Red Voltaire
Cumbre de Washington

La Unión Europea y Estados Unidos emprenden el camino del gran mercado transatlántico

Liquidada en pocas horas, la cumbre Estados Unidos-Unión Europea, convocada para el 20 de junio de 2005 en Washington, terminó con la adopción de una serie de proposiciones preparadas por el TABD, un grupo transatlántico de multinacionales. Tres semanas después de los «no» de franceses y holandeses al Tratado Constitucional Europeo, una estructura común de armonización de la desregulación ha quedado instaurada por la Casa Blanca y la Comisión de Bruselas. Dicha estructura está llamada a dar los primeros pasos hacia la futura área transatlántica de libre comercio.

| Paris (Francia)
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De izquierda a derecha: el presidente de la Unión Europea Jean-Claude Juncker, George W. Bush y el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Barroso.

Una cumbre Estados Unidos-Unión Europea se desarrolla todos los años, alternativamente en territorio estadounidense o europeo. Cada vez más frecuentemente, ese encuentro proporciona a la Casa Blanca la oportunidad de decidir debates internos de la UE y de impartir sus propias instrucciones a los dirigentes de ésta.

Fue así que, durante la cumbre del 26 de junio de 2004, George W. Bush trató infructuosamente de obligar la Unión Europea a comprometerse en Irak por intermedio la OTAN. No lo logró y la siguiente cumbre de la OTAN, en Estambul, resultó un fracaso. Sin embargo, apoyando a los británicos en contra de los franceses, apartó al candidato de París de la presidencia de la Comisión de Bruselas e impuso en su lugar a José Manuel Barroso.

El primer ministro portugués, aunque registró records de impopularidad en su propio país, presentaba la ventaja de haber organizado la cumbre de las Azores durante la cual los anglosajones terminaron de planificar la colonización de Irak.

La cumbre del 20 de junio de 2005 fue preparada durante la gira europea del subsecretario de Estado para cuestiones políticas, Nicholas Burns, a finales de mayo, y en la recepción ofrecida posteriormente -el 2 de junio- en el Departamento de Estado a tres de los cinco miembros de la delegación europea. La cumbre se desarrolló además en el especial contexto conformado por el rechazo que los electores franceses y holandeses opusieron al proyecto de Tratado Constitucional Europeo.

R. Nicholas Burns indicó de entrada los puntos más importantes de la agenda política estadounidense:

- Terminar la democratización de Europa unificando Bosnia-Herzegovina, dando un estatuto definitivo a Kosovo (independencia o incorporación a Albania) y juzgando a los criminales de guerra con la ayuda de Serbia-Montenegro (término que utiliza la diplomacia estadounidense para referirse a la actual Yugoslavia).
- Desarrollar la Asociación por la Paz entre la OTAN y la Federación Rusa apoyando al mismo tiempo la oposición interna en Rusia (el objetivo parece ser, por tanto, debilitar a Rusia desde adentro más que tratar de tomar el control.
- Apoyar la oposición en Bielorrusia hasta provocar un cambio de régimen.
- Abrir las puertas de la OTAN y la UE a Ucrania y Georgia.

Al cabo de un decenio, el tema principal de la cumbre Estados Unidos-Unión Europea es la fusión del área de libre comercio de América del Norte (ALENA) y de la zona europea de libre comercio (UE) en el seno de una zona transatlántica única.

Teniendo en cuenta la resistencia de los Estados a la globalización, la Nueva Agenda Transatlántica (New Transatlantic Agenda - NTA) avanza al ritmo de las proposiciones de las empresas multinacionales miembros del TransAtlantic Buisness Dialogue (TABD). Los grandes empresarios redactan por tanto un informe anual que entregan directamente a los dirigentes políticos al margen de la cumbre.

Las sugerencias del TABD son generalmente aceptadas sin otro género de discusión, o sea sin que nadie se pregunte si responden también a los intereses de los demás protagonistas de la economía.

El informe del TABD correspondiente al año 2005 insiste en cuatro factores centrales: protección de la propiedad intelectual; garantías para la seguridad del comercio; convergencia de las normas de contabilidad; y, finalmente, integración de los mercados de capitales. Pide, sobre todo, la creación de una institución permanente encargada de garantizar la convergencia de las reglamentaciones de ambas zonas de libre comercio, institución que trabajaría -por supuesto- a partir de las evaluaciones del TABD.

Ese documento fue entregado a los representantes oficiales la víspera de la cumbre y las decisiones adoptadas por los políticos fueron presentadas al término de la cumbre, durante una conferencia de prensa del TABD en la que participó el Comisario de Empresas e Industria, Gunter Verheugen.

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Con Javier Solana (izquierda), responsable de la política extranjera de la Unión Europea.

El 2 de junio, la secretaria de Estado Condoleezza Rice recibió a sus interlocutores europeos: Javier Solana, secretario general del Consejo Europeo después de haber sido secretario general de la OTAN; Jean Asselborn, ministro luxemburgués de Relaciones Exteriores (Luxemburgo ocupa la presidencia rotativa de la UE); y Benita Ferrero-Waldner, Comisaria europea de Relaciones Exteriores.

Los cuatro dirigentes pasaron en revista las relaciones internacionales. Sin embargo, Condoleezza Rice se esforzó sobre todo en convencer a los delegados europeos de implicarse enteramente en la conferencia de apoyo al proceso de transición en Irak, prevista para el 22 de junio en Bruselas [1].

En lo tocante al rechazo del Tratado Constitucional Europeo, la secretaria de Estado resumió el análisis de la administración Bush: los franceses votaron contra la política antiestadounidense y antidemocrática del presidente Chirac, no contra el Tratado en sí. Es por tanto conveniente proseguir la ampliación y la liberalización de los intercambios.

Por lo demás, si 20 de los 25 Estados ratifican el Tratado, se podrá pedir a los recalcitrantes que reconsideren su posición. Así que hay que prolongar el proceso por un año para que los electores franceses, después de deshacerse de Jacques Chirac, adopten el Tratado en un nuevo referéndum.
Ninguno de los invitados se atrevió a señalar que el «no» holandés de la víspera contradecía ese análisis [2].

No quedaba ya nada que discutir cuando el presidente George W. Bush recibió, el 20 de junio, la delegación europea, a la que se habían incorporado para entonces el primer ministro de Luxemburgo Jean-Claude Juncker, en su calidad de titular de la presidencia rotativa del Consejo Europeo, y José Manuel Barroso, presidente de la Comisión. La cumbre, liquidada en pocas horas, se limitó a la firma de una decena de declaraciones comunes redactadas de antemano por los funcionarios de ambas partes.

Todos prometieron promover la paz, la democracia, el Estado de derecho, los Derechos Humanos y la prosperidad. Después, se comprometieron a luchar contra la proliferación de las armas de destrucción masiva y el terrorismo. Con fervor de misionarios, decidieron incluso trabajar por la creación de un Fondo para la Democracia en el seno de la ONU.

Luego juraron luchar contra el efecto de invernadero, buscar fuentes renovables de energía y promover la civilización del hidrógeno. Nadie cree en ese ritual y los documentos no tendrán ninguna consecuencia.

El guión formal no excluyó, sin embargo, decisiones de verdad. Los dirigentes se comprometieron a realizar el máximo esfuerzo por el éxito de la conferencia sobre Irak. Lo más importante es que adoptaron todas las proposiciones del TABD y crearon el Forum de Cooperación sobre la Reglamentación, que tiene una agenda precisa.

Se consideran como prioridades: la armonización de las reglamentaciones en materia de autorización de salida al mercado para medicamentos y cosméticos, de normas de seguridad automovilística, de compatibilidad de normas en las tecnologías de la informática y las comunicaciones, de etiquetaje de productos alimenticios y de derechos del consumidor.

Nadie consideró oportuno informar a los electores franceses y holandeses que votaron por el «no» a la ampliación y a la liberalización de la Unión Europea sobre la decisión de ampliarla que se tomó del otro lado del Atlántico y de comenzar a someterla a las normas anglosajonas.

El Forum será administrado directamente por la Oficina de Presupuesto y Administración de la Casa Blanca y la Comisión de Bruselas.

[1] Esa conferencia es una idea que presentó el presidente Bush durante su gira europea de febrero de 2005. Convocada de forma conjunta por Estados Unidos y la Unión Europea, su objetivo es lograr que la mayor cantidad posible de Estados reconozca al gobierno de transición, resultado de las elecciones amañadas de enero.

[2] Holanda rechazó el Tratado Constitucional Europeo el 1ro de junio de 2005.

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