por Guillermo Olivera Díaz; [email protected]

19-11-2011

Dirijo esta misiva a un cuestionado ser humano, hecho trizas merecidamente por sinuoso, pidiéndole que renuncie al cargo de vicepresidente de la República. No debe seguir detentándolo ni perjudicando a su mentor, a quien lo escogió sin atisbo siquiera de concurso de méritos. Estos raleaban.

Ab initio, debo confesar que no conozco al desventurado personaje público, metido en un profundo dédalo jurídico penal reprochable; tampoco, a la opaca persona natural que responde al citado nombre y apellidos. Nunca me topé en mi camino con él. No albergo nada, entonces, ni a favor ni en contra.

Universitario soberbio y cierra filas.- Sus contertulios apenas me han informado que en la Facultad de Derecho garcilasina la arrogancia condimentada con pedantería eran su plato fuerte. Presumía de alcurnia, adinerado y hasta de su origen árabe, de apellido palestino, que él mismo alzaprimaba sin razón alguna, si consideramos la preeminencia de los judíos en el palenque histórico. Ningún peruano que apellide Huamán o Quispe podía codearse con él.

No he encontrado informante que le tribute aprecio, ni que le reconozca méritos intelectuales, pues disputaba, dicen, la cola del tercio inferior hasta 1996 en que se titula de abogado. Su tesis para ser bachiller en derecho: “Reformas necesarias al delito de asesinato en el Código Penal peruano”, que después lo hizo libro, no trae tesis que haya sido tomada en cuenta. Ojalá la lean para constatar su pobreza.

Abogado que aúpa, trepa y se desbarranca.- En el campo de la abogacía, durante 15 años, jamás le escuché defensa alguna, a excepción de la que afrontó en el proceso de extradición de Alberto Fujimori como integrante de la Procuraduría Ad Hoc Anticorrupción el año 2005. Sin embargo, mis indagaciones han resultado infructuosas para saber cómo llegó al famoso caso, si antes de él nunca escribió algo trascendente, tampoco enseñó derecho, ni defendió algo sonado. Siendo anodino logró treparse en un proceso penal, como el de un ex presidente, después de sólo ser asesor legal, el año 2004, en el modesto Departamento Jurídico del Rectorado de San Marcos. ¿Qué temas asesoró?.

Producto de tan raquítica y modesta experiencia profesional escribió en 2008 un libro: Atrapando al Fugitivo. Léanlo y podrán darse cuenta de que por la ausencia de cacumen ha sido atrapado tempranamente, en bien de la moral, de la decencia, al lado de gentes que desean que la “honestidad sea la diferencia”.

Es presumible que por estas solas razones Ollanta Humala, primero, y Nadine Heredia, después, lo hayan aceptado como su defensor y como pago de honorarios lo habrían metido en la lista congresal y en la plancha presidencial. Era, pues, un abogado que cobraba en especie, tal como otros sin nombre alguno.

Elegido congresista y vicepresidente de la República, con posibilidad de ser nuestro Presidente si acaso Ollanta Humala y Marisol Espinoza muriesen en un accidente inesperado, lo único que registrará la historia será su ilícita cena nocturna en Brujas de Cachiche, el 4 de octubre del 2011, con 3 generales de la policía, buscando el desalojo de los trabajadores que ocupan las instalaciones de la azucarera Andahuasi. Su obra maestra será este frustrado y vilipendiado desalojo, la suspensión del Congreso por 120 días, su desafuero y el escándalo mayúsculo que ha protagonizado.

Que el premonitorio libro Atrapando al Fugitivo (Fujimori) sea visto como reminiscencia de quien resultó atrapado en las tenebrosas redes de un ilícito penal de su propia hechura, marca Chehade.

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