por Guillermo Olivera Díaz; [email protected]

22-2-2012

En el ejercicio de la defensa abogadil hay nudos gordianos, de cierta incompatibilidad. Terminan a veces en disensos, como cuando abandoné la defensa de Alan García (1992) por incumplimiento del pago convenido.

Son el honorario acordable y el tiempo a emplear con sus riesgos que se trenzan y antagonizan hasta que uno vence al otro.

Considerando ambos me sustraigo desde hoy de la defensa y tomo mis vacaciones, en un lugar sin acceso a Internet personal, aunque siempre al volante de mi Subaru Forester que en la selva me decepcionó.

Los honorarios son importantes, pero también la seguridad y sosiego.

Igualmente, toman un descanso mis retadoras críticas, que sin difusión pierden su ser y su despliegue urbi et orbi.

La corrupción estará de plácemes cuando la anticorrupción dormita.

A muchos que se levantaron en peso al país los enfrenté sin pago detrás alguno, siendo testimonio mis 225 artículos que publica la Red Voltaire, gracias al concurso invalorable del prestigiado periodista Herbert Mujica Rojas.

Como juez penal de Lima nunca vendí su absolución al culpable.

Como catedrático universitario jamás negocié una nota con mis alumnos.

Denunciaré penalmente a nuestro presidente, Ollanta Humala Tasso si acaso indulta ilícitamente al pluricondenado Alberto Fujimori Fujimori.