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Basta con rasgar la epidermis de los hechos de abril del 2002, para que salga a flote la ya famosa anécdota que recrea la visita a Miraflores del Embajador español en Caracas, escoltando al tenebroso Charles S. Shapiro. Fueron los primeros representantes internacionales en congratular al patético Pedro Carmona, jefe del gobierno golpista. De hecho nos ocurrió varias veces, en el curso de una investigación recién terminada. Preparábamos un libro que acaba de salir de la imprenta, Chávez nuestro, con entrevistas a familiares, amigos, colaboradores del líder venezolano y al propio Presidente Hugo Chávez, y aún cuando este no era el tema central de nuestro trabajo, resultó imposible obviarlo en un recuento biográfico del líder bolivariano. Varios testimoniantes, actores de excepción en los acontecimientos del 11 al 14 de Abril, se refirieron a ese pasaje como un ejemplo escandaloso de injerencia y de oprobio.

Por ejemplo, Diosdado Cabello, quien fuera entonces el vicepresidente de la República, nos comentó: “La Embajada española estuvo metida de lleno en el golpe. Los primeros visitantes que recibió Carmona en su despacho de Presidente interino por 46 horas fueron Shapiro y Viturro. ¿De qué manera estuvo España involucrada? Total y activamente, y fue algo que no obedeció solo a las acciones de un embajador. Era una directiva. España se convirtió durante mucho tiempo, sobre todo con Aznar, en un ejecutor de lo que dijera Estados Unidos”.

José Vicente Rangel Vale, el ministro de Defensa en esos días, contestó sin titubear la pregunta “además de la norteamericana, ¿qué otra embajada estuvo implicada en la asonada golpista? La embajada de España. Hasta le habían hecho en Madrid la banda presidencial a Carmona, una con cierres mágicos que se ajustaba a cualquiera. El gobierno de Aznar estuvo totalmente comprometido desde el primer momento, junto al de Bush, por supuesto. Los embajadores de los dos países estuvieron activos en todo, y directamente implicados. No hay la menor duda. Participaron de toda la gestión golpista y estimularon a factores internos venezolanos”.

Para ubicar al lector, comentábamos en una nota al margen que aparece en la página 155 de Chávez nuestro: “Carmona encargó personalmente a una sastrería de efectos militares en Madrid la banda presidencial. Fue encontrada entre los objetos abandonados por el golpista y figura entre las pruebas a su cargo. Manuel Viturro de la Torre, quien formó parte de los comandos ejemplarizantes del grupo policial franquista Defensa Universitaria, era el embajador de España en Caracas y fue a Miraflores a entrevistarse con Carmona el 13 de abril, junto con Charles Shapiro, el jefe de la embajada norteamericana y quien fuera el agregado militar en Chile, durante el golpe de Estado a Salvador Allende”. Es decir, el delegado de Aznar escoltaba nada menos que a todo un experto en sangrientas asonadas golpistas.

¿De dónde tomamos la información para elaborar este pie de página? Había -y hay- muchísimos pormenores, hasta el punto de convertirse el tema en un lugar común, en un asunto de pura acotación bibliográfica. Ayer mismo, el propio José Vicente Rangel Vale ratificaba a la prensa nacional las afirmaciones que hiciera en junio de este año, cuando lo visitamos en su despacho. Durante los funerales del inspector de la Policía Científica, el actual Vicepresidente afirmó que “yo para la fecha era ministro de Defensa y puedo ratificar que, efectivamente, el embajador Viturro de la Torre, representante del Gobierno de Aznar, se involucró directamente en el golpe, concurrió a Miraflores a felicitar al nuevo gobierno junto con el embajador norteamericano. Eso lo puedo decir yo como testigo de excepción”.

Cuando le preguntaron si consideraba que José María Aznar es un golpista, Rangel respondió: “Yo ratifico que su Embajador estuvo con el golpe, seguramente obedeciendo orden de su jefe allá en España”.

