Voy hablar sin eufemismos. A expresar lo que todo el mundo siente, como un médico examinando a un enfermo. Y el diagnóstico es: Toledo debe marcharse del gobierno porque el país lo repudia, porque es el menos líder de los Jefes de Estado que ha tenido el Perú. En el siglo XIX no todos los Presidentes, es verdad, fueron Santa Cruz, Castilla, Pardo o Piérola. Pero, ninguno tuvo la insignificancia del actual. Incluso los gobernantes dictatoriales tuvieron su apogeo. Leguía fue recibido como Maestro de la Juventud en 1919, Sánchez Cerro fue un genocida pero un inmenso sector totalitario y antiaprista lo apoyaba con fanatismo; Benavides, Prado, Odría, representaban el orden burgués frente al revolucionarismo del Apra; el Gobierno de la Fuerza Armada por la toma de la Brea y Pariñas y la Reforma Agraria vivió de esos dividendos hasta su epílogo; Fujimori, nefasto personaje, tenía la aprobación oclocrática a un nivel de 85 por ciento al momento del Golpe de Estado del 5 de abril y mantuvo un alto nivel hasta su derrocamiento; Bustamante y Rivero, elegido con más del 65 por ciento de electorado, -en Trujillo bordeó el 90 por ciento- fue expulsado del poder luego del lamentable fracaso del golpe revolucionario aprista del 3 de octubre de 1948. Pero, lo apoyaban una derecha ultramontana y los precursores del democristianismo.

Pero, ¿A quién tiene Toledo?. Sólo a un grupo de burócratas-aúlicos, de advenedizos sin biografía democrática y a una élite de mercaderes. Todo su régimen es una farsa. Nada de lo que prometió lo cumplió. La desocupación, el hambre, la corrupción, continúan. La Constitución, la economía, la autocracia judicial y parlamentaria son fujimoristas y hasta el Primer Ministro actual, el redentor traicionado, nació de las cavernas de Cambio 90. Todos sabemos de los audios y videos de Toledo que delatan su falta de idoneidad y de autoridad para gobernar. No ha habido presidente del Perú más descalificado. Sánchez Cerro fue genticida pero tenía la autoridad de un guerrero y la formación de un fascista. Al morir dejó un sable y 60 soles. Murió como tenía que morir. De un balazo en la nuca. Toledo no merece eso. Se le desarma con una pifiada. Toledo políticamente es un cadáver; es un caso de lo que se llama en medicina forense docimasías; se auscultan signos de vida en los occisos, principalmente en funciones respiratorias, digestivas y circulatorias ... pero están muertos.

II ¿Cómo salir de esta situación?. Existen cinco caminos:

a) El Golpe Militar; el Ejército está débil para un conflicto internacional pero no para una insurrección doméstica y tiene pretextos extrademocráticos como el diezmamiento de la Fuerza Armada y la creciente hegemonía de Chile que quiere despojarnos de nuestro sitial en el Pacífico en virtud de una concepción imperial, geopolítica y de Mar Presencial. Lógicamente este camino tiene su peligro totalitario. No lo auspicio. Existe el riesgo del aislamiento internacional. Aunque después de Irak nada es un dogma en ese aspecto.

b) El cambio de Gabinete: Eso no modifica ninguna situación. Un Ministerio conversado es un gabinete-conversatorio. Una serie de señorones tomarán té. ¿Se habría evitado la revolución francesa de 1789 si Luis XVI hubiese formado un gabinete con Mirabeau, Robespierre, Dantón, Marat, etc.? No. El problema no estaba en la superestructura, sino en la infraestructura y Francia exigía la desfeudalización, una monarquía limitada, un constitucionalismo democrático con derechos del hombre... y hasta la guillotina porque había gravísima tensión social.

c) Que Toledo, según El Comercio, que ya lo abandonó, lo que es muy mal síntoma, presida pero no gobierne; lo que en anglicismo toledano se dice hoy día: dé un paso al costado, step aside. Eso es utópico conociendo las tendencias lombrosianas de Toledo. Mantendría su Corte, su camarilla y a la sagrada familia. Y el nefasto entorno lo incitaría sistemáticamente a recuperar sus fueros. Y hasta a un contragolpe. El statu quo continuaría. La República Incompleta.

d) Adelanto de elecciones: No resuelve nada. Se cambian protagonistas. Es el mismo libreto. Como dijera Hernando de Soto pasaríamos de Toledo I a Toledo II.

e) Insurrección Popular: Partiendo de la premisa que el problema nacional está en la infraestructura, en el sótano, que el Estado es decrépito, que las masas lo desprecian, que las masas repudian a la clase política, que el régimen constitucional no expresa las fuerzas reales del país, es evidente que si no existe una cirugía de hierro que ponga el Estado al servicio de las masas, aquí se producirá una insurrección popular de alcances imprevisibles. No quedaría piedra sobre piedra de lo actualmente establecido, del establishment. Los jueces serían juzgados, los policías apresados, y un sector de los parlamentarios de la mayoría sometidos a depuración por su totalitarismo y arrogancia. Esto, unido a la próxima crisis de Bolivia, sería para emplear palabras de un viejo escritor yanqui de hace setenta años: Fuego en los Andes. Algunos miopes dicen que somos un pueblo timorato y castrado. Igual pensaron los coroneles Gutiérrez en julio de 1872 días antes de ser colgados, dos de ellos, en las torres de la Catedral.

III ¿Qué hacer?. No cabe otra cosa que lo siguiente. Veamos primero las soluciones constitucionales porque están contempladas en la magna lex como viables:

1º.- Que renuncie Toledo. (Art. 113 inciso 3 de la Constitución)

2º.- Que se declare vacante la presidencia de la República por incapacidad moral y ... física, atendiendo a las dolencias que sufre y que exigen por lo menos asistencia ambulatoria. (Art. 113 inciso 2 de la Constitución).

