Por qué es necesario analizar con mucha atención este libro, como ninguna otra obra con similar y hasta mejor investigación, como la escrita por el periodista uruguayo Kinto Lucas, denominada: “La guerra en casa: de Reyes a la base de Manta” y que no fue tan promocionada por los medios de comunicación privados? Primero, porque la obra de Lucas aporta, como otros libros, al análisis general de la intervención guerrerista de los Estados Unidos en el mundo, en este caso, aquella dirigida desde el gobierno colombiano con el Plan Colombia, y todas sus nefastas consecuencias para Ecuador; mientras que el libro escrito por Torres se remite simplemente a un reportaje coyuntural de los hechos ocurridos en Angostura, donde desaparecen otros actores de esta guerra (gobierno norteamericano, colombiano y grupos paramilitares), para dedicar 234 páginas a intentar justificar el trabajo de los organismos de inteligencia militar ecuatorianos y colombianos en la persecución a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Sobre todo a querer ‘esclarecer’ los supuestos lazos de funcionarios y ex funcionarios del actual gobierno ecuatoriano con la guerrilla colombiana. Pretensión que apareció a tres semanas de iniciarse el proceso electoral, y con información supuestamente fidedigna de inteligencia militar y policial. ¿Qué se puede pensar de un periodista que recibe esta información de una institución que el propio jefe del Estado ecuatoriano, Rafael Correa, ha dicho que más habría respondido a intereses extranjeros que del propio Estado ecuatoriano? Un libro que es oportuno analizar con la intención que ha sido escrito: una intención política y una intención periodística.

La imparcialidad: un ’camaleón político’ “Lamento que el tema pueda ser utilizado por la oposición con el objetivo de molestar al Gobierno. El objetivo es mostrar un proceso, mostrar contactos de la guerrilla con gente de los Gobiernos, y de diferentes niveles. Si el Gobierno no toma decisiones oportunas sobre la presencia de grupos armados se pueden seguir repitiendo casos como el que ocurrió en Santo Domingo de los Colorados, donde un grupo armado ejecutó a más de 20 campesinos”. Esas fueron las palabras de Arturo Torres en una nota publicada, el lunes 6 de abril, en la página Web de Ciudadanía Informada, respecto al contenido de su libro. ¿A qué se refiere cuando dice estas palabras?

En uno de los capítulos del libro (el último) denominado: “El reino de los armados en Bocana del Búa”, detalla, con declaraciones de habitantes de este sector, cómo se produjeron los asesinatos de varios campesinos. Sin embargo, refuerza estas opiniones con la información proporcionada por dos policías antinarcóticos (no específica sus nombres) para indicar que los posibles autores de estos crímenes eran guerrilleros de las FARC. Las supuestas fuentes le indican que: “un guerrillero de las FARC que es mi informante y vive en Santo Domingo, me confirmó que funciona un cristalizadero de pasta”. Además, Torres señala, con información proporcionada por inteligencia militar de Ecuador, que “por extraña coincidencia, la pista de Bocana conduce hasta la misma zona del bombardeo en Angostura. Después del ataque aéreo del 1 de marzo, los soldados ecuatorianos barrieron la zona buscando todo tipo de evidencias. En los restos encontraron un mapa que precisa las coordenadas de Bocana del Búa”. El autor termina ese capítulo presionando al gobierno: “a pesar de esa evidencia ninguna autoridad ha iniciado una investigación exhaustiva para identificar a las organizaciones delictivas que se muestran con libertad en el corazón del territorio”.

Estas declaraciones se realizan pese a indicar en el mismo libro que “Miguel Carvajal, cuando era viceministro de Defensa, dijo que no hay informes sobre la existencia de grupos armados en Santo Domingo, sino solo uno en Esmeraldas, que fue desbaratado por la fuerza pública”.

Desde lo político, este capítulo señala como posibles autores de esos asesinatos a las FARC, por consiguiente supuestamente es una muestra más de que ellos han penetrado en Ecuador y que no hay autoridad alguna que vigile. Al respecto, en una entrevista lograda por Jacques Gomes Filho a Raúl Reyes y publicada en la página electrónica Megazine, el jefe guerrillero señala que “las FARC no realizan ninguna acción militar fuera de su territorio. Tenemos una política de fronteras. Para nosotros, los países vecinos con los cuales compartimos fronteras son nuestros hermanos”. ¿Por qué no se publicó también parte de la entrevista realizada por Arturo Torres a Raúl Reyes donde se confirmarían estas declaraciones? Además, si de invasión se trata, por qué no se investigó sobre la incursión que habrían realizado aviones de las Fuerzas Armadas colombianas a espacio aéreo ecuatoriano en las fumigaciones a las mencionadas plantaciones de coca; al material bélico colombiano que impactó a territorio ecuatoriano y afectó a varios campesinos, a las declaraciones que realizó el Ministro de Defensa, Javier Ponce, a los medios de información respecto a que unas 20 personas fuertemente armadas, pertenecientes a la banda Águilas Negras, que tiene origen en grupos paramilitares, "se infiltraron por tierra hasta Borbón, a 40 kilómetros en línea de aire de la frontera norte con Colombia”. Y, sobre todo, sobre la posible participación de la CIA, junto a inteligencia colombiana y ecuatoriana en el ataque a Angostura.

