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El señor Uribe Vélez y su política económica neoliberal han sufrido un grave fracaso y revés con el TLC, en la capital del imperio, según lo reconoce Rudolf Hommes, uno de sus voceros más caracterizados y padre del neoliberalismo en Colombia [1], quien se despacha con insultos e improperios contra los burócratas del gobierno más vinculados con el asunto.

Al Ministro de Agricultura le dice despistado, cuando Uribe lo tiene por una asombrosa lumbrera. Al de Hacienda le pide que renuncie. A Montenegro, el de Planeación, lo insulta por narcosamperista y le recomienda que se vaya para el sanedrín del 8000, porque otro debe liderar el Plan Hacia un Estado Comunitario. Y al ministrico Palacio lo acusa de farolero por no estar atento a las tareas de protección social, asignadas a su despacho. De la cantaleta no se salva ni Uribe Vélez, a quien le canta su viraje para entregarse en manos del Comandante Chávez y sus gasoductos, y su paladeo con unos cuantos terratenientes que representan relaciones de producción anacrónicas.

Este Hommes cuando se pone bravo le pone picante a la cosa. Ojala siga así. Cosa seria.

Para quienes nos hemos opuesto al TLC por ser un instrumento de vasallaje y hemos sugerido otras alternativas de integración económica equitativa y simétrica, en el marco del emergente modelo informacional global, como el ingreso al MERCOSUR o la búsqueda de otros acuerdos con la Unión Europea o con China o con nuestros vecinos, es conveniente preguntarnos por las causas del reciente fracaso del TLC. Explorar este campo nos permite afinar la estrategia política contra la reelección y continuidad del regresivo proyecto que representa el Mesías narcoparamilitar.

Hay tres rangos de respuesta a la pregunta.

La primera es la del gobierno. Este ha dicho que aún no se han dado todas las condiciones porque se mantienen dificultades en temas como la agricultura, medicamentos, cuota cultural, biodiversidad y patentes. Argumento bastante oportunista después de conocer el pronunciamiento de Uribe Vélez en el sentido de que el TLC se firmaría así cayeran “rayos y centellas”, ofreciendo una evidente ventaja a los delegados del imperio, que ni cortos ni perezosos la cogieron en el aire y apretaron su propio horizonte de intereses geoestratégicos. El colmo del vasallo y entreguismo de un cipayo.

La segunda es la de analistas cercanos al régimen fascista. La actual campaña electoral se atravesó al TLC y la prioridad del candidato-presidente es la continuidad de su proyecto para derrotar las guerrillas revolucionarias. Eso está por encima de todo. Si por ahora hay que aplazar el Tratado, pues se aplaza para el año entrante su firma, una vez se consolide el triunfo electoral el 8 de mayo.

La tercera respuesta tiene que ver con la acción del campo popular y nacional. El actual revés del TLC no es más que el fruto de la amplia y enérgica gestión de la oposición y el movimiento popular contra este esperpento entreguista y antinacional. Durante los últimos 18 meses, diversas organizaciones y factores políticos han desplegado una profunda estrategia de denuncia de este instrumento de dominación de las multinacionales gringas. Los indígenas del Caúca realizaron una amplia consulta entre sus comunidades y la votación fue mayoritariamente contraria al Tratado; iguales resultados se han dado en las consultas hechas por estudiantes universitarios, educadores de bachillerato, campesinos y otros grupos populares. La Gran Coalición Democrática y las Centrales Obreras han desplegado una inmensa agitación ideológica desenmascarando los oscuros intereses que se esconden detrás de este plan contra Colombia.

Parlamentarios de la oposición de izquierda, como el destacado senador Jorge Robledo, han propiciado candentes debates en el Poder Legislativo para exigir claridad en los términos de las conversaciones con el gobierno de Mister Bush, sobre este peligroso convenio comercial que afectará gravemente los intereses nacionales. El movimiento guerrillero ha desenmascarado las intenciones geostratégicas de esta treta de sujeción. El candidato presidencial Horacio Serpa ha lanzado una novedosa y sugestiva campaña para impedir que se formalice esta oscura herramienta de vasallaje imperialista. Súmele a todo lo anterior el histórico discurso del Presidente Hugo Chávez en la Tercera Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata, donde anunció el entierro del ALCA por ser una nefasta patraña de los yanquis.

Sin lugar ha dudas esta potente movilización es la que tiene arrinconado el TLC y explica, por lo demás, el culillo del señor Uribe Vélez.

Todo esto me recuerda la brillante trama que llevó a la derrota del referendo en octubre del 2003. Cuando el movimiento popular y la oposición perseveran y se concentran en su objetivo, tienen éxito. Es lo que tenemos que hacer en los próximos 5 meses para enterrar la reelección del régimen fascista y su Mesías narcoparamilitar, en lo que no hay que ahorrar recursos.

[1] El Tiempo, 25 de noviembre de 2005, sección de Opinión, Articulo ’En manos del Comandante’, Rudolf Hommes.