Un ladrón que a hurtadillas entra en una casa o negocio y a punta d pistola se lleva lo que puede, es de seguro afirmar que más tarde o más temprano irá a parar con sus huesos a la cárcel. Aquí, como en todas partes hay esa clase de "amigos de lo ajeno". Pero también hay otra clase de ladrones, los de "cuello duro" que son los que operan en el mundo de los negocios y los otros ladrones, que son los se roban el dinero de la cosa pública, es decir los políticos y funcionarios corruptos que desde el ejercicio del poder se enriquecen costa del dinero del Estado.

Ese es el caso de tantos y tantos personajes que vemos a diario en los titulares de primera plana de los periódicos a consecuencia de sus actos escandalosos de corrupción pública. Habría que instaurar una sección en los medios de comunicación que bajo el título de "El ladrón de la semana", destacara al político corrupto que mereciera tan destacado deshonor. Por supuesto que nadie le va a disputar tan destacada posición en estos días al ex presidente de Nicaragua Arnoldo Alemán. En dura competencia con el argentino Carlos Ménen, el "Nica" Alemán le ganó por unos cuantos millones y varias libras de grasa. Porque este Alemán, gordo de vulgar glotonería, cebado como un lechón de nochebuena y jacarandoso como un payaso de fiesta, no tiene siquiera el pudor de esconder su grotesca figura ante el escándalo que lo sitúa ante su pueblo y el mundo como un ladrón de marca mayor.

Claro está que Alemán no es el único ni ha sido el primer político corrupto que haya pasado por el poder en estos tiempos tan difíciles para nuestra desgraciada América. Los cubanos tenemos también una larga lista de políticos ladrones en nuestra historia republicana como tenemos también aquí en Miami, "pichones" de bandidos que desde sus cargos públicos, mas de uno ha ido a parar tras las rejas de la cárcel. Decimos esto para que a nadie se le vaya a ocurrir pensar que en nuestras palabras hay alguna intención discriminatoria. Porque tampoco vamos a dejar de señalar que en eso de la política y políticos corruptos, los americanos no se quedan atrás. Aquí como en todas partes cuecen habas y hay ladrones de ganzúa, ladrones de cuello duro y ladrones del erario público con nombres bien, pero que bien anglosajones.

El caso del señor Alemán no tiene paralelo en los últimos tiempos. No solo este ladrón se niega a aceptar sus culpas ante las pruebas irrebatibles de las cuentas bancarias que se han descubierto en el extranjero a su nombre y a nombre de familiares y amigos suyos, sino que para colmo del cinismo, tiene el descaro de salir a la palestra pública muy rozagante y con impúdicas risotadas, como sí su conducta fuera de simples pecadillos de menor cuantía.

¿Puede un país pobre y subdesarrollado del Tercer Mundo, como es el caso de Nicaragua, o hasta una nación rica y bastante en desarrollo como la Argentina, salir adelante en sus dificultades teniendo por gobernantes a vulgares ladrones al estilo de los Ménen y los Arnoldo Alemán? Habría que preguntarle a los que con tanta vehemencia defienden todavía la llamada "Democracia Representativa" si este sistema puede sobrevivir a sus políticos profesionales y a sus grandes ladrones. Mi respuesta es ¡No!