por Guillermo Olivera Díaz; [email protected]

28-10-2010

1. Deviene casi natural, ley vital, que en el empinado ascenso adleriano el sentimiento de inferioridad de cada quien nos impela a ser más; un plus que se contraponga al minus, enrostrando una y mil dificultades en el camino, que a veces el estudio concienzudo confluye en el logro y otras no, pues existen seres humanos desinformados: sabios, celosos gratuitos, de equivocada autoridad, corruptos, con deleble orientación política o qué se yo, que te cierran el paso por razones que no son fáciles de identificar. Te tiran la piedra lacerante pero esconden la mano cobarde, tal como corresponde quizá a su real índole o a su circunstancia.

2. Me imagino que por ese inmenso cúmulo de factores causales y condicionantes, cuyos móviles o motivos de tanta especificidad siguen en la penumbra, o por no estar a la altura de su sabiduría, no llegué a ser lo que realmente pretendí; estoy aquí para contarlo, aunque mi narración no sea del agrado de ciertos protagonistas, cuyo nombre debe ser mencionado.

3. Mis desventuras para no ser Vocal de la Corte Suprema de Justicia del Perú. Fue el año 2002, me presenté al convocado Concurso de Méritos, junto a muchas decenas de postulantes, obteniendo 03 notas de examen aprobatorias:

a) en conocimientos de derecho en general; b) entrevista personal mediante un discurso de introito sobre proyectos de llegar a ser vocal supremo; y c) curriculum vitae u hoja de vida, donde estaban los diversos libros que había escrito y la cátedra universitaria que desempeñé casi toda mi vida, sin haber sido tachado por mis alumnos y colegas de todo jaez político e idiosincrasia.

Variados artículos del Reglamento de Concursos para la selección y nombramiento de jueces y fiscales supremos, señalan claramente que es menester cumplir 3 etapas:

a) Examen escrito, aprobado con 60 puntos mínimo; b) Calificación del currículum vitae, con puntaje aprobatorio de 65 ó más; y c) Nota de entrevista personal, que se promedia con las anteriores.

Empero, leyendo con cierta atención el resto de dicho Reglamento podemos concluir sin ambages que esas 3 etapas no son las únicas, por lo que se falta a la verdad tal vez sin quererlo. Aparte de ellas viene una Cuarta que puede ser letal para el postulante, como lo fue para mí, –¡a pesar que tenía tres (3) notas aprobatorias en tales 3 etapas!- cuando el Consejo Nacional de la Magistratura contaba con inefables consejeros. Esta Cuarta etapa se llama Votación nominal y está prevista expresamente en los Arts. 15º y 49º del acotado Reglamento. Dice la parte pertinente:

“Los Consejeros reunidos en Pleno, proceden al acto de votación nominal. Se nombra al postulante que obtiene el voto de no menos los dos tercios del número legal de sus miembros. La decisión de apartarse del cuadro de méritos es motivada y consta en el acta respectiva” (Art. 49º).

Por este numeral del citado Reglamento de nada valdría que algún postulante supere las 3 etapas con sendas notas aprobatorias, con promedio alto o altísimo, si en esa sibilina “votación nominal” se apartan 3 votantes del cuadro de méritos, es decir de las 3 notas aprobatorias obtenidas por el postulante, y más bien cumplen los dictados de su conciencia pura y de la otra. Si el que vota tiene facultades para apartarse de las notas, el examen escrito aprobado, el currículum vitae quizá brillante y la entrevista personal de brío y brillo intelectivo y moral se habrían convertido en un remedo de marca mayor.

¿Para qué entonces un asaz sacrificado y costoso Concurso de Méritos si éstos pueden rodar en el tacho del magín tenebroso del Consejero? Superar 3 etapas con notas aprobatorias y muy altas y luego morir en la votación de 3 consejeros hurdidos, ora por la consigna, ora por la maledicencia, es algo indigno con la llamada Magistratura.

Esa vez el veto tirano y oscurantista partió contra mí de la votación de los miembros del entonces Consejo Nacional de la Magistratura: de un apristón Caballero Cisneros, con quien siendo él fiscal provincial titular y yo juez penal de Lima tuvimos discrepancias conceptuales; de otro anodino y desconocido integrante de tal organismo, de apellido Chunga (hijo de mi profesor Chunga Lamonja); y de un ingeniero de profesión Lozada Stámbury, ex senador aprista, cuya vinculación política me hacen creíble su voto en contra, pues mi alejamiento de la defensa de Alan García se había hecho público mediante la profusa prensa nacional, por las razones harto conocidas. Había aprobado el examen pero no fui elegido vocal supremo. Nunca más intentaré el cargo.

