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Se acaba de realizar la Cumbre de presidentes sudamericanos y árabes para analizar posibles articulaciones económicas. Es una señal de vínculo entre el Sur del mundo. Es una situación que puede no caer bien en el mundo desarrollado.

El encuentro se hizo en Brasil y permitió una multiplicidad de cruces entre los protagonistas. Nos interesa destacar la cumbre entre los presidentes de Venezuela, Brasil y Argentina. Se trata de un cónclave que reúne a tres Jefes de Estado de los cinco países más grandes de Latinoamérica.

Países líderes respectivamente en la producción de petróleo, industrial y de alimentos. Una articulación económica y más allá (política o cultural por ejemplo) de estos países posibilitaría el arrastre de una integración regional y con potencial para disputar por un orden económico alternativo al que diseña el imperialismo, especialmente EEUU.

Lamentablemente, la crónica periodística da cuenta de las múltiples señales favorables hacia Washington prodigadas por los gobiernos argentinos y brasileños, incluidas las críticas al discurso anti EEUU de Hugo Chávez.

Son indicaciones de una falta de voluntad por definir un rumbo convergente con el clima social y político de cambios que se vive en la región y que se expresan en estos días en las movilizaciones bolivianas por la administración de la renta petrolera, la crisis política del Ecuador y el amplio triunfo en las municipales de la izquierda uruguaya.

La realidad marca una situación de permanente cambio político, donde el dato novedoso lo constituye la participación popular para afirmar procesos de ruptura con las políticas reaccionarias, hegemónicas en los últimos años. Los gobiernos pueden ser expresión de esa situación o ir a contracorriente. En este segundo caso, el destino es el corrido por De la Rúa en Argentina, Sánchez de Lozada en Bolivia o Gutiérrez en Ecuador.

Próximas cumbres

En la primera semana de noviembre se realizarán dos “Cumbres”. Una es la que convoca la OEA, en la saga por el ALCA, donde Argentina 2005 sucede a los cónclaves presidenciales de 1994 en Miami, 1998 en Santiago y 2001 en Québec. El canciller argentino, Rafael Bielsa, se encargó de recordar el interés gubernamental por el encuentro en su nota del 2 de mayo en Clarín, titulada “Un ALCA con principios puede tener buen final”.

Se trató de una apología del ALCA, cuando es conocido que el tema atraviesa un impasse, pues la presidencia conjunta entre EEUU y Brasil no ha podido concertar una agenda que reinstale el tema. La política exterior de EEUU y los intereses del capital más concentrado en la región están interesados en reinstalar el tema del librecambio y el ALCA en esa cumbre de presidentes.

El gobierno argentino, a través de su Ministro de Relaciones Internacionales les da un guiño. La otra es la Cumbre de los Pueblos, anunciada en el Foro Social Mundial de enero pasado y convocada desde el IV Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA, reunido a fines de abril en La Habana. Esta cumbre es parte de la campaña de resistencia al ALCA desplegada en todo el continente americano.

La existencia de un clima político diferente al imperante en los noventa en América Latina es indicador de las dificultades que tendrá EEUU, los gobiernos latinoamericanos amigos de Washington y las clases dominantes locales para establecer una agenda favorable al librecambio, que a no dudar es el interés principal de los capitales más concentrados a nivel global.

En todo caso, el dato relevante al sur del Río Bravo es la presencia de los pueblos que emergen como decididos actores políticos. Ya no se trata de pueblos domesticados o disciplinados. Son activos militantes que intervienen políticamente en la definición institucional de la región.

Esa diversa experiencia de la rebelión popular se pondrá de manifiesto en las calles de Mar del Plata para repudiar la presencia de Bush y los objetivos del encuentro de la OEA. Es deseable que en todas las ciudades del país se organicen iniciativas para instalar el rechazo a la estrategia del poder en el conjunto de la población. A su vez, la Cumbre de los Pueblos es una iniciativa a construir desde ahora y que requiere de una campaña de esclarecimiento. Esclarecer los propósitos de ambas Cumbres, las formas para frenar la ofensiva liberalizadora, sus secuelas regresivas en el desempleo y el empobrecimiento, como para generar propuestas y mecanismos concretos hacia una sociedad alternativa.

¿Es posible pensar en integración alternativa?

A fines de 2004 se firmó el ALBA, Alternativa Bolivariana de las Américas, entre Venezuela y Cuba. Es un tratado de cooperación económica, política y cultural que tiene en cuenta el beneficio mutuo en las relaciones entre países y pueblos.

La ventaja comparativa de uno, el petróleo o la salud por ejemplo, se ponen a disposición del otro y es así como en Cuba se acaban de suscribir (abril) más de 40 convenios que facilitarán, entre otros, la exploración y explotación petrolera, incluida la apertura de una filial de Petróleos de Venezuela en la Isla; o la ratificación de la presencia de más de 20.000 médicos cubanos en la tierra de Bolívar para desarrollar un plan de salud integral para la población más empobrecida en ese país.

El ALBA puede extenderse si existe la voluntad política de construir una alternativa de integración. Eso debe construirse desde los propios pueblos. No es una tarea que pueda delegarse en las autoridades por muy “rupturistas” que se presenten con relación al discurso y las políticas hegemónicas de los años 90.

La clave está en el protagonismo popular consciente para generar una alternativa política, que sustente un programa de transformaciones sociales y económicas en un rumbo de política económica para resolver las urgentes necesidades sociales insatisfechas. Más que un tema técnico, se trata de una cuestión política.