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Michael D. "Mike" Furlong, consejero de planificación estratégica en el Comando Conjunto de Operaciones de Guerra de la Información, utilizaba un presupuesto oficial para pagar contratistas encargados de identificar posibles blancos que debían ser asesinados por las Fuerzas Especiales estadounidenses.
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El general Stanley McChrystal, comandante de las tropas de ocupación de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán, está preocupado porque las Fuerzas Especiales son «responsables de gran cantidad de víctimas civiles y operan según sus propias reglas» [1].

Entre los episodios revelados últimamente se encuentra el que tuvo lugar en una localidad de la provincia de Paktia. Un batallón (no uniformado) de las Fuerzas Especiales irrumpió allí en medio de la noche en busca de dos presuntos talibanes. Los hombres de las Fuerzas Especiales no encontraron a las personas que buscaban, pero mataron al jefe de la policía local y a un magistrado. Tres mujeres jóvenes que trataron de prestar auxilio a las víctimas antes mencionadas también fueron asesinadas. Varios testigos contaron que encontraron a las tres mujeres atadas y amordazadas. Los cadáveres presentaban numerosos cortes hechos con cuchillos por todo el cuerpo.

Nada de eso es nuevo para el general McChrystal. Él mismo dirigió, de 2003 a 2008, el Comando Conjunto de Operaciones Especiales y, según el periodista Seymour Hersh (Premio Pulitzer), es el organizador de un «sector ejecutivo para asesinatos» vinculado al vicepresidente Cheney y particularmente activo en Irak y Afganistán [2].

Sin embargo, en el marco de sus nuevas funciones, el general McChrystal quiere imponer a las Fuerzas Especiales un control más estricto para «reducir la cantidad de víctimas civiles» y, por ende, el «sentimiento antiamericano», que va en aumento entre la población.

La cosa no es nada sencilla. Bajo el manto de las operaciones de guerra de carácter oficial, se está desarrollando en Afganistán una guerra secreta en la que la CIA desempeña un creciente papel. La agencia ha establecido una red de pequeñas bases desde donde operan grupos de agentes encargados de detectar a los jefes de los insurgentes y eliminarlos.

La información proviene a menudo de «contratistas independientes» al servicio de Pentágono y de diferentes agencias. Estos últimos elementos constituyen un verdadero ejército de las sombras, cuyo número se eleva a más de 100 000 personas especializadas en diferentes tareas.

Los primeros informes públicos sobre esas operaciones secretas aparecieron cuando el New York Times [3] reportó el caso de Michael Furlong, quien actualmente ocupa un puesto como empleado civil en el Pentágono. Furlong utilizó decenas de millones de dólares, oficialmente destinados a la búsqueda de información sobre ciertas zonas tribales, para conformar una red de contratistas cuya misión consiste en detectar «presuntos militantes» en la zona de la frontera con Pakistán y eliminarlos. Dicha misión fue confiada a dos agencias privadas: la International Media Ventures, que se compone de ex oficiales de las Fuerzas Especiales y se ocupa de «comunicación estratégica y campañas mediáticas» por encargo del Pentágono y de sus diferentes mandos; y la American International Security Corporation, que también se compone de ex militares y agentes secretos y se ocupa de «proporcionar seguridad» a gobiernos, agencias y empresas transnacionales.

No se sabe cuántos «presuntos militantes» han sido eliminados “gracias” a las informaciones de esas dos agencias ni el tipo de retribución que reciben estas (o sea si tienen un contrato global o si cobran por cada “caso”).

Tampoco se sabe si, como medio de aumentar sus ganancias, estas agencias han podido señalar a simples pastores como peligrosos miembros del talibán que deben ser eliminados por las Fuerzas Especiales estadounidenses o volados en pedazos, de manera más aséptica, por un misil disparado desde un avión sin piloto confortablemente teleguiado desde alguna base militar en Estados Unidos.

Notas:

[1] «U.S. Is Reining In Special Operations Forces in Afghanistan», por Richard Oppel y Rod Nordland, The New York Times, 16 de marzo de 2010.

[2] Declaración de Seymour Hersh durante una conferencia ofrecida en la universidad de Minnesota el 10 de marzo de 2009. Ver también: «’You can’t authorise murder’: Hersh», entrevista de Abbas Al Lawati concedida a Seymour Hersh, Gulf News, 12 de mayo de 2009.

[3] «Contractors Tied to Effort to Track and Kill Militants», por Dexter Filkins y Mark Mazzetti, The New York Times, 14 de marzo de 2010.

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la traducción al francés de Marie-Ange Patrizio.

Fuente: Il Manifesto (Italia).