4. Mi postulación a Decano del Colegio de Abogados de Lima.- Llegué a ser candidato por decisión personal; lo fui con otros competidores, no sé si propuestos por otros o por ellos mismos; lo que sí conozco es que fui el único que no regaló libros, almanaques, lapiceros y el semanario La Gaceta Jurídica como sí lo hizo el vencedor Walter Gutiérrez Camacho, quien, además, publicitaba su candidatura en la radio, televisión y periódicos, hasta con avisos pagados. Habrá que preguntarle a él cómo hacía para ser entrevistado y los otros no.

La mayoría de abogados no me favoreció con su voto y perdí la elección; jamás me atreví a cuestionar el resultado electoral; quedé democráticamente tranquilo, sin deseos de postular de nuevo, pues no pienso que el voto deba comprarse con regalos como artificio.

5. Larvado anhelo de no ser congresista del montón.- El año 1985 fui candidato al Congreso por mi departamento Cajamarca. La cifra repartidora para alcanzar la curul fue ligeramente superior a los 14,000 votos y el partido político “Siete de Junio” que me propuso superó los 13,000; estuve pues a punto de ser parlamentario, pues presidía la lista cajamarquina.

El presente año, pretendí remozar este viejo anhelo. Como primer y único acto, después de varios viajes a Cajamarca acompañando al líder de la agrupación, casi como anfitrión en mi distrito Catache, donde nací, y provincia Santa Cruz, propuse imprimir, a mi costo, un volante de propaganda que lleve mi nombre y apellidos y la frase “Al Congreso de la República”; yo mismo lo redacté y diseñe; empero, misteriosamente se me prohibió por teléfono desde Madrid, España, el desatino de autopostularme mediante el volante y por solo esa indigna prohibición tuve que renunciar a la agrupación “Tierra y Libertad” que lidera el ex sacerdote Marco Arana Zegarra.

No obstante él es cura católico, mi agnosticismo no contó para nada. Digresión: recuerdo que en un congreso partidario que tuvimos en Lima estuvo presente la nueva alcaldesa Susana Villarán; cuando se retiró se debatió la alianza con “Fuerza Social” que después se cristalizó. También estuvo la regidora Maritza Glave, con quien fuimos en campaña electoral a mi distrito y provincia, en tránsito a un congreso regional en Chota. Marco nos presidía; habrá tiempo para contarlo.

