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Evo Morales

Caminaron durante dos semanas hacia Oruro. Un día llegaron al camino carretero a Cochabamba y cuando lo estaban cruzando pasó un autobús desde el cual los pasajeros tiraban peladuras de naranja por la ventana. Ellos las recogieron y las comieron. Les pareció un manjar exquisito. A su región llegaba una naranja al año y los hermanos se la disputaban. Desde entonces, su gran deseo fue poder viajar un día en aquellos autobuses, lanzando peladuras de naranja por la ventana.

Evo Morales, de humildísimo origen, ha sido pastor, trompetista de orquesta y conscripto militar ha confesado que aún se lava él mismo su ropa interior y sus calcetines, lo cual es un indicador de su origen de clase. Ahora ha sabido interpretar los anhelos de las masas bolivianas, tantas veces frustrados a lo largo de la historia y ello le ha valido un respaldo popular sin precedentes.

Dentro de una semana, el próximo 18 de diciembre, se celebrarán elecciones en Bolivia. Candidato del Movimiento al Socialismo, Evo Morales apunta como ganador en las encuestas con el 32.8% de las preferencias de voto seguido del derechista Jorge Quiroga con el 27.7% de las intenciones y de Samuel Doria, de centro izquierda, con el 9.4%. El triunfo muy probable de Evo reforzaría un cuadro que se insinúa en ascenso en toda América Latina, el del avance de los movimientos populares, antimperialistas, de rescate de los recursos nacionales y oposición a la globalización y a las políticas empobrecedoras del FMI y del Banco Mundial. El gobierno de Bush se muestra muy alarmado con ese probable triunfo que situaría a Bolivia en el camino de liberación nacional de Fidel Castro y Chávez. La ultra derecha y la propagada yanqui han aprovechado esas coincidencias ideológicas para alarmar a la burguesía y suscitar una más viva oposición contra Evo.

En los últimos tiempos las marchas de campesinos, los bloqueos de carreteras, las protestas indígenas, las huelgas de hambre constituyen una clara señal de la desestabilización social y el descontento que impera en aquél país, rico en hidrocarburos. Bolivia se beneficia muy poco de sus recursos naturales que se encuentran en manos de las trasnacionales. Evo se propone, según ha dicho, refundar su país, combatir el analfabetismo y sobre todo, nacionalizar sus reservas de gas que constituyen, hoy el primer ingreso nacional.

No siempre fue así. En tiempos de la colonia aquella región fue el centro de la más rica extracción argentífera del nuevo continente: las minas de Cerro Rico de Potosí. Pero a inicios del siglo XX el estaño significaba el 94% de las exportaciones. Solo que la industria minera estaba en manos de tres grandes familias: los Patiño, los Aramayo y los Hoschild. La principal refinería de estaño boliviano se hallaba en New Jersey y Simón Patiño tenía sus oficinas en Delaware, residía de manera permanente en el Waldorf Astoria de Nueva York y raras veces visitaba su país.

En 1951 Víctor Paz Estensoro intentó la nacionalización de las minas de estaño al salir electo presidente pero el ejército se negó a entregarle el poder y se produjo un levantamiento popular, los mineros armados invadieron las ciudades y forzaron el cambio de régimen con una revolución nacionalista burguesa democrática. Todo terminó en otra frustración y otro golpe de estado.

En la actualidad la cocaína constituye otro de los serios problemas con que tropezará Evo. El gobierno de Bush presiona para limitar los sembrados, pero de hacerlo se arruinarían muchos campesinos. Evo Morales considera la legalización del cultivo de manera que puedan cumplirse proyectos comerciales en cartera como la compra masiva de coca que realizaría China para infusiones y uso farmacéutico.

De sus ocho millones de habitantes poco más de cuatro millones ejercerá el derecho al voto. De esa voluntad dependerá el destino del país, único en Latinoamérica que ha tenido un presidente, como Sánchez de Losada, que apenas mascullaba malamente el idioma español, un indicador de hasta dónde había llegado la sumisión de esa nación andina que funcionaba como una oficina de Wall Street.

Rebelión