Red Voltaire
Frente al cinismo de la ciencia social

Las demandas del nuevo proyecto histórico bolivariano y mundial

Para nadie es un secreto que la ciencia occidental nació como consecuencia del avance del objetivismo científico sobre los presupuestos teológicos presentes en la Edad Media y en el llamado "renacimiento" de las doctrinas de los sabios griegos: Platón, Aristóteles, Heródoto, etc. conjuntamente con la expansión de los imperios: español, inglés, portugués y holandés sobre las mal llamadas "Indias Occidentales". Circunstancia determinante para la configuración de lo que llamaremos el primer bosquejo civilizatorio de la globalización.

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...Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, Libertad que se inventa y me inventa cada día...

Octavio Paz

Haciendo la salvedad de que la llamada "Cultura Occidental" y con esto la consolidación de la Ciencia, nace precisamente como resultado directo de la ambición político-económica del hombre en las diversas regiones en las cuales se encontraba hacia finales de 1400, no será solamente la continuidad del saber griego, sino su conjugación permanente entre Europa y Oriente Medio, Oriente y el Norte de Asia, Asia y Oceanía, Europa y las "Indias Occidentales" y entre éstas y el continente africano.

Las diversas objetividades que fueron estableciéndose en el proceso de observación del universo y del hombre mismo, produjeron nuevos conocimientos, muchos de los cuales por su pertenencia a una región colonial, por ejemplo, los de los pobladores originarios de la selva tropical, no serán legitimados por el "progreso tecno-económico".

Será en tiempos muy recientes, cuando a través de la práctica de la biopiratería, las industrias farmacéuticas especialmente comenzarán a saquear dicho conocimiento a los pueblos que cierta tendencia naturalista de la antropología, intentó preservar como "zoológico humano", conjuntamente con el "Patrimonio Ecológico Mundial" que instituciones como la Unesco, la WWF, entre muchas otras, han intentado "Rescatar". Sin embargo, las sedes principales de estas instituciones reside en los países violatorios de los acuerdos y tratados en dicha materia.

Con la llegada de Colón, se demostró la redondez de la tierra, posteriormente Galileo triunfa con sus observaciones hacia 1610 (las manchas de la luna, las manchas del sol, los cuatro satélites de Júpiter); en contra de los religiosos: la tierra no era el centro del universo.

A pesar de estos y otros acontecimientos, se darán grandes avances para unos y desgracias para otros, pues siguió existiendo el oscurantismo: había que justificar que los nuevos seres encontrados en el Nuevo Mundo eran parte del paraíso mítico del que el Antiguo y Nuevo Testamento hablaban hace más de 1500 años, siendo Bartolomé de las Casas un fervoroso defensor de esta doctrina.

El afán de apoderarse de los metales preciosos fue en detrimento de dicho paraíso. La situación se convirtió en la primera gran hecatombe mundial, con ningún grado de comparación, con las dos Guerras Mundiales, el mundo fue progresivamente moldeado cultural y geopolíticamente por las diferentes condiciones geográficas de las rutas que los imperios en cuestión fueron colonizando.

Es aquí cuando damos el gran salto histórico, donde se verá para inicios del siglo XX, el triunfante evolucionismo darwiniano con sus vertientes biológica y social, lo cual justificaba la supremacía de la raza humana. Sí, en términos de raza se sostenía la supremacía biológica y mental, esto es cognitiva-social del ser humano occidental sobre la tierra. Término que aunque está prácticamente desmontado del discurso bioantropológico contemporáneo, se sigue usando en algunos círculos académicos.

La supremacía establecida por los centros de poder geopolítico será del hombre Europeo, Asiático y Norteamericano. Los suramericanos y africanos principalmente, tan sólo son el gran contingente humano que soporta la continuidad del proceso colonialista, el cual será llamado muy tardíamente por numerosos investigadores como "las neocolonias", lo que luego con una no muy refinada distinción se cataloga como la diferencia Norte-Sur, o distinción Centro-Periferia.