6. Contra los que odian postularse a sí mismos.- Sobre el origen profundo, feraz sin fementida y sincero de mi reprobada postulación, por decisión propia, al Decanato del Colegio de Abogados de Lima, tal como ser vocal supremo o frustrado congresista, he escrito lo que sigue. “10-10-2007: Carta del abogado que te propone ser tu decano CAL Distinguido colega: No voy a escudarme en el recurso manido y larvadamente protervo de hacerte creer que un grupo numeroso de abogados me ha propuesto llegar al Decanato del CAL por unos supuestos méritos sesquipedales, pues la idea primigenia partió de mi ser fieramente humano, tal como sucedió cuando fui juez penal titular de Lima y casi casi representante del CAL ante el Jurado Nacional de Elecciones cuando el Dr. GASTON SOTO VALLENAS me ganó escasamente: él obtuvo 3,028 y yo 2,922 votos, en el acto eleccionario del 14 de junio del año 2000. Más bien, son mis 37 años de ejercicio profesional de abogado litigante, que conoce por el haz y envés los trasiegos de nuestra raquítica justicia; mis 25 años de profesor universitario; mis múltiples estancias de post grado en las universidades de Roma, ITALIA y Cambridge, INGLATERRA (aquí fui Visiting Scholar); mi modesta pero significativa para mí experiencia como juez instructor y mi conocida autoría de libros del campo penal; amén de otros cometidos de profesión, los que me aconsejan que te proponga, sin tiquis miquis, me elijas reflexiva, libre y democráticamente tu Decano, cargo para el que es menester vocación de entrega al gremio, alto sentido de responsabilidad y acrisolada moral. La torcedura de éstas conducen al fiasco, tal como en la presente y pasada gestión del CAL. Además, no es necesario ser un sabio para ser Decano, tal como no lo han sido mis antecesoras. Para el mentado propósito juzgo pertinente hacerte llegar parcialmente mi currículum vitae vía epistolar. Así contarás con elementos de juicio para cogitar cabalmente y elegir. Por supuesto, que podrás añadir el fruto de tus propias indagaciones, preguntando sobre el periplo profesional de cada candidato en el excelso ejercicio de la abogacía; en mi caso, también en la docencia universitaria, en la judicatura y en las páginas de mis libros. Todo ello te servirá de telescopio para percibir la índole personal y profesional de cada quien. Me titulé de abogado en las aulas sanmarquinas el mes de Febrero de 1970, tras haber culminado los estudios de derecho en Diciembre de 1969, con cierta prisa como se advierte. En los 5 años que allí estudié ocupé el 1er. puesto en el orden de mérito con 17.25 de promedio en notas, lo cual me valió para ganar la beca “Mariano Ignacio Prado” que discierne la Facultad de Derecho y proseguir estudios de Criminología, durante un año, en la “Universitá degli studi di Roma”, ITALIA, donde conocí y capté de la savia de don BENIGNO DI TULLIO, entre otros, en sus clases que impartía en la cárcel de Rebibia. Tiempo después estuve en el “Institute of Criminology” de la Universidad de Cambridge, INGLATERRA, como Visiting Scholar por espacio de 4 años, adentrándome siempre en materia criminológica, jurídico penal y penitenciaria. Visité prisiones europeas con fines comparativos: Fleury-Mérogis y Fresnes en FRANCIA; Bellechasse y Witzwil en SUIZA; así como Grendon, Ashwel y Coldingley en INGLATERRA. Cumplí estos pasos de especialización gracias a que aprendí, hablé y escribí los idiomas inglés, francés e italiano, tan caros y necesarios al profesional moderno y competitivo. Apenas titularme de abogado fui contratado como Profesor de Criminología en la Escuela de Oficiales de la PIP donde enseñé desde abril 1970 hasta el año 1995. También durante 25 años profesé la misma materia criminológica, y al propio tiempo Derecho Penal y Penitenciario, en la Universidad Villarreal, adonde ingresé nombrado en 1971, previo concurso de méritos, y concluí en 1996 con la categoría de Profesor Principal. Esta docencia universitaria, que también cumplí en las universidades de San Marcos, Garcilaso y San Martín de Porres, por breve tiempo, posibilitó que venciera en concurso y fuera nombrado Juez Instructor Titular de Lima, cuya judicatura me brindó el material para escribir mi libro “El Proceso Penal Peruano-Mi experiencia judicial”, vendido inusitadamente edición, tras edición, hasta con reimpresiones, y que explica el modesto patrimonio acopiado –aparece en los Registros Públicos- al lado del a veces sonado ejercicio profesional en el campo penal. En este último paraje debo recordar que formulé, por el Congreso de la República, las denuncias constitucionales contra: el ex Ministro de Justicia ENRIQUE ELIAS LAROZA (Caso GUVARTE); 4 vocales supremos que absolvieron al narcotraficante de marca mayor PERCILES SÁNCHEZ PAREDES (Caso Perciles); y el sinuoso parlamentario ALBERTO KOURI BUMACHAR (Caso Kouri) en los sendos antejuicios que ruidosamente protagonizaron. Los cargos penales que diseñé e imputé como abogado solitario, sin concurso alguno, fueron objeto de aprobación por las Comisiones parlamentarias respectivas que asesoré y por el pleno del Congreso, cuyas reseñas pueden leerse en mis libros “El Caso Perciles-Antejuicio contra 4 vocales supremos”, Lima, 1989 y “El Caso Kouri-Montesinos-Fujimori”, Lima, 2000. Desde otra óptica, fui defensor del actual mandatario, ALAN GARCIA PEREZ en el juicio político seguido contra él el año 1992, a pesar que no soy aprista, ni siquiera apristón. Por ende, mi candidatura se sitúa en la vereda de enfrente; es de otro jaez. A la vez que te remito esta misiva para que conozcas algo de mi perfil personal y profesional, se me ocurre que es conveniente que leas la “Carta Abierta” que le dirigí a la actual Decana del CAL, días antes del Referéndum del 28 de setiembre último, que coadyuvó al éxito del NO a un supuesto “nuevo estatuto” en beneficio de sus proyectistas, es decir, de ella misma, tan anhelante a prima facie de extender su mandato en actitud reprobable. Asimismo, te pido que me concedas el privilegio de ser leído en la primera comunicación que remití a los colegas con motivo de mi postulación, en junio del año 2000, a representante del CAL ante el Jurado Nacional de Elecciones. Te reitero, obtuve aquí 2,922 votos; y el vencedor 3,028. Estuve muy cerca, pues, de la victoria que ahora espero alcanzar, por carecer de torcedura moral”.

7. Sigo pensando con absoluta sinceridad que no hay pecado alguno en postularse, de un modo honesto y consciente, al cargo que uno cree poder desempeñar. Lo reprobable es querer comprar la candidatura y que los gerifaltes que lideran los partidos la vendan para enriquecerse. De semejante modo no quiero llegar al desprestigiado parlamento gárrulo; menos aún, para recuperar la “inversión”, vendiendo al país vía leyes.