Las Constituciones del Perú desde 1834 se ocupan de la vacancia de la Presidencia de la República por incapacidad del Jefe de Estado. La de 1856 ya hablaba de incapacidad moral o física. Lo repitieron las Constituciones de 1860, 1920, 1933, 1979 y la despromulgada de 1993. La vacancia significa que el cargo pierde su titular por impedimento, renuncia, muerte o destitución.

La incapacidad física es fundamentalmente la demencia porque un Jefe de Estado no va a quedar inhabilitado por sufrir poliomelitis (Roosevelt), o problemas de visión (Joaquín Balaguer o Luis Alberto Sánchez). La locura es una enfermedad física. Si un gobernante sufre Alzheimer (Wilson 1918), es esquizofrénico, paranoico o maniaco depresivo el problema es, repito, de origen físico. Bucaram, ex Presidente ecuatoriano, exiliado en Panamá, sufrió una vacancia de este tipo pero sin darle audiencia previa y sin dictamen psiquiátrico alguno.

Como dice Marcial Rubio; la incapacidad moral en cambio, es de naturaleza ética o psicológica. Se refiere a que el Congreso estima que el Presidente no está en condiciones psicológicas o espirituales, de seguir ejerciendo el cargo. No es cierto que lo moral se refiera a la enajenación mental. Se refiere a la conducta humana. Por incapacidad moral cayó, en el Ecuador, el ex Presidente Carlos Julio Arosemena, un alcohólico exhibicionista.

La incapacidad moral es la falta de actitud legal para continuar ejerciendo el cargo en razón de haberse acreditado objetiva y fehacientemente una conducta pública o social gravemente venal, corrupta, licenciosa, etc., tal como lo recuerda García Toma.

El precedente más remoto de pedido de vacancia en el Perú es el intento fallido que promoviera el diputado Fernando Casós contra el Mariscal Castilla en abril de 1859, imputándole no promulgar ni respetar leyes del Congreso. Y quizás la acusación de Vigil contra Gamarra (1832). El más inmediato ejemplo es el caso Fujimori; en que se interpreta la incapacidad moral en el sentido de este artículo.

Pero tampoco estas soluciones resuelven el tema porque conducen a un inepto, políticamente hablando, Waisman, que acentuaría la crisis. O a Pease que se encuentra en su eclipse y que ha sido promotor de la crisis del Parlamento con su tesis usurpadora del poder constituyente. ¿Cabría entonces que el Congreso elija a una persona distinta? Si. Si la arquitectura constitucional y social continúa habremos cambiado personas pero no situaciones. Ese camino debe ser tachado.

IV Veamos ahora la solución extraconstitucional más viable y que evita la anarquía, el golpe y la insurrección popular:

Primero.- Que el Parlamento destituya a Toledo o lo declare vacante; Segundo.-Que ese Parlamento elija un Jefe de Estado transitorio luego de consultar con todas las fuerzas vivas y sociológicas del Perú (Apra, Etnocacerismo, Patria Roja, Sutep, CGT, CTP, gremios empresariales, etc.); Tercero.- Que el Parlamento le conceda facultades delegadas a ese gobierno interino para que legisle durante su desempeño; Cuarto.- Que el Parlamento convoque a una Asamblea Constituyente para restaurar la Carta del 79 e introducirle las modificaciones, addendas et corrigendas, que la vuelva una síntesis de los factores reales del poder; y, Quinto.- Que el Parlamento se autodisuelva. Tal como lo hizo en 1823 y en 1936. Como los antiguos Persas.

V La Asamblea Constituyente es el Poder de los Poderes. Es omnímoda, ilimitada, plenipotenciaria. No tiene más fronteras que los derechos humanos y los tratados sobre la materia. Surge cuando se funda o refunda un Estado. El que no exista paz social no impide su actuación. La Convención de Philadelphia de 1787, fue en la guerra de independencia de USA contra Inglaterra. La francesa en 1789, coexistió con la guillotina. La peruana de 1822, fue con la mitad del territorio ocupado por los realistas. Esa asamblea deberá restaurar el bicameralismo (el Senado deberá ser en dos tercios representante de las Regiones y en un tercio funcional designándose senadores sindicales y empresariales); modificar la jurisdicción constitucional para evitar las traiciones y claudicaciones del TC; reforzar la jurisdicción supranacional en materia de derechos humanos; exigir que los fiscales y los jueces tengan una currícula democrática y de defensa de los derechos humanos y crear un Ministerio Público y un Poder Judicial absolutamente autárquico política y económicamente para que no dependa del Poder Ejecutivo ni del Poder Legislativo y no tema sus represalias; suprimir la segunda vuelta; hacer revocable el mandato del Jefe de Estado, de los Parlamentarios, de los Presidentes y Consejeros Regionales, de los Alcaldes y regidores; en sus disposiciones transitorias dispondrá una purga y enjuiciamiento de los fiscales y jueces desleales a la democracia y al debido proceso.

La Asamblea, concluida su misión, convocará a elecciones generales. Eso no se podría hacer hoy, como ya dije, porque se reproduciría el fenómeno sufrido. Es necesario el bisturí. Todo este paréntesis exigirá una labor educadora de la nación para demostrar que la verdadera democracia es con justicia social, con participación ciudadana cotidiana, plebiscitaria, continentalista. Deberá acabar con democracias apócrifas y tartufas como la actual en que un puñado de aventureros se ha calzado el gorro frigio revolucionario.

Esa es la fórmula: enmendarse o perecer. Escojan.

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz.