Red Voltaire

Violencia de Estado, Violencia de Género en Atenco

Los días 3 y 4 de mayo del 2006, quedarán en la memoria de los habitantes de San Salvador Atenco, como unos de los días más tristes y violentos de su historia contemporánea.

| Ciudad de México (México)
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Qué mujer en México, sin importar sus ideas, puede honestamente quedarse callada?

Este pueblo, de unos 33 mil habitantes, dependientes aún de la economía campesina, fue testigo del enfrentamiento violento entre trescientos civiles desarmados integrantes del Frente de Pueblos por la Defensa de la Tierra y unos cuatro mil policías de distintas corporaciones que sometieron al grupo en resistencia y aterrorizaron al pueblo entero, allanando casas, destruyendo puertas y deteniendo violentamente sin orden de aprensión a 207 personas, incluyendo a niños, mujeres y ancianos, con un saldo final de un menor muerto y veinte personas heridas de gravedad. Lo que empezó siendo un acto de resistencia en solidaridad ante el desalojo de ocho vendedores ambulantes del vecino pueblo de Texcoco, se convirtió en un enfrentamiento violento, que fue presentado por la mayoría de los medios de comunicación, como el “restablecimiento del Estado de Derecho”, ante las arbitrariedades de un grupo radical. La imagen de un grupo de campesinos de Atenco, golpeando a un policía caído, fue transmitida una y otra vez, para justificar la violencia del Estado. El descontrol y la violencia de unos pocos, fueron utilizados para descalificar a todo el movimiento y presentarlo como un peligro desestabilizador para el Estado y el pueblo entero. La agresión contra el policía, debió haberse castigado de acuerdo a la ley, considerando que se contaba con las imágenes necesarias para reconocer a los agresores. Pero en vez de esto, las autoridades estatales y federales, optaron por hacer sentir toda la fuerza y violencia del Estado a personas inocentes, muchas de ellas inclusive ajenas al movimiento que se pretendía desarticular. Los testimonios de hombres y mujeres detenidos que han empezado a darse a conocer por organismos de derechos humanos después del desalojo, nos hablan de un grado de violencia física y sexual que recuerda los peores días de las dictaduras del Cono Sur.

¿Pero por qué tanta violencia contra un grupo de campesinos pobres desarmados? ¿Por qué la violencia sexual contra las mujeres del movimiento? ¿No era contraproducente para el Estado una respuesta represiva precisamente ahora que México ha sido elegido miembro fundador del recientemente creado Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas? Quienes han estudiado los efectos sociales de la violencia y el terror han apuntado hacia las dificultadas que implica el analizarlos y tratar de “explicarlos” desde un discurso académico. El antropólogo australiano, Michael Taussig, señala al respecto que: “Ante las historias de violencia y terror me enfrentaba a un problema de interpretación, hasta que me di cuenta que este problema de interpretación es decisivo para la reproducción del terror, no sólo vuelve muy difícil el poder desarrollar un contradiscurso efectivo, sino que a la vez vuelve mas efectivo lo terrorífico de los escuadrones de la muerte, las desapariciones y tortura, al desmovilizar y limitar la capacidad de resistencia de la gente. Al depender profundamente de la interpretación y el sentido, el terror se nutre a si mismo destruyendo el sentido y la racionalidad” . De igual manera la violencia desmedida con las que fueron tratados los detenidos de Atenco tiene el doble efecto de desmovilizar y despertar escepticismo, dificultando la elaboración de un contradiscurso. Este artículo se propone contribuir a la construcción de este contradiscurso, romper el silencio en el que nos ha dejado la indignación y salir de la indiferencia en la que hemos ido cayendo tras la liberación de alguno de los presos políticos de Atenco.

Frente de Pueblos en la Defensa de la Tierra (FPDT): Un Símbolo de Resistencia Las representaciones que los medios de comunicación han construido en torno al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, han enfatizado su carácter violento e intolerante, minimizando su importancia numérica y política y desacreditando sus liderazgos. Estas representaciones tienen poco que ver con los campesinos y campesinas solidarios, alegres e incluyentes, con un alto grado de organización y una profunda reflexión política que me tocó conocer el diez de abril pasado, en la Cañada de los Sauces, en Cuernavaca, Morelos, en uno de los eventos de resistencia multiclasista, más festivos en los que he estado.

