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Congreso: ¿bicameralidad o inutilidad?

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El hombre o mujer común del pueblo asocia al Congreso como una forma muelle, fácil, desvergonzada, de vivir bien cobrando bastante, trabajando muy poco y gozando de la cobertura de los medios de información que las más de las veces convierten a mulas genuinas en “voceros” y a idiotas con diploma en “demócratas” o “voceros” de sus nada influyentes partidos o patotas políticas. Manuel González Prada, siempre lapidario, escribió que hasta el Caballo de Calígula se avergonzaría de ser parte de semejante corporación.

Por tanto, cualquier discusión sobre el Parlamento encontrará enemigos recalcitrantes, impugnadores feroces y muy pocos simpatizantes. Hoy se habla de la restitución de la bicameralidad y la vuelta al Senado, cámara reflexiva, según la definición más común. Es cierto que todos se preguntan: ¿qué pueden reflexionar seres cuyas inteligencias no superan a la de cualquier mono con agudo retraso mental?

La idea de una cámara política que piense o corrija, como instancia superior, lo que otra más joven o impestuosa (diputados), no es mala. Es ideal. Entendiendo que en países como los nuestros, lo ideal es una quimera cuasi inalcanzable. Ciertamente, muchas de las leyes o los planteamientos teóricos, son bellos y hasta excelsos. La realidad es muy diferente.

Pretender un “blindaje” de presidentes cuando ya no lo sean, a través de senadurías vitalicias es un genuino disparate que prostituye de hecho y de frente la idea de volver al Senado porque estaríase comenzando en el vicio de poner las instituciones al servicio de hombres con nombre y apellido, concepción alejada del bien común y social. De modo que este despropósito en lugar de fortalecer la bicameralidad, la envilece ineluctablemente.

El Congreso en sí no es más que un apéndice de la formalidad que dictan los esquemas de poder real que pergeñan los contratos-leyes, los TLCs que aspiran a tribunales ad hoc y sometidos a la férula de las transnacionales. Es decir, el Parlamento es una válvula que dice representar pero que no constituye sino un saludo a la bandera. Dicen los políticos: mal con él, peor sin él. La pregunta es: ¿a quiénes sirve y a quiénes perjudica?

Enderezada la pregunta al actual Parlamento, es harto incómoda: ¿están a punto de aprobar un TLC entreguista y vasallo a los Estados Unidos?; ¿están a punto de aprobar la adhesión del Perú a la Convención del Mar?; ¿qué están haciendo para revertir contratos o concesiones sumamente lesivas al interés del Estado como Lima Airport Partners, Bayóvar, Matarani, etc.?. Congresos así, sólo legitiman, lo que es una verdadera expoliación abusiva, pero legalizada, de las riquezas y patrimonios de los pueblos. En el caso del Perú, esto es demostrable desde hace largos años y de poco valen los discursos o notas de prensa que los parlamentarios emiten so pretexto de sus opiniones singulares.

En mi modesto juicio el Congreso es una tabla de salvación para vagos, tunantes y pobres diablos (en su inmensa mayoría y con excepciones poquísimas) que gasta plata del pueblo en legiferantes ineptos; regimientos de secretarias, batallones de asesores y brigadas de parientes, queridas o amigos.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Herbert Mujica Rojas

Herbert Mujica Rojas Autor de la columna Señal de Alerta y responsable de Páginas Libres, periodista peruano, analista político y ensayista en temas geopolíticos, ambientales, seguridad documentaria y otros vibrantes acápites de su país y Latinoamérica. Escribió en el 2007 el libro ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!
Es posible conectar con él al teléfono (+51) 9-9918-0913.

 

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