Pero no solo políticos e intelectuales reaccionaron al golpe. De ello se habló en los propios medios venezolanos, que fungieron como actores políticos, invocaron abiertamente al golpe y propagaron esta noticia y la de la llamada telefónica de José María Aznar a Carmona, para ofrecerle “su disponibilidad y apoyo”. Es decir, que no eran nada sospechosos de intentar calumniar al jefe del PP. Teníamos, además, la nota divulgada por EFE el sábado 13 de abril de 2002, que cualquiera puede obtener ahora mismo, pues fue reproducida por diarios, emisoras de radio y televisión de habla hispana, y sigue a disposición de los lectores por Internet:

El presidente del Gobierno español y presidente en ejercicio del Consejo Europeo, José María Aznar, ofreció ayer al presidente provisional de Venezuela, Pedro Carmona, su ’disponibilidad y apoyo’ en sus esfuerzos por asegurar el pronto retorno de la democracia a su país, informaron fuentes oficiales.

En una conversación telefónica, el jefe del Ejecutivo español le expresó igualmente a Carmona que tanto España como la Unión Europea siguen “con gran interés” la evolución de los acontecimientos que han llevado a la caída de Hugo Chávez.

Al respecto, le informó que la Presidencia de turno de la UE emitió un comunicado animando a los venezolanos a superar la crisis “en un marco de concordia nacional y con pleno respeto a los derechos y libertades fundamentales”.

Aznar subrayó también ante su interlocutor su deseo de que se normalice “cuanto antes” el funcionamiento de las instituciones democráticas venezolanas, para lo cual comprometió su “disponibilidad y apoyo”.

Pedro Carmona, que poco después de asumir la presidencia provisional anunció su intención de convocar en un año a elecciones presidenciales y, en un plazo menor, celebrar comicios legislativos, ofreció al presidente Aznar detalles sobre el desarrollo de lo acaecido durante la agitada jornada venezolana.

El gobierno español pidió que se evite cualquier “brote de violencia” en Venezuela y recordó que ’no hay solución’ para ese país sudamericano “fuera de la voluntad popular”, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, en una entrevista radiofónica.

“Todos íbamos viendo cómo la situación se hacía insostenible y la propia posición del presidente Chávez, cada vez con menos apoyos institucionales, populares y con un rechazo creciente de la población”, dijo Piqué.

Declaraciones de Tarek William

Otro testigo de estos acontecimientos, Tarek William Saab, era el 12 de Abril presidente de la Comisión Permanente de Política Exterior de la Asamblea Nacional venezolana. Fue violentamente secuestrado de su casa ese día y encerrado en un calabozo de la DISIP hasta la madrugada del 13. En junio, él también nos comentó con desprecio la participación de Aznar en el golpe, presidente que lleva sobre sus hombros la deshonra de haber felicitado al jefe de los golpistas, cuando se estaba desatando la represión contra los partidarios de Chávez y se fraguaba un magnicidio. Como ya habíamos mencionado dos testimonios sobre el tema, no incluimos estas declaraciones de Tarek en el libro. Sin embargo, como la edición del diario digital Rebelión recordaba este jueves sus palabras para Radio Nacional de España hace dos años, lo contactamos ayer vía telefónica. Tarek, actual gobernador de Anzoátegui, no solo confirmó la versión periodística, sino que nos reveló quién había sido el enlace entre Aznar y Carmona, en la conversación que se efectuó el 12 de abril:

“Fue Eduardo Fernández, conocido como El Tigre y presidente del Partido Social Cristiano (COPEI), un hombre muy cercano a Carmona. Este señor, que fue ex presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) se encontraba en Madrid en los días anteriores del golpe y regresó a Caracas vía Washington. COPEI y el Partido Popular tienen vínculos por su pertenencia a la Internacional Demócrata Cristiana -presidida por Aznar- y a la Fundación Iberoamericana. El Tigre estaba en Miraflores ese día, y una fuente muy bien informada me comunicó, personalmente, que él facilitó la comunicación con el jefe del Estado español, pero Carmona no llamó a Aznar. Fue el gobernante español quien tomó la iniciativa.”

Tarek nos aseguró que él no solo habló el 13 de abril con el corresponsal en Caracas de Radio Nacional de España y denunció la conversación y la visita de Viturro y Shapiro a la Casa de Gobierno, sino que en calidad de Presidente de la Comisión de Política Exterior del Parlamento venezolano, lo dio a conocer en una rueda de prensa al día siguiente, y no hubo desmentido alguno por parte del Gobierno de España.

“Reitero lo que dije entonces-añadió el Gobernador-: la visita de Viturro y Shapiro a Pedro Carmona Estanga constituye una deshonra para los gobiernos de España y de EE.UU. Como todo el mundo sabe, ningún representante diplomático en medio de una crisis institucional de un país da un paso semejante, sin tener órdenes expresas de su gobierno. Aznar fue más allá y felicitó telefónicamente al usurpador de la Presidencia de la República.”

En abril del 2002 tales hechos no constituyeron una sorpresa, comentó. “El Gobierno de José María Aznar dio aliento y apoyo a los opositores antes y durante el golpe. Se quedaron callados cuando hicimos la denuncia, por conveniencia política”.

En ningún momento Aznar condenó el golpe de Estado, y curiosamente, su Canciller solo habló de este cuando el Presidente Chávez retomó su cargo, para pedir que “se garantice la libertad de prensa”, lo cual puede comprobarse con un mínimo repaso a las ediciones de los medios españoles de ese día. Solo en las primeras horas del 14 de abril, Josep Piqué matizaba sus palabras en unas declaraciones sibilinas a Radio Nacional de España, que serían reproducidas por El Mundo: “no es posible distinguir entre golpes de Estado que puedan ser buenos o que puedan ser malos”.

Poco después, el ex jefe de Gobierno español admitía tímidamente la conversación con Pedro (El Breve) Carmona, mientras este, en una entrevista concedida en abril al diario El País, cuando le preguntaron quién había llamado a quién, contestó con un evasivo ’poco importa quién llamó’. Dio por hecho que, efectivamente, esta conversación se produjo. Por supuesto, el gobierno de Aznar siempre se abstuvo de presentar el contenido literal del diálogo.

Otras evidencias

Las visitas de Pedro Carmona Estanga a Madrid eran públicas y frecuentes. Y además, peligrosamente cercanas al “Día D”. El martes 9 de abril tenía concertada una reunión oficial con el Ministro de Exteriores de España -el Piqué de los “golpes buenos y malos”. Según Cambio 16, del 29 de abril del 2002, esta entrevista fue cancelada por Carmona, porque el ex ejecutivo de Fedecamaras debió regresar a Caracas para encabezar el golpe.

“En la Administración española -aseguró Cambio 16, que citó fuentes de gran solvencia- fueron muy receptivos cuando el líder empresarial visitó Madrid como futuro presidente de Venezuela. Fue atendido por funcionarios de alto rango y, posiblemente, se reunió también con especialistas en operaciones de inteligencia política, con experiencia en otros países iberoamericanos”. Entre sus interlocutores, la revista señala a “altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Presidencia del Gobierno”.

El viernes 12 de abril, tras la improvisada rueda de prensa de Carmona en la que se autoproclama al frente de la junta golpista -incluso antes de su “juramento”-, la Presidencia española en la Unión Europea actuó con una agilidad inusitada, dada la diferencia horaria. Emitió a la carrera una imprudente declaración oficial en la que “manifiesta su confianza en el gobierno de transición, en cuanto al respeto de los valores e instituciones democráticos, con el fin de superar la crisis actual”.

El proyecto de esta declaración -citaron fuentes de prensa- fue enviado por la Cancillería española, a través del sistema de telegramas cifrados de consulta política interna, a sus respectivas contrapartes de los restantes miembros de la Unión, sin tiempo para ser aprobado por los ministros de Asuntos Exteriores correspondientes. La responsabilidad de esa declaración recayó, fundamentalmente, en el gobierno de Aznar.

El 13 de abril, cuando Viturro y Shapiro iban tomaditos de la mano a Miraflores, Piqué hablaba con ABC y El Mundo, de España: “La situación en Venezuela con Chávez era insostenible, cada vez con menos apoyo popular.” Casi no puede contener, ni por razones de lesa democracia, su radiante felicidad.

Un día después, el portavoz del PP en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de Diputados, Gustavo de Aristegui, afirmó que “la política chavista era cada vez más errática y desafiante. El Gobierno español hizo lo que debía: tratar de encauzar los desmanes del presidente de un país clave en la región para nuestros intereses económicos y consulares. Lo irresponsable habría sido no intentarlo”.

¿Podrá Aznar, Acebes y compañía silenciar tamañas evidencias? ¿Demostrarán que nada de esto existió? ¿Evitarán que este vergonzoso episodio del Partido Popular y su “Führercito” deje de ser un lugar común, una cita al margen? Difícil. Como diría un periodista uruguayo radicado en Venezuela, “esta historia apesta demasiado a hamburguesa, jamón de jabugo y petróleo”.