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A menudo, las decisiones políticas aprobadas para ganar los votos de electores norteamericanos o británicos, contradicen los intereses de los iraquíes.

En esta relación ha sido sintomático el artículo del ministro iraquí de Asuntos Exteriores, Hoshyar Zebari, insertado el pasado 4 de mayo en The Washington Post. El título del escrito dirigido en primer lugar a los norteamericanos y británicos habla por sí sólo: "No nos abandonéis". La esencia del artículo consiste en que, pese a una situación complicada, en Iraq se operan cambios a mejor en todos los ámbitos: desde la seguridad hasta la economía. Según destaca el titular, dichos cambios pueden pasar imperceptibles para los que no viven en Iraq, sobre todo en el contexto de impactantes noticias de los atentados terroristas. A primera vista, parece que la guerra está perdida, pero la situación, aunque lentamente, va mejorando. Dada esta situación, la comunidad internacional no puede abandonar Iraq a su propia suerte, no puede permitir reducir a cero todos los logros. "Abandonar" significa, antes que nada, la retirada de las fuerzas multinacionales, aunque se trata asimismo de no privar a Iraq de la ayuda política y económica por parte de Occidente y los países colindantes.

Encontrándose uno fuera de Iraq, resulta difícil apreciar cuán acertado es el ministro de Exteriores al referirse a los logros de Iraq. Sólo pueden evaluarlos los iraquíes cuyos testimonios publicados en los medios de comunicación internacionales no son tan optimistas como las afirmaciones de Zebari. Al propio tiempo, también tiene razón el canciller, pues Iraq realmente necesita asistencia internacional. La retirada del contingente internacional debe conciliarse con los intereses de los iraquíes y los de la seguridad internacional en general, y no con la opinión de los electores británicos o norteamericanos y, menos aun, favorecer las ambiciones de unos u otros políticos.

Sin lugar a dudas, entre los iraquíes existen actitudes dispares respecto a la presencia de militares extranjeros en el territorio de su país. Sin lugar a dudas, la comunidad internacional está consciente de que tarde o temprano, el mandato de la fuerza internacional expirará. Pero ¿cómo actuar para que la retirada de esta fuerza no parezca una derrota y no conduzca al desenfreno del terrorismo en Iraq?

Sobre este tema se sostienen controversias más acaloradas. También ha sido objeto de discusión en la conferencia internacional en Sharm El Sheij, celebrada por los ministros de Exteriores de los países lindantes con Iraq. Asistieron a la misma también representantes de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y del G-8, así como de varias organizaciones regionales. A propósito sea dicho, la celebración de la conferencia coincidió cronológicamente con la publicación del artículo de Hoshyar Zebari en The Washington Post. El documento final de la Conferencia reza que la decisión sobre la retirada de las tropas extranjeras de Iraq debe seguir siendo de la incumbencia del Gobierno de este país, sin mencionar plazos concretos algunos. Pero el documento señala que el responsable por la seguridad de Iraq es el ejército iraquí. Justamente el cumplimiento de este requisito permitirá proceder a la retirada de la fuerza internacional cuya presencia en Iraq no puede ser infinita.

Tal definición es la única fórmula posible de compromiso. Lo explica de la mejor manera el discurso pronunciado por el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, en la Conferencia de Sharm El Sheij. Destaquemos que Moscú siempre planteaba la necesidad de limitar los plazos de permanencia de la fuerza internacional en Iraq, oponiéndose, al propio tiempo, a su presurosa retirada, especialmente si como punto de referencia se tomaba la coyuntura política en uno u otro país cuyas tropas formaban parte de la fuerza multinacional.

El canciller ruso subrayó que "en la tesitura actual, la presencia de las tropas de coalición en Iraq es un factor estabilizador que previene una guerra intestina de amplia envergadura. Su retirada presurosa y mal preparada acarrearía consecuencias negativas". Al propio tiempo, Lavrov acotó que "la presencia militar extranjera en Iraq no puede ser infinita. Rusia, igual como muchos otros países, se manifiesta por diseñar un cronograma bien pensado de retirada de la fuerza multinacional de Iraq. El principal criterio a la hora de confeccionar tal calendario debe ser la disponibilidad real de los Cuerpos Armados de Iraq para mantener con eficacia el orden público".

O sea, no se trata de fijar fechas concretas, como lo exigen algunos políticos norteamericanos, sino de ajustar la retirada de las tropas a la realidad iraquí. Recordemos que los últimos cuatro años ofrecieron elocuentes testimonios de que los intentos de programar cronológicamente el proceso político a menudo se traducen en errores cuya rectificación a menudo se cobra vidas humanas.

Las evidencias apuntan a que el presidente de EEUU, George Bush, en determinada medida ha tomado en consideración la experiencia de los años pasados y ha aprendido algo de sus propios errores. Y hay que darle su merecido al mandatario norteamericano y reconocer que, pese a la amenaza de desprestigiar al Partido Republicano, está dispuesto a responsabilizarse de cuanto sucede en Iraq. ¿Qué factor será decisivo: las controversias políticas en EEUU o la situación real en Iraq?

¿Atenderá la oposición norteamericana al llamamiento de Hoshyar Zebari a no abandonar a Iraq?

Fuente
RIA Novosti (Rusia)

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI