sus fuerzas armadas (a más de 275 mil efectivos), incrementado en gran medida sus unidades de combate aéreo (helicópteros, bombarderos), y suministrado tecnología militar avanzada y varios miles de especialistas militares oficiales y “contratados”. En cuarto, ha reclutado al régimen de Gutiérrez en Ecuador, invadido Haití, instalado bases militares en Perú y Dominicana y emprendido maniobras navales frente a las costas de Venezuela en preparación de un ataque militar.

En quinto lugar, Colombia (bajo tutela estadounidense) firmó el 18 de diciembre de 2004 un acuerdo conjunto de cooperación en inteligencia militar con el Ministerio de Defensa venezolano, el cual proveerá a Washington de “información interna” y servirá de posible fuente de infiltración de las fuerzas armadas venezolanas para contrarrestar a los oficiales pro cubanos.

Estrategia triangular

Estados Unidos confía en una “estrategia triangular” para derrocar al régimen chavista: invasión militar desde Colombia, intervención estadounidense (ataques por aire y tierra, además de operaciones de fuerzas especiales para asesinar funcionarios clave) y levantamiento interno por terroristas infiltrados y militares traidores, apoyado por importantes medios de comunicación y por las elites petroleras y financieras. La estrategia comprende adueñarse del poder, expulsar las misiones cubanas de ayuda y romper todos los acuerdos con Cuba.

Antes de esta estrategia militar concertada, Washington ha diseñado una campaña propagandística contra la alianza cubana-venezolana, contra los intentos venezolanos por rectificar el enorme déficit militar con Colombia mediante la compra de armas defensivas, y para levantar el espectro de la “subversión” venezolana de regímenes latinoamericanos.

La clave de esta política es evitar que Venezuela se una a Cuba como un régimen alternativo de bienestar social a los clientes neoliberales estadounidenses en la región. La agresión de EU crece en tanto se expande la reforma agraria, Venezuela se apresta a la autodefensa y Chávez diversifica nexos comerciales y de inversión. El poderoso apoyo cubano a los programas venezolanos de bienestar social ha consolidado el apoyo de masas al régimen chavista y es la base principal de defensa para la radicalización del proceso.

Como Venezuela enfrenta las amenazas de Washington, consolida sus vínculos con Cuba. El destino de los dos proyectos se entremezcló e integró en un solo proyecto antimperialista común, pese a las diferencias en sistemas sociales y composición política.

Fortalezas de la alianza venezolano-cubana

La estrategia “externa” de Washington hacia Venezuela y su enfoque de “dos pasos” hacia Cuba encara poderosas limitaciones.

Primero que nada, el régimen colombiano enfrenta una poderosa oposición interna: 20 mil veteranos combatientes guerrilleros y millones de colombianos simpatizantes de la reforma agraria, la política exterior independiente y las libertades políticas del régimen de Chávez. Es muy peligroso para Uribe comenzar una “guerra en dos frentes” que podría abrir el camino a ataques a las principales ciudades, inclusive Santa Fe de Bogotá.

En segundo lugar, Estados Unidos está entrampado en lo militar en Irak y los sionistas dan mayor prioridad a la guerra contra Irán y Siria que a Venezuela. La intervención estadounidense se limitaría a ataques aéreos y terrestres y a las fuerzas especiales.

En tercero, la agresión movilizaría a millones de venezolanos en una guerra de liberación nacional para defender su territorio: hogares, vecindarios, familias y amigos. Además, las guerras populares de liberación radicalizan a la población y con frecuencia conducen a la confiscación de propiedad contrarrevolucionaria burguesa. Una invasión fallida podría impulsar a Venezuela hacia una mayor socialización de su economía y la eliminación de la elite doméstica.

Cuarto, la economía estadounidense y las trasnacionales podrían perder una fuente confiable de petróleo en un mercado restringido y miles de millones de dólares en inversiones, lo cual debilitaría la posición de EU en el mercado energético global.

Quinto, es probable que una invasión conduzca a un pacto militar de defensa conjunta entre Venezuela y Cuba, que se opondría a la política estadounidense en el Caribe.

Sexto, es probable que una invasión provoque inquietud e inestabilidad generalizadas en toda América Latina, amenace a los clientes de Washington y socave los regímenes y políticas neoliberales.

Conclusión

Por todas estas razones, los intentos de Washington por aplicar la política externa de dos pasos hacia Venezuela y Cuba, aunque extremadamente peligrosos para las dos naciones, pueden tener un efecto bumerán, al desencadenar una nueva ola de luchas revolucionarias antimperialistas en toda la región.

Hasta ahora el incremento de la agresión diplomática y económica estadounidense hacia Cuba ha conducido a un mayor aislamiento de Estados Unidos en Europa y en todo el tercer mundo. Una intensificación de la agresión militar a Venezuela como parte de la “estrategia de dos pasos” contra Cuba puede tener consecuencias aún más graves: la expansión de la poderosa lucha revolucionaria en Colombia y en el resto de América Latina.