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Una bacteria antropófaga .

La red europea de grupos de investigación liderada por Aftab Jasir, de la Universidad de Lund (Suecia), ha detectado que la frecuencia de infecciones bacterianas por Streptococcus del grupo A es mucho mayor de lo que se creía. Según la Dra. Jasir, la incidencia de casos es el 500% de lo esperado. Según la microbióloga, estas «bacterias antropófagas» o «carnívoras», que ocasionan graves infecciones, aparecen con una frecuencia muy elevada en la mayoría de países europeos.

Incluso en aquellos donde se pensaba que su incidencia era baja, como Italia, Chipre o Rumanía, se ha evidenciado una frecuencia similar al resto de países (en torno a 4 casos cada 100.000 habitantes), enmascarada por el escaso seguimiento realizado para este tipo de patologías. Los estreptococos A suelen producir infecciones benignas, como el dolor de garganta. Sin embargo, bajo determinadas condiciones, se extienden al resto del organismo, devorando tejidos blandos y musculatura. Pueden dañar el corazón o el hígado, un proceso conocido como fascitis necrotizante.

En otros casos, pueden rasgar vasos sanguíneos, produciendo la extravasación de sangre y la caída de la presión arterial, dando lugar al síndrome del «shock» tóxico. Cuando la bacteria se ha extendido por el cuerpo, la muerte puede sobrevenir en 24 horas en uno de cada cuatro casos, aproximadamente, aunque se trate al paciente con dosis masivas de antibióticos. Según la Dra. Jasir, se sabe poco acerca de las causas que tornan las cepas en malignas. Parece ser que el estado del sistema inmunitario del paciente es determinante. Esta importante cuestión será investigada por los científicos de esta red en un futuro próximo.

Un dato que resulta preocupante es la gran variedad de formas de la bacteria que se han encontrado. La proteína M de este microorganismo, detectada por el sistema inmunitario, muta con gran facilidad. Esto significa que la bacteria evoluciona con rapidez, lo que hará difícil desarrollar una vacuna en el futuro. Otro punto de consideración es la creciente incidencia de este tipo de infecciones. En los 25 países que componen la Unión Europea se producen unos 20.000 casos por año.

Los datos obtenidos en aquellos estados que siguen con mayor rigor estas infecciones (Reino Unido, países escandinavos y Chequia), indican que la incidencia se ha doblado durante los últimos 5 años. Aunque no está demostrado, la implicación del sistema inmunitario en estos procesos y su relación con la contaminación ambiental y nutricional, sugiere que dicha contaminación podría estar relacionada con el desarrollo de estas patologías.