Mientras Washington anda revuelto con motivo de los escándalos financieros de las grandes compañías norteamericanas, allá abajo, en el continente latinoamericano las cosas siguen de mal en peor. La política exterior de la administración Bush en América Latina está resultando ser un rotundo fracaso. Lo de Argentina no tiene paralelo. En Uruguay las cosas no van mejor. En Brasil luce que el que será electo Presidente - Lula el de la izquierda, amigo de Fidel - no es del agrado de Washington. En Perú el Presidente Toledo no tendrá mas remedio que caminar por el sendero del populismo si quiere seguir gobernando. Venezuela, con el aliento que se le da desde aquí a los enemigos de Chávez, el país no podrá levantar cabeza y Chávez no tendrá otra alternativa que radicalizar su revolución pacífica bolivariana.

De Colombia no vienen mejores noticias. ¿Qué hará el Presidente Uribe? ¿Pedir la intervención militar de los Estados Unidos, o buscará una arreglo con los guerrilleros?

Del resto del contente no viene nada alentador: Ni Méjico es ejemplo a seguir y mucho menos América Central.

Lo cierto es que la economía de los países del continente no es nada halagadora. Entre los ladrones que pasan por el poder y las exigencias del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, pocas son las esperanzas de sobre vivencias y gobernabilidad. De Cuba no hablamos, porque para "Washington" Cuba es el "enemigo". Pero Cuba sigue ahí, a pesar de todo y todos los demás.

Dejamos para el final a la pequeña Bolivia. País de indios, montañas, llamas, minas, coca, y el fantasma del Ché", como lo describen desde su torre de marfil los "sabichosos" expertos de los "tanques pensantes" de Washington.

En Bolivia hay una lección para el Departamento de Estado. El Embajador de Estados Unidos en Bolivia, Mr. Manuel Rocha, al iniciarse el proceso electoral en ese país andino hizo unas desafortunadas declaraciones en las que dijo que si se elegía Presidente al líder del partido de la extrema izquierda, Evo Morales, no habría buenas relaciones con Estados Unidos. Morales es indio, como la mayoría de los bolivianos, simpatizante del Che Guevara y defensor los campesinos sembradores de las hojas de coca. Toda Bolivia lo sabía.

El Embajador americano abrió la boca, metió la pata y el resultado de tan sonado disparate salió de las urnas. El candidato Morales a quien apenas se le calculaba un distante cuarto lugar en la votación, saltó al segundo puesto, a muy corto espacio del primero y ahora es ya el factor más importante de la política boliviana, sea o no electo Presidente por el Congreso de su país.

¿Se quiere mayor torpeza diplomática? La lección de Bolivia es de libro de texto. Como tomada de El Príncipe de Maquiavelo. Si quieres ser odiado, abrázate con el Embajador americano. Si quieres ser amado, que te rechace el señor Embajador. Así de simple.

La lección debieran aprenderla por igual, los gobernantes de Washington y los disidentes cubanos.