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La experiencia política y organizativa de Arauca es reconocida como una de las más avanzadas y profundas del país. Durante varias décadas las organizaciones campesinas, sindicales, juveniles, comunales y derechos humanos han mantenido una construcción constante de su propio proyecto social y político. Sin embargo desde el año 2000 la región sufre la más dura represión a través de detenciones masivas, asesinatos selectivos y desapariciones sistemáticas, por lo cual el movimiento social araucano sufre una de sus más duras pruebas. En la reflexión sobre lo que ha sucedido en esta región entrevistamos a Rigoberto1 dirigente social araucano encarcelado durante el 2003, quien comparte con nosotros sus estudios y reflexiones de los momentos del encierro.

DA. ¿Cuéntenos cómo era el proceso político y social en Arauca hasta antes de la represión estatal?

R. Era un movimiento muy numeroso y fuerte, contaba con el apoyo de todos los sectores sociales, en una semana podíamos reunir 25,000 personas para una reunión o actividad comunitaria, existía una importante voluntad de trabajo por la comunidad. Uno de los más grandes logros, fue el Plan Estratégico, el cual era un acuerdo de todas las organizaciones sociales sobre un proyecto de sociedad distinta; este trabajo fue el fruto de una discusión de casi tres décadas y que hasta el momento de la arremetida de Uribe era nuestra hoja de ruta.

DA. ¿Qué pasó entonces cuando se implantó la zona de rehabilitación? R. Hemos sufrido un duro momento, yo como dirigente social he sufrido todo tipo de amenazas, insultos y presiones psicológicas. Tuvimos que vivir de una manera muy dura a partir de la denuncia sobre lo de la masacre de Santodomingo. La denuncia que hicimos desencadenó una persecución muy dura en nuestra contra. Parece que a la Oxy no le gustó que hayamos hecho la denuncia en el exterior. Todos los dirigentes sociales fuimos encarcelados, asesinados o desterrados; es increíble como se ha atacado sistemáticamente y de manera descarada las cabezas del movimiento social en Arauca. El proceso que le han abierto a los militares por el asesinato a los líderes sociales del año pasado no es gratuito y muestra el contubernio del estado, los militares y las petroleras para acabar con el movimiento social en Arauca.

Con la zona de rehabilitación, se hace más directa la persecución a los dirigentes y al movimiento social. A los dirigentes se les señala como guerrilleros de cuello blanco, se militariza la vida de las ciudades y se vulneran todos los derechos. Aparecen las detenciones masivas y selectivas, en las que por ejemplo en noviembre de 2002 se detienen 2500 personas en el Coliseo, de los cuales se les abre procesos penales a 35 dirigentes. Paralelo a esto aparecen los grupos paramilitares en las zonas urbanas, después de las patrullas del ejército. En la zona de rehabilitación se han realizado más de 130 asesinatos selectivos y a pesar de que se cae la figura de zona de rehabilitación en las cortes, la región sigue militarizada como si nada hubiera pasado. Las capturas masivas se han hecho de manera sistemática, primero contra los dirigentes sociales, en las cuales se detuvieron 35 personas, luego se detuvieron a las figuras políticas, como aspirantes a las alcaldías y a la gobernación, que fueron cerca de 23 personas. Ellos buscaban dejar a la región sin líderes y sin quien pudiera denunciar lo que está sucediendo aquí. Después de las capturas masivas continúan con asesinatos selectivos, como fue la masacre de Saravena, la de los compañeros de la Cut, de Anthoc y la Aduc.

DA. ¿Cómo ha sido el desarrollo del paramilitarismo en la región? R. Aquí no podía haber paramilitarismo con apoyo económico de terratenientes porque no hay terratenientes, por ello entran a ser financiados por la Oxy y sus contratistas. Estas empresas fueron las que empezaron a formar y entrenar el paramilitarismo en Arauca, especialmente en sus terrenos. Nosotros en Arauca, cometimos un error grave, subestimamos al paramilitarismo y creímos que no iban a llegar a nuestra región, creímos que éramos tan fuertes que ellos no iban a entrar. No fuimos capaces de ver la coyuntura y entender lo que significaba el contubernio de este gobierno con el paramilitarismo, no contamos con el apoyo tan descarado de las fuerzas militares a las acciones paramilitares. En la actualidad estos grupos se esconden en los anillos de seguridad de la policía y el ejército.

DA. ¿Entonces cuál es el futuro del movimiento social en Arauca? R. A las organizaciones sociales de Arauca, esta experiencia (la represión estatal) nos ha permitido ver nuestras fallas, nuestros problemas organizativos y políticos. Esta experiencia nos ha permitido asumir con humildad que estamos apenas en un proceso de construcción y que apenas estábamos empezando. Hizo falta renovar cuadros en los movimientos sociales, creo que hubo mucho caudillismo y todos sus males: nepotismo, amiguismo, tráfico de influencias. Es decir, sin querer, reproducimos los males que hemos criticado. No fuimos capaces de hacer una lectura clara del momento político del país, nos desconectamos de la realidad nacional y de la internacional, no leímos oportunamente la coyuntura. Creímos que el problema de la cárcel, era para aquellos que no habían sido dirigentes, creímos que como dirigentes sociales no nos iban a tocar, y creímos que por las relaciones internacionales que teníamos con organizaciones y las grandes agencias de derechos humanos éramos inmunes.

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El estancamiento en las organizaciones sociales de Arauca parte de que no hicimos escuela con los potenciales cuadros en las bases sociales; fuimos celosos con el poder, no creímos que la gente tuviese la capacidad de asumir responsabilidades de conducción de los sectores. Subestimamos la política del sistema, también resentimos con nuestra petulancia a mucha gente valiosa, alejamos a gente de otros departamentos que podían haberle aportado mucho a este proceso. Pensamos que el movimiento social ya había hecho su tarea, y cuando nos pasa la arremetida nos damos cuenta que apenas estamos empezando.

Otro problema es que hicimos la conducción de una manera vertical y no horizontal, no sabíamos en lo que nos metíamos y no tuvimos la suficiente inteligencia y la sagacidad para manejar lo político. De ser dirigentes pasamos a ser gerentes de las empresas sociales que creó el movimiento. Nunca escuchamos el consejo ni la recomendación del movimiento social Colombiano y esto nos aisló. Le entregamos responsabilidades a gente que no sabia lo que manejaba, es decir, que no tenia la perspectiva política del trabajo que se quería dar y a quienes si tenían la capacidad y la claridad política los alejamos. Espero que la experiencia de Arauca pueda servir a los demás procesos del país.

DA. ¿Cómo solucionar el problema generado por desaparición de la dirigencia del movimiento social? R. Primero que todo hay que reconocer las fallas, reconocer las grietas y empezar a soldarlas. Debemos empezar a trabajar desde la base y reconocer que no hemos retrocedido, pero que si estamos estancados, tenemos que mirar la calidad y no la cantidad de lo que producimos socialmente, aceptando las particularidades de cada sector y aceptar sus propias dinámicas.

Los dirigentes populares tenemos que tener la suficiente humildad para aceptar la necesaria renovación de cuadros, generar espacios para la gente nueva que quiere levantar las banderas que nosotros hemos levantado con fallas.

Tenemos que levantar lazos de fraternidad con otras regiones del país, que nos duela lo que sucede en el Chocó, en la Guajira, en Casanare... tenemos que reconocer que no hay que ser araucano para poder opinar sobre Arauca, que lo que le sucede a Colombia le sucede a Arauca y viceversa.

Tenemos que llamarle la atención a la insurgencia que si la razón es una sociedad justa, entonces que los tiros no se dirijan contra la población, es decir que el derecho internacional humanitario no sea un papel muerto.

Nos toca revisar todo lo que teníamos de manera concienzuda, par ver los errores del pasado, tenemos que poner los pies en el presente para ver la realidad con mucha humildad, con mucho respeto por la opinión. Hay que ver un proceso de capacitación y formación sin que hayan superdotados ni elegidos, sino aceptar que estamos en un proceso de aprendizaje.

La conducción de los movimientos sociales debe ser horizontal y no vertical, debe haber una retroalimentación y un control político desde las bases hasta sus dirigentes.

DA. ¿Finalmente, en el terreno personal que le deja su detención? R. La detención busca taparle la boca, no a mí, sino al movimiento social que yo represento, y a una comunidad con una perspectiva de país. Es el desquite por lo que yo hice, por mi testimonio por la masacre de Santo domingo, en la que funcionarios del gobierno no quisieron hablar. No me podían perdonar por luchar contra los militares de la brigada XVI involucrados en la masacre de la Cabuya en la que mataron a cinco campesinos, nada de eso me iban a perdonar. Para mi la cárcel fue una oportunidad para reflexionar, para pensar sobre lo que ha sido mi trabajo con la comunidad y para pensar cuales han sido las fallas del movimiento, por las razones por las cuales nos han golpeado sin que lo hayamos previsto; para mi la cárcel fue la oportunidad para ver mas claramente lo que nos sucede. Las cárceles están diseñadas específicamente para controlar a las personas que cuestionan el establecimiento, están hechas para acabar con la moral de los movimientos sociales de Colombia, es la última instancia en la que se reprime al hombre hasta reducirlo hasta su más mínima expresión, pero es también la oportunidad de reafirmar los compromisos.