por Guillermo Olivera Díaz*; [email protected]

10-2-2012

¡Seamos un mar de gente o un gran río humano, marchando por el agua de todos; contra el oro de un puñado de avivatos!

No faltemos a esta cita de honor, donde se defiende la dignidad del pueblo cajamarquino, esquilmado y siempre aherrojado por los empresarios mineros, cuya enraizada codicia no tiene tope al secar el agua por el oro desde hace 20 años.

En los socavones de los yacimientos cajamarquinos no queda ni siquiera la chalcopirita (oro de los tontos); donde era la laguna Yanacocha no existe ni una gota de agua, pues los visibles y tremendos tajos abiertos han convertido lo fértil en una inútil superficie lunar, aunque terrícola.

Esta minería irresponsable de los Benavides, en coyunda con extranjeros, debe ser proscrita por el poder del pueblo, si el actual gobierno hace oídos sordos como el de Alan García, ese que osaba indultar ilícitamente a Fujimori, al alimón con Ollanta.

Si uno ha confesado mientras el otro enmudece, ambos son penalmente responsables; también los dos apuestan por el oro de Yanacocha en vez del agua shilica (de Celendín).

¡Yo voto por el agua; el oro, ni me va ni me viene!

*Abogado, natural de Catache, Santa Cruz, Cajamarca.

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