En el marco de la celebración de la muerte de Zapata, los adherentes a La Otra Campaña en Morelos, nos encontrábamos esperando la llegada del Subcomandante Marcos, en el pueblo de Tetelcingo, cuando se nos avisó que la reunión se trasladaba a la Cañada de Los Sauces, en la colonia residencial de Tabachines, en donde la policía municipal estaba a punto de desalojar a un grupo de residentes e integrantes de grupos ecologistas, que se habían encadenado a los árboles de la cañada para evitar que estos fueran cortados y destruidos en aras de construir un eje vial que pasaría por la zona. La llegada de “La Otra Campaña” a la Cañada, hizo retroceder a las fuerzas policíacas, a las ambulancias, y a la maquinaria pesada que estaba a punto de arrasar con los árboles y sus guardianes. Al poco rato, por la calle principal llegaron unos doscientos campesinos y campesinas de Atenco, marchando de forma ordenada y marcando el paso con el ruido metálico de sus machetes. Venían a solidarizarse con los defensores de la Cañada de Los Sauces, cómo lo hicieron meses antes con los indígenas del municipio de Cacahuatepec, Guerrero que se oponen a la construcción de la presa La Parota, que expropiará sus tierras comunales; ó con los morelenses que enfrentaron a los empresarios de COSCO para defender los murales del Casino de la Selva; ó con los habitantes de Texcoco que se opusieron a la instalación de un Wall Mart frente a las pirámides de Teotihuacán. En todas esas luchas, los campesinos de Atenco estuvieron presentes, compartiendo estrategias y experiencias. Su triunfo en agosto del 2002 cuando lograron la cancelación del proyecto del aeropuerto de Texcoco que pretendía expropiar cinco mil hectáreas de tierras ejidales, los ha convertido en un símbolo de resistencia ante los embates de la globalización. Todas estas luchas locales, comparten una búsqueda de formas alternativas de desarrollo menos depredadoras y más respetuosas de la naturaleza y de la herencia histórica de los pueblos. El triunfo de Atenco, fue un símbolo de que SI SE PUEDE decir “No” a un modelo económico neoliberal, que excluye e ignora los intereses de las mayorías.

Este fue el mensaje que el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, llevó a los habitantes de la colonia residencial de Cuernavaca, animándolos a seguir resistiendo, en sus discursos les dijeron que su lucha en defensa de los Sauces, coincidía con la lucha en defensa de la tierra de muchos pueblos indígenas y campesinos de México. Con sus palabras y sus canciones, fueron rompiendo la barrera de clase que los separaba. El mitin terminó en una gran tertulia popular en la que las amas de casa de Los Sauces, dieron de comer a los asistentes, los trabajadores de Pascual Boing les repartieron jugos, y los campesinos de Atenco alegraron la tarde en un evento musical en el que sus trovadores cantaban corridos sobre sus luchas de resistencia, mientras que las mujeres bailaban de dos en dos chocando los machetes en el aire, en un baile acompasado, ritual que recordaba los bailes religiosos de las comunidades indígenas. Eran mujeres fuertes, extrovertidas, que gritaban consignas y blandían sus machetes con la familiaridad de quien esta acostumbrada a usarlos cotidianamente. No pude evitar pensar en las mujeres zapatistas y en tantas otras mujeres que desde abajo están luchando por la construcción de una vida más justa. Me sentí inundada de su energía política. Nunca me hubiera imaginado que semanas más tarde, estaría viendo a estas mujeres ensangrentadas, humilladas, silenciadas… la energía política que sentí ese diez de abril fue el peligro que el gobierno quiso aniquilar. Como estudiosa de los movimientos sociales, quedé impresionada ante el nivel organizativo del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra; ante su capacidad para sistematizar su propia historia de lucha a través de los corridos; ante la fuerza de sus mujeres que tenían un papel protagónico en el movimiento y ante la evidente influencia que estos campesinos tenían sobre los jóvenes estudiantes que estaban en el mitin. Entre la multitud, me tocó ser testigo de un ritual informal de “entrega de cargo” en el que un anciano de Atenco, le entregó a una joven estudiante de Chapingo su machete. Un grupo de jóvenes rodeaban a la pareja y gritaban consignas, mientras que el campesino le dirigía un discurso improvisado a la muchacha, que recibía el machete como recompensa por su solidaridad con las luchas campesinas. Me pregunto si esta joven será una de las mujeres ultrajadas por en la cárcel de Santiaguito, ¿fue este el costo que pagó por aceptar el “cargo”? En ese momento pensé que era necesario que alguno de mis estudiantes analizara esta experiencia.

Tal vez eso mismo pensaron los maestros de los dos estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, que ahora enfrentan cargos penales por su presencia en Atenco el 4 de mayo. La policía no entró aquella tarde a la Cañada de Los Sauces y sus habitantes lograron finalmente llegar a una negociación con el gobierno del Estado y reubicar la construcción del eje vial. El costo político de arrasar un fraccionamiento residencial o allanar la casa de un notario, hubiera sido demasiado alto. La represión llegó más tarde en tierras de pobres, en donde aparentemente iba a ser más fácil silenciar las denuncias y desarticular al movimiento en nombre del Estado de Derecho. La Violencia de Estado: Desarticulando el Movimiento Este acercamiento al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, me hizo desconfiar de inmediato de las imágenes de extrema violencia hacia un policía por parte de algunos de los habitantes de Atenco. Hasta la fecha la prensa no ha dado a conocer los nombres, ni la historia personal de los agresores, pero no es de descartar que el movimiento haya sido infiltrado por provocadores para tener un pretexto para lanzar una campaña represiva. Puede ser también, que la rabia acumulada de tantos años de lucha haya explotado en un incidente de violencia irracional que ha tenido un alto costo para todo el movimiento. No tengo la respuesta a estas preguntas, pero lo que es evidente y hay que seguir repitiendo, es que nada justifica el uso de la violencia policíaca y la violación de los derechos humanos de los detenidos. El mismo poder Legislativo de ese estado, parece haberse adelantado a este tipo de incidentes emitiendo una Ley en febrero del 1994 llamada la Ley para Prevenir y Sancionar la Tortura en el Estado de México, en la que se establece en sus artículos 2do, 3ro y 5to que cómete delito de tortura cualquier funcionario público que “Le inflija al inculpado, golpes, mutilaciones, quemaduras, dolor, sufrimiento físico o psíquico, lo prive de alimentos o agua. Es igualmente responsable el servidor público que instigue, compela, autorice, ordene o consienta su realización, así como quienes participen en la comisión del delito….

No se considera como causa excluyente de responsabilidad del delito de tortura, el que se invoque la existencia de situaciones excepcionales, como inestabilidad política interna, urgencia en las investigaciones o cualquier otra circunstancia. Tampoco podrá invocarse como justificación el hecho de haber actuado bajo órdenes superiores.” (énfasis mío, ver [1]. En los desalojos policíacos de Atenco se allanaron y destruyeron casas sin orden de cateo, se detuvieron y encarcelaron 207 personas sin órdenes de aprensión, se asesinó a un menor de edad, se hirieron de gravedad a veinte personas, una de las cuales se encuentra aún en estado de coma; se cometieron veintitrés agresiones sexuales a mujeres, siete de ellas violaciones; La gubernamental Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha recibido 150 quejas de los habitantes de Atenco. Ninguna autoridad municipal, estatal ó federal, ha reconocido su responsabilidad en estos hechos y el presidente Vicente Fox se ha limitado justificar el uso de la violencia policíaca “como la vía para traer paz a los habitantes de ese municipio ante una embestida de violencia” (La Jornada, 13 de mayo 2006). De los detenidos el 3 y 4 de mayo, 17 quedaron libres, a 144 se les acusó de ataques a vías generales de comunicación, delito no grave por el que pueden obtener la libertad bajo fianza y 28 de los detenidos, entre ellos el líder del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, Ignacio del Valle Medina, así como su hijo, César del Valle, han recibido acto de formal prisión por los delitos de secuestro equiparable y ataques a las vías de comunicación.

Mientras que la Ley se aplica de manera discrecional a estos luchadores sociales, los responsables de las violaciones a los derechos humanos en Atenco siguen hablando cínicamente en nombre del Estado de derecho. Es importante apropiarnos del discurso gubernamental que habla de aplicar toda la fuerza de la Ley en el caso de Atenco, y presionar por que empiecen por aplicarla a los funcionarios responsables. La Violencia de Género: Sometiendo a las luchadoras sociales Si las mujeres de Atenco blandiendo sus machetes en el aire, se habían convertido en un símbolo de la resistencia campesina, de igual manera sus caras y cuerpos ensangrentados son ahora un símbolo de la ignominia del estado represor que pretende tener el monopolio de la violencia en México. Los testimonios que han salido a la luz pública en las últimas semanas nos hablan de la forma específica que toma la violencia en sistemas patriarcales que siguen viendo a las mujeres como botines de guerra. Tanto la Comisión Nacional de Derechos Humanos, como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro A.C. han recogido testimonios directos con las mujeres presas que dan fe de las agresiones sexuales que estas sufrieron. La mayoría de las denunciantes han preferido mantenerse en el anonimato por temor a más violencia, pero las estudiantes extranjeras deportadas: la chilena Valentina Palma, la alemana Samantha Diezmar y las españolas Cristina Valls y María Sastres, han denunciado las agresiones sexuales que sufrieron, así como las violaciones de las que fueron víctimas otras mujeres presas. Los testimonios dados a conocer por los organismos de derechos humanos dan cuenta, no de un caso aislado, sino de una estrategia de agresión sexual que fue fundamental en el operativo policiaco:

“Empezaron a golpearnos con las macanas en la cabeza. Me empezaron a hacer tocamientos en ambos senos y nalgas. De pronto sentí que una mano tocaba mis genitales e introducía sus dedos en mí” “Hay casos como el de una mujer de 50 años que fue obligada a hacer sexo oral a tres policías para que la dejaran libre. Ella, dolida, avergonzada, con el rostro escondido, narra que salió de su casa porque iba a comprarle un regalo a su hijo, por eso los uniformados se aprovecharon de ella. Le dijeron, narran: “si quieres quedar libre tienes que darnos una mamada a cada uno”. Ella nos comentó que no quería, pero tenía miedo de que la golpearan, como lo habían hecho con otras detenidas, así que tuvo que acceder a hacer lo que ellos querían. Al final, la dejaron irse”. “En eso cerraron la puerta del camión (tipo van) donde nos tenían y uno dijo: “a esa perra hay que hacerle calzón chino”, y me empieza a jalar la pantaleta. Se dan cuenta que estaba en mi periodo de menstruación, porque tenía una toalla sanitaria. Le gritó a otros policías: “Miren esta perra esta sangrando, vamos a ensuciarla un poquito más”, sentí como introdujo violentamente sus dedos en mi vagina repetidamente, hasta el cansancio. Yo ya no estaba bien, pero me acuerdo que decía: Dios mío que me van a hacer” Ante estas denuncias la fiscal especializada para la Atención de Delitos Cometidos contra las Mujeres, Alicia Elena Pérez Duarte, de la PGR reconoció que cuando trató de ubicar a las mujeres detenidas los representantes del gobierno del Estado de México, negaron que hubiera mujeres encarceladas.(La Jornada, 12 de mayo del 2006). Este ocultamiento nos habla de una red de complicidades que posibilitaron la estrategia policiaca de terror y hostigamiento sexual.

El Secretario de Gobernación, Carlos Abascal minimizó la importancia de estas denuncias y puso en duda su veracidad. Otros funcionarios menores cómo el jefe de la policía regional, Wilfredo Robledo y el portavoz del Departamento del Interior, del Estado de México, Emmanuel Avila, descalificado las denuncias cómo parte de la estrategia legal de la defensa. Mientras tanto los organismos de derechos humanos han señalado que este tipo de delitos se debe de perseguir de oficio, por lo que corresponde al Ministerio Público iniciar la investigación. Es importante aclarar que el mismo Código Penal del Estado de México tipifica el delito de violación en su artículo 273 especificando que: “Comete también el delito de violación quien introduzca por vía vaginal, anal u oral cualquier parte del cuerpo, objeto o instrumento diferente al miembro viril, por medio de la violencia física o moral, sea cual fuere el sexo del ofendido.” Y que en el artículo 274 del mismo código se establece como agravante el carácter tumultuario de la misma, es decir cuando más de una persona participa en la agresión sexual, activamente o apoyando al agresor. Bajo estas definiciones, la experiencias descritas por los testimonios antes citados, no son sólo agresiones sexