Tras haber visitado la semana pasada África del Sur, Mozambique y la República Democrática del Congo, parto hacia la Cumbre del G-8 convencido de que la transformación de ese continente es un problema vital para mi generación, tanto en Europa como en África.
En la aldea surafricana de Orange Farm, di a Ma Williams el teléfono que le permitirá entrar en contacto con todos sus colaboradores. Ella dirige un centro de ayuda pública que enseña a un millón de surafricanos a hacer que sus derechos tan duramente obtenidos se conviertan en realidad. Derechos tales como el acceso al agua, a la electricidad y a medicamentos contra el SIDA. Esta enfermedad mata allí aproximadamente seis personas por día.
Mi viaje por África me permitió aprender más sobre lo que Europa hace y puede hacer por el continente africano. Europa ya ha dado el ejemplo y aporta el 55% de la ayuda oficial al desarrollo. Es también el bloque más abierto a las exportaciones de los países en vía de desarrollo. En 2009 Europa habrá suprimido las cuotas y las tarifas sobre el conjunto de los productos provenientes de los países más pobres del planeta, con excepción de las armas. Pero Europa puede y debe hacer más. La Comisión Europea ha propuesto que Europa analice la posibilidad de redoblar su ayuda durante los próximos diez años y que dé una prioridad particular a África. También es necesario que la ayuda sea más eficaz. Me alegra saber que durante el Consejo Europeo celebrado recientemente, los líderes de Europa aprobaron las propuestas de la Comisión y se comprometieron a aumentar la ayuda al desarrollo a 20 mil millones de euros anuales desde ahora hasta el año 2010. Ese mensaje de paz fue silenciado por el ruido hecho en torno a la Constitución y al presupuesto europeos. Pero no debemos olvidarlo.
África es nuestra vecina del otro lado del Mediterráneo. El impulso de generosidad masiva provocado por el tsunami ha demostrado cuán solidarios son los europeos con ciertas regiones del mundo afectadas por alguna catástrofe. Pero los europeos no deben actuar en África únicamente para sentirse satisfechos consigo mismos. Su objetivo debe ser ayudar a los africanos. En África están ocurriendo cambios positivos, pero también hay malas noticias: guerras, hambrunas y enfermedades, violación de los Derechos Humanos que nadie, ya sea africano, asiático o europeo, debe aceptar. Los africanos deben desempeñar un papel activo, por ejemplo, mediante el procedimiento de examen mutuo lanzado por la Nepad (Nueva Alianza para el Desarrollo de África) y también mediante el desarrollo de la Unión Africana, cuya Cumbre saludo hoy.
Asimismo, cuando me reúna con el presidente Jacques Chirac y con los demás líderes del G-8 [1], me sentiré orgulloso de dirigir un mensaje europeo de esperanza, de determinación y de alianza. Los recursos no bastan por sí mismos para alcanzar este objetivo. Se requiere voluntad política, organización y la voluntad de todos. Es un claro desafío para la Europa ambiciosa y de espíritu abierto a la cual quiero pertenecer.

Fuente
International Herald Tribune (Francia)
El International Herald Tribune es una versión del New York Times adaptada para el público europeo. Trabaja directamente en asociación con Haaretz (Israel), Kathimerini (Grecia), Frankfurter Allgemeine Zeitung (Alemania), JoongAng Daily (Corea del Sur), Asahi Shimbun (Japón), The Daily Star (Líbano) y El País (España). Además, a través de su casa matriz, lo hace de manera indirecta con Le Monde (Francia).
Le Figaro (Francia)
Difusión: 350 000 ejemplares. Propiedad de la Socpresse (creada por Robert Hersant, hoy es propiedad del constructor de aviones Serge Dassault). Es el diario de referencia de la derecha francesa.

«L’Europa s’engage pour l’Afrique», por José Manuel Barroso, Le Figaro, 5 de julio de 2005.
«Europa must do more for its neighbor», International Herald Tribune, 6 de julio de 2005.

[1] En el artículo del International Herald Tribune sólo se menciona a los dirigentes del G-8.