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¿De qué inmoralidad hablamos?

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Se suele encuadrar dentro del término inmoralidad sólo la comisión delictuosa de hechos de rapiña o monra vulgares. Hay otra clase de robo mucho más criminal y de consecuencias devastadoras para cualquier nación: ¡la estafa moral contra el pueblo! Nuestros políticos son, en su inmensa mayoría, palurdísimos y recurrentes mentirosos. No sólo venden a sus madres, sino que discuten ardorosamente el precio del producto. ¿Con pandillas así puede un país levantarse de la profunda crisis en que se encuentra?

Algunas viñetas muestran el desgarrador cuadro. Mientras que decenas de turistas van a Cartagena a escuchar cuanto suelen decir los gringos sobre el TLC -modelo chileno- y sus ordenanzas, que cumplen al pie de la letra el ministro del TLC y Asuntos Foráneos -oficialmente de Comercio- Alfredo Ferrero y el otro rábula Pablo de la Flor, aquí los partidos políticos, especialmente sus ignorantes dirigencias, desconocen qué es este asunto de un tratado de libre comercio. Por tanto, sus expresiones son más bien erráticas, divagantes, frívolas y confeccionadas por encargo para parecer enterados del asunto.

Un legiferante de larguísima presencia, años de años, no tuvo mejor idea que lanzar la propuesta de una plancha presidencial. Pero ¡oh sorpresa! los nombres son los mismos resobados, agentes del status quo, de siempre. Castañeda Lossio, Paniagua Corazao o Flores Nano, son insospechables de cualquier signo de cambio porque ellos defienden el establishment en que han hecho fortuna, directa o indirecta, y no hay nada más lejano en ellos que las palabras reforma o revolución.

Decía Winston Churchill que si un ciudadano británico (léase peruano), vive, crece, se divierte, se reproduce pero NO hace nada por cambiar las cosas, entonces se convierte en un ladrón de su tiempo. Ergo, ¡aquí tenemos centenas de ladrones del tiempo y su conformación es pluripartidaria, heterogénea y en todos los estamentos de la sociedad! Hay cacos en la política, en el periodismo, en la industria, en la burocracia, en el comercio, en síntesis -y aunque suene oprobioso- ¡en todas partes! ¡Si de exportar no tradicionalmente se tratara y pudiéramos hacerlo con los rateros, entonces, pagaríamos la deuda externa en menos de 5 años!

Una de las primeras demostraciones que deberían hacer los próximos funcionarios es la de publicar su declaración de bienes y a su costo. Y el Estado habría de enjuiciar, con tan solo cualquier expresión popular, al que muestre signos de enriquecimiento indebido y ¡a la cárcel! Ciertamente, siempre existirá esa cáfila de abogángsters que todo lo arreglan de acuerdo al patrón dólar.

Robarle al pueblo, engañándole, es un crimen de lesa humanidad. Sus fautores merecen el paredón moral y el olvido cuando no el escupitajo despreciador por calles y avenidas. Por desgracia el Perú están tan devualado por la mala gestión del presente régimen que hasta el delincuente japonés Kenya Fujimori parece un bálsamo mucho mejor que estos mediocres.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Documentos adjuntos

 
Herbert Mujica Rojas

Herbert Mujica Rojas Autor de la columna Señal de Alerta y responsable de Páginas Libres, periodista peruano, analista político y ensayista en temas geopolíticos, ambientales, seguridad documentaria y otros vibrantes acápites de su país y Latinoamérica. Escribió en el 2007 el libro ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!
Es posible conectar con él al teléfono (+51) 9-9918-0913.

 

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