El evolucionismo científico, se inicia entonces, como apéndice de la ciencia biológica e igualmente el tecnicismo de la emergente fisiología, se especializa en psiquiatría, como subdisciplina de la medicina. Los estudios norteamericanos concretizan la idea de la adaptación orgánica del sujeto social al sistema capitalista (neocolonialista), el mismo que estalla en la crisis de 1929.

La Gran Depresión aflora en Estados Unidos, desatadas las Guerras Mundiales, el sujeto cultural que ya contaba con centros de investigación social en el que resalta el círculo de Chicago, se enfrenta a un sujeto estresado. El cientificismo social alemán y soviético, más allá del siglo que va desde 1850 a 1950, advierte la importancia de la historia en la configuración de la personalidad del sujeto y por ende, su relevancia para analizar la sociedad. Serán estas y otras advertencias, las que permitieron una militancia política de los trabajadores, perfeccionándose la idea de los sindicatos y demás formas de participación ciudadana, en pos del respeto de los Derechos y Deberes del Hombre, que se proclamasen en Francia casi 200 años antes.

Por su parte, el científico social latinoamericano de 1960 en adelante, esboza intentos de participación activa en la lucha contra el expansionismo yankee, a través de las dictaduras abruptamente impuestas por complicidades con la élite conservadora neocolonial de dichos países.

Surge así, hacia finales de los 60 una ciencia social más protagónica esto quiere decir que se hace efectivo el replanteamiento de los paradigmas tradicionales, lo que da paso, al "paradigma emergente". El cual se hace altamente productivo en Latinoamérica, para el caso de la psicología comunitaria al considerar la importancia del análisis histórico en el abordaje de las patologías subjetivas. Lo que apunta no sólo a la comprensión global del individuo que vive en sociedad, sino a la transformación de la misma desde el actor psicosocial.

La sociología francesa, había adoptado muy bien la idea del sistema social como un todo orgánico autorregulado, con esto se podía entender la sociedad con una funcionalidad que permite al hombre adaptarse gracias al funcionamiento de las sociedades, resaltarán el funcionalismo francés de Mauss y Durkheim, luego refinado con teorizaciones inglesas, de la que el legado de Parson es un ejemplo..

En la Antropología, Malinoswki pone de relieve el método etnográfico con su obra: Los Argonautas del Pacífico Occidental, y recientemente la obra de Geertz: La Interpretación de las Culturas, lo cristaliza adoptando algunos postulados parsonianos a su inclinación teórica, entre muchos otros estudiosos. En el intermedio de estos legados, no podemos olvidar al funcional-estructuralista Radcliffe-Brown, antropólogo inglés que llega a plantear incluso una "fisiología de la sociedad", por la impronta interinstitucional que la misma posee para regular la acción social de los actores que pertenecen a ella.

En el tiempo que va entre la obra de Geertz y de Malinoswki, bien puede decirse que los estudios descriptivos de los mal llamados pueblos primitivos, siguiendo el romanticismo Rousseaniano, se consolida con La Muestra Etnográfica Mundial de George Peter Murdock. El antecedente lo tenemos en otra obra de Murdock: Social Structure.

El citado análisis de mediados del siglo XX, recoge un total de más 600 muestras mundiales de culturas diferentes, (con una intención colonial quizás un poco diferente a la actual base de Datos Biozulua, realizada en Venezuela por “científicos” y difundida por la Internet sin consentimiento de los indígenas venezolanos). Tanto para la antropología como para la psicología, el legado sociológico de Luckman y G.H. Mead, serán decisivos. Ambos plantean con sus respectivas convergencias y desavenencias, el interaccionismo simbólico como un hecho indudable: el ser humano interactúa con otros seres humanos gracias al uso de diversos códigos y se define a sí mismo partiendo de dicha relación. Legado que ya de alguna manera se ve en la lingüística Sausseareana.

Este paso se da en la ciencia antropológica, en lo ateniente a la comprensión del sistema social gracias a la labor de Radcliffe Brown, para quien la comprensión del sistema social funcionalmente no puede estar desligada de la noción de estructura. Cuestión que es redefinida por el llamado padre del estructuralismo el francés, Claudi Levi-Strauss: La cultura funciona en gran parte mediada por la función cognitiva de los actores involucrados, en este sentido el mito es un gran estructurador de la realidad, legitimado como historia, ordena la estructura cognitiva social de la conducta de los individuos. Con lo cual, el Inconsciente Jungniano y Freudiano se harán imprescindibles también para la antropología y la sociología.

En lo ateniente a la Lingüística su correspondencia para el emergente interaccionismo simbólico se ve en Hockett, Sapir y el ya citado Sausseare. Existe además, una estrecha vinculación entre la herencia genética y los convencionalismos sociales del acto comunicativo en sí mismo. Lo que más aun establece el vínculo entre esta disciplina, las ciencias sociales y la biología. Ahora bien, la única advertencia de que el sujeto social puede presentar anomalías cognitivo-sociales, que ya vislumbraba Durkheim: sociedad anómala/sociedad sana, cuyo sentido escatológico permite tal regulación (las representaciones sociales de Moscovici), lo vemos en Devereux y Laplantine, desde la etnopsiquiatría y etnopsicología, disciplinas éstas que advierten la capacidad que puede poseer un individuo para autorregularse cultural/cognitivamente a partir de los propios dispositivos que la cultura a la cual pertenece, posee.

Lo que no advierten estos científicos, es que el origen último de estas anomalías se debe a una realidad innegable: el neocolonialismo. Entendido como origen de la fricción entre una cultura que domina y una que es dominada, el caso concreto es la alienación, no sólo producto del sistema capitalista con sus inmanentes plusvalías económicas e ideológicas, legado que se lo debemos al gran maestro Marx, y que da origen a variadísimos movimientos ecológicos, de género, etc, sino cuando ese mismo sistema capitalista aflora más allá de las fronteras étnicas occidentales: en las mal llamadas "tierras del buen salvaje".

En los pueblos ancestrales originarios de las tierras colonizadas: los indígenas dan origen a la Indianidad, esto es el asumir los valores culturales ancestrales articulados con el sistema colonial para su oportuna liberación. Por su parte, la antropología, es cierto, tiene una amplísima tradición colonial, surge para adaptar a los pueblos no occidentales a la hegemonía colonialista. Como destacan Orobitg y Larrea, "Durante la Segunda Guerra Mundial la "antropología intervencionista" se caracterizó por realizar investigaciones en países en los que los Estados Unidos tenían intereses militares, políticos y económicos. Después de la Segunda Guerra Mundial, el departamento de defensa financió varios proyectos de investigación social en universidades americanas para que realizaran estudios en América Latina, principalmente en Colombia (Proyecto Simpático), Argentina (Proyecto Marginalidad), Chile (Proyecto Camelot), así como en Thailandia (Proyecto Agile), con el objetivo de prevenir la revolución social y mantener la hegemonía capitalista" (2002: 6).

Sin embargo, un poco más de la segunda mitad del siglo XX, la antropología exclusivamente francesa, comienza a ser un arma útil para la "liberación" de las colonias francesas y luego inglesas en África. La adaptación de este proceso se da en Latinoamérica, un poco más de una década después de la aplicación de las respectivas reformas agrarias en cada uno de los países que conforman lo que me permito llamar "la Patria Grande".

Es con la crisis del modelo desarrollista implementado por el Banco Interamericano de Desarrollo, el Instituto Indigenista Interamericano, y el Fondo Monetario Internacional, principalmente, cuando los pueblos indígenas, comienzan a crear organizaciones de base, y ayudados por unos pocos antropólogos y otros científicos sociales, encuentran en la fundación de dichas organizaciones una oportunidad para hacer valer sus derechos.

Este proceso se da con mayor celeridad en países como Colombia, Venezuela, México, Perú, Bolivia y Ecuador (Grupo A) principalmente, ante países como Brasil, Argentina, Chile y Uruguay (Grupo B). Para el caso de este último, el reconocido escritor Eduardo Galeano expresa que:

"La dictadura arrasó el sistema de enseñanza y en su lugar impuso un sistema de ignorancia. Mediante la sustitución brutal de profesores y programas, se pretendió domesticar a los estudiantes y obligarlos a aceptar la moral cuartelera (...) Se llegó al extremo de censurar la prensa proveniente de las dictaduras de Argentina y Brasil, vecinas y colegas, porque decía demasiado. Estaba prohibido nombrar la realidad, la presente y la pasada" (2002:109-110)

Sin olvidar que las dictaduras de los otros países que conforman el Grupo B, fueron bastante similares en tanto dirigidas por verdaderos dobermans falderos del terrorismo norteamericano, (como actualmente son ejemplos los gobiernos "democráticos" de Irak y Haití, que producen un gran escozor a la población); las reformas constitucionales y académicas en los países del llamado Grupo A, han llegado muy lentamente, en el cual resalta la Constitución Venezolana.

Por su parte, los países del llamado Grupo B, avanzan de manera abismal en el desarrollo de una articulación genuina entre programas de desarrollo y un academicismo en función de éste; siendo la tendencia derechista, la que legitima epistemológicamente la adaptación del sistema neocolonial a los procesos políticos en ellos ejecutados.

Sin embargo, como dijo Balandier:

"Los artesanos de las ciencias sociales se convierten, voluntaria o involuntariamente, en creadores de sentido; se ven incitados a prestar su contribución en la fabricación de las diferentes "visiones" del mundo actual" (1975:10).

Las circunstancias actuales están apuntando, no sólo a la necesaria consideración de los saberes cotidianos, más precisamente, de los pueblos ancestrales, sino del resurgimiento de ese sentido armónico de la convivencia con el medio ambiente natural y social, eso de lo que desgraciadamente muchos economistas se han olvidado (Capra, 1985): No hay nuevos destinos, sin nuevos saberes. Como diría Willian Arthur Ward: "the great teacher inspires", los intelectuales necesitamos inspirar la confianza de que el saber ciertamente asegurará el compromiso de lo humano, cuya modelación nace en las academias, al mismo tiempo que desde lo cotidiano.

Ésta última circunstancia permite ver que los intelectuales somos todos los que abogamos por un bienestar común, puesto que "crear conciencia crítica es el único camino para cambiar las relaciones sociales y políticas" (Chomsky, 1998:117), jamás habrá bienestar sin saber colectivo, el mismo debe existir en todos los lugares de la tierra, la que aun sigue ofreciendo innumerables recursos, los que deben ser estratégicamente explotados en la construcción del Nuevo Proyecto Histórico Bolivariano y Mundial: No hay existencia plena, sin saber para el bien comunitario.

¿A dónde van las palabras
que no se quedaron...
Acaso ruedan sobre los cristales
Cual gotas de lluvia que quieren pasar.
Acaso nunca vuelven a ser algo?

Silvio Rodríguez

Bibliografía citada:

Balandier G. 1975. Antropo-lógicas. Edit. Península, España. Capra F. 1985. El punto crucial. Ciencia, sociedad y cultura naciente. Edit. Integral. 1998. Noam Chomsky habla de América Latina y México. Edit Océano de México. México. Galeano E. 2002. La dictadura y después. La heridas secretas. Nueva Sociedad. Jul-Ago/Sept-Oct 2002. N° 180-181 Pp. 108-113. Orobitg C, G. y Larrea K., C 2002. Planteamientos para una ética intersubjetiva: El trabajo de campo, la aplicación de la antropología y la ética etnográfica. Antropologando Año 1 N° 6 Pp 4-30.

Benjamín Martínez

Antropólogo, Director de Antropologando, Revista Venezolana de Antropología Crítica, Profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

 
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