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Caso Wolkswagen

Estados Unidos pone a prueba el poder del TTIP

El economista alemán Eberhard Hamer presenta en la publicación suiza Zeit Fragen una faceta raramente mencionada del «Escándalo VW», ampliamente publicitado desde septiembre de 2015, luego de la denuncia presentada contra el gigante automovilístico alemán por la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) estadounidense y la investigación abierta por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

| Zúrich (Suiza)
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El 17 de julio de 2015, el estadounidense Dan Mullaney, a nombre del Departamento de Comercio, y el español Ignacio García Bercero, negociador principal por la Comisión Europea, abren en Bruselas la 10ª ronda de negociaciones sobre el TTIP.

El vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha comparado con la OTAN eso que los estadounidenses y sus empresas transnacionales prefieren llamar «Acuerdo de Libre Comercio» (TTIP) [1].

Este acuerdo apunta a someter Europa al predominio económico de Estados Unidos y los intereses de ese país. Consta de una faceta interna y de otra externa:

• Hace mucho tiempo que la pandilla reunida en Bruselas alrededor de Jean-Claude Juncker se esfuerza por desmantelar los Estados-Naciones europeos y por acabar con el poder de sus Parlamentos como medio de garantizar el poder dominante de la Comisión Europea. Es por esa razón que el buró político de Bruselas negocia en secreto únicamente con Estados Unidos, excluyendo a los Estados-Naciones. Esto contradice la cláusula de subsidiaridad y de soberanía de la Unión Europea. Pero el programa principal de Juncker es la centralización, aplicada durante la crisis financiera y partiendo de la unión de la competencia económica, pasando por la unión de la responsabilidad, y posteriormente del endeudamiento, para llegar a la unión financiera.
Cuando la Unión Europea intervino recientemente en Polonia contra la destitución de agentes estadounidenses presentes en la radiodifusión nacional polaca, pudo comprobarse que Bruselas no tolera opiniones divergentes de parte de los gobiernos o de los Parlamentos, ni que se limite la influencia de Estados Unidos en Europa.

• Hacia el exterior, el TTIP sirve –en beneficio de la economía de Estados Unidos (y de la OTAN)– para intensificar la guerra económica contra Rusia (sanciones, guerra del petróleo, guerra de monedas). Según la doctrina Brzezinski, Estados Unidos sólo puede mantener su posición de potencia mundial si controla Europa, y no puede dominar Europa sin controlar Alemania. Pero tiene que controlar Alemania no sólo en el plano político –en el sentido de los atlantistas– sino también en el plano económico: la mayoría de las empresas del DAX se hallan bajo tutela estadounidense.
Ahora hay que fusionar todo eso, con el TTIP, en un espacio económico común euro-atlántico, contrario a Rusia.

La toma del poder económico y jurídico en Europa a través del TTIP se acompaña de ataques contra bastiones económicos, ante todo alemanes, que todavía no están bajo administración estadounidense. Y le ha llegado el turno a Volkswagen.

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La sede central de Volkswagen en Wolfsburgo, ciudad del Estado Federal de Baja Sajonia.

General Motors trató por dos veces de comprar el «gran pastel VW» con ayuda de créditos ilimitados provenientes de la Fed [2]. La primera vez, la familia Porsche se le adelantó. La segunda, General Motors fracasó con su denuncia contra el derecho de veto de la Baja Sajonia. En este momento, General Motors trata por tercera vez de provocar una depreciación de Volkswagen recurriendo a autoridades y abogados mandatados en Estados Unidos por esa gran transnacional estadounidense, siendo su objetivo comprar el gigante automovilístico alemán a precio de rebaja.

Si VW tratara de hacer lo mismo en Estados Unidos, el gobierno estadounidense intervendría de inmediato invocando el interés del país y la seguridad nacional. El verdadero «Escandalo VW» es que el gobierno alemán no defiende a Volkswagen y se siente más comprometido con Estados Unidos que con los 100 000 empleados de VW.

Si toleramos que Estados Unidos destruya Volkswagen para favorecer a sus competidores estadounidenses Ford y Opel (pertenecientes ambos a General Motors), Alemania perderá uno de los faros de su industria, cuya luz va mucho más allá de las fronteras alemanas. Comenzamos así a comprender lo que Estados Unidos hará contra las demás grandes empresas alemanas, utilizando para ello el derecho estadounidense impuesto en suelo alemán a través del TTIP.

No es por lo tanto sorprendente que un gobierno que se calla ante la destrucción de VW, se muestre tolerante –e incluso favorezca activamente– con la toma del poder de las transnacionales estadounidenses sobre la economía alemana [con el TTIP]. Los alemanes no tendrían ninguna posibilidad de aplicar en Estados Unidos una guerra destructiva, como la que Estados Unidos está librando contra Volkswagen, y ningún gobierno estadounidense, ni el Congreso de ese país, toleraría tal cosa.

Esto demuestra el verdadero valor de un acuerdo entre una potencia (Estados Unidos) y un impotente (la Unión Europea), acuerdo concluido entre un poder global y funcionarios que él mismo controla (la Comisión Europea). Además, los funcionarios de la organización patronal representan los intereses de las transnacionales en contra de la gran mayoría de sus miembros, que son empresas pequeñas y medianas (PME).

La naturaleza de la toma del poder económico en Europa por parte de Estados Unidos aparece perfectamente ilustrada en el itinerario y la agenda del presidente estadounidense Barack Obama, quien inaugurará con Angela Merkel la Feria de Hanover para «alinear la política y la economía con el TTIP».

Fuente
Zeit Fragen (Suiza)

[1] Las siglas TTIP, corresponden al nombre en inglés (Transatlantic Trade and Investment Partnership) de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, cuyas siglas en español son ATCI, también identificada en inglés como TAFTA (Transatlantic Free Trade Area). Nota de la Red Voltaire.

[2] La Fed o Federal Reserve System, comúnmente designada en español como “Reserva Federal”, es una entidad que funge como banco central de Estados Unidos. Contrariamente a la creencia generalizada, la “Reserva Federal” es propiedad de 12 “Regional Federal Reserve Banks” que figuran como accionistas de la Fed y que a su vez tienen como accionistas a los bancos comerciales (privados) situados en la zona geográfica donde opera cada uno de estos “Bancos Federales de Reserva Regionales”. Ello implica que, a pesar de que los 7 miembros de la Junta de Gobernadores de la Fed y su presidente son designados directamente por el presidente de Estados Unidos, los mayores bancos privados del sistema estadounidenses tienen de hecho voz y voto tanto en los “Bancos Federales de Reserva Regionales” como en la propia Fed. Nota de la Red Voltaire.

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