Eso es lo que ocurre con ciertos "orientadores" - de alguna manera hay que llamarlos - de la opinión pública norteamericana, y muy en especial de Miami que proclaman a toda voz que Estados Unidos debe lanzarse con todo su poder militar a una guerra total contra Irak para derrocar a Saddan Hussein.

El Presidente Bush anda desde hace rato por esos caminos de la guerra. Las condiciones que se presentaron a partir del acto terrorista del once de septiembre, con el respaldo internacional que se volcó a favor de Estados Unidos ante tan criminal y artero ataque, ha llenado de entusiasmo a los "Halcones" Republicanos que rodean al Presiente, muy en particular el vicepresidente Cheney que si por el fuera, ya hasta bombas atómicas estuviesen cayendo sobre Bagdad. Sadam Hussein no es santo de la devoción de nadie. Algo que quizás muy pocos sepan: Hasta el Partido Comunista de Irak está en franca y abierta oposición al Presidente Iraquí.

Sin embargo negar que tiene un gran apoyo de su pueblo, por razones muy nacionalistas, de raza y de creencias religiosas, es querer tapar el sol con un dedo. En el mundo musulmán si bien Hussein no cuenta con la simpatía de los países que le rodean, sin embargo ninguno de esos gobiernos- inclusive los mas amigos de los Estados Unidos en la región- está de acuerdo en que se desate una guerra contra Irak sin antes agotar seriamente todos los caminos de la diplomacia internacional. Los países de Europa occidental tampoco comparten la política guerrerista que sale de la Casa Blanca.

La situación de la economía mundial y en particular la de Estados Unidos atraviesa por un periodo de evidente recesión, que según los expertos puede prolongarse por el resto del tiempo de mandato del Presidente Bush. Sería totalmente inmoral que se haga una guerra donde van a morir muchos seres humanos - no se sabe cuantos- para salvar la economía. A menos que se le quiera dar la razón a los que siempre han dicho que el capitalismo cuando está en crisis, desata una guerra para salir del hoyo. En el Congreso norteamericano son muchas las voces - entre ellas de prominentes legisladores del Partido Republicano - las que ya se levantan para decir que una guerra contra Irak no es aconsejable, sobre todo cuando el mundo ya está mirando con sospecha la manifiesta voluntad del Presidente y del círculo que le rodea de llevar adelante lo que se ha dado en llamar "guerra preventiva", es decir, atacar por sorpresa a Irak. Nada de declaración de guerra ni consulta con el Congreso, ni con sus aliados tanto del mundo musulmán como de los países occidentales de Europa, ni mucho menos con las Naciones Unidas, que es como debe ser. Solo la voluntad presidencial es la que cuenta según el criterio cerrado a cal y canto del Presidente Bush.

Antecedente de una guerra sorpresiva solo hay una. El artero ataque japonés a la Base Naval norteamericana de Pearl Harbour en Hawai el 7 de diciembre de 1941, fecha que el entonces Presidente Franklin Delano Roosvelt califico como "El Día de la infamia".

¿Es esa guerra la que se quiere hacer por el Presidente Bush?

Claro que los que abogan por la guerra no van a ir a ella. La van a ver por televisión, "en vivo y a todo color". Para eso está en el aire la cadena CNN.

Si la guerra va será un disparate. Bien se ve que los que empujan no se dan golpes.