Para justificar más el trabajo de inteligencia militar ecuatoriana, Arturo Torres, con menor contundencia explica en el capítulo I, con el título “El misterioso cuaderno de Tasé”, que el Ejército ecuatoriano encontró, en un campamento clandestino en Tasé, Puerto El Carmen, Sucumbíos, entre septiembre y octubre de 2006, un cuaderno que habría sido escrito por el segundo al mando de las FARC, Raúl Reyes, donde describe supuestos contactos con la Juventud Comunista del Ecuador (JCE) y las instrucciones de editar un libro sobre la situación política ecuatoriana al mando de una tercera persona. Sin embargo, en los capítulos II y III es más contundente contra el gobierno e insiste en publicar lo que los medios de información, con claros intereses de complotar contra el régimen, en su momento publicaron. Es decir, sobre la posible relación directa de funcionarios del actual gobierno con las FARC, especialmente con Nubia Calderón, la supuesta guerrillera que radicaba en Quito. Nombres que no son necesarios nuevamente publicarlos debido a que ninguna acusación ha sido comprobada y que sirvió para que la derecha ecuatoriana acuse al Gobierno, y lógicamente a la tendencia que impulsa el cambio, de la no comprobada narcopolítica. A ellos se suman dirigentes de la CONAIE que, según Torres y sus fuentes de información, permitieron el paso de jóvenes bolivianos a campamentos de las FARC. Se agrega que estos contactos se habrían desarrollado debido a que en Quito “el comandante subversivo (se refiere Raúl Reyes) estructuró un grupo de apoyos a todo nivel”.

El capítulo VIII publica los testimonios de familiares que sufren por la muerte de sus hijos, supuestamente en un enfrentamiento con las FARC. En uno de los testimonios, la madre de uno de los policías caídos, al enterarse de la muerte de su vástago, grita: ¡Prefiero que mi hijo esté muerto a que esté perdido en manos de los guerrilleros! ¿Cómo sabe ésta madre que eran guerrilleros y no podrían ser otras fuerzas de choque? El mismo libro indica que este enfrentamiento se realizó luego que las FARC, supuestamente actores del enfrentamiento armado, confirmaron que en las embarcaciones iban también agentes norteamericanos que encabezaban un operativo contra el narcotráfico, es decir, desde la visión del gobierno norteamericano y colombiano, una acción antiguerrillera. Una visión del Plan Colombia.

El resto de capítulos es copia de lo publicado en los medios de información después de los ataques en Angostura: Que Franklin Aisalla era doble agente y a quien Torres apoda como El Camaleón, que el Congreso Bolivariano realizado en Quito en días previos al ataque en Angostura estaba lleno de espías, etc.

Vuelve la inquietud inicial: si inteligencia militar tiene supuestamente información fidedigna de las FARC en Ecuador, resulta lógico que también deberían tener información de las actividades de grupos paramilitares, ejército colombiano y sus respectivos informantes en Ecuador. Está claro que con este libro se pretende golpear a la corriente del cambio en Ecuador, y justo a días del proceso electoral.

Desde el análisis periodístico, la supuesta imparcialidad de los medios queda por los suelos. La parcialidad con que fue reportado este libro, con ayuda de inteligencia militar policial ecuatoriana y hasta colombiana, fue apoyada por altos directivos y jefes de información de diario El Comercio, como así lo indica el propio autor en los agradecimientos. Respecto a confrontar las fuentes se le olvidó la versión de los guerrilleros de las FARC, pese a que Torres mantuvo, como indica en el libro, una entrevista con Raúl Reyes, pero que nunca la publica. ¿Qué investigación realizó el autor si la información fue proporcionada por inteligencia militar y policial? Algo que ni él mismo lo cree cuando confirmó, en una nota publicada en la Web de diario Hoy, que el libro se refiere a una supuesta red de contactos que las FARC mantienen en Ecuador, un tejido a diferentes niveles, pero que el mismo reportero admite que no ha logrado probar. ¿Un camaleón suelto en época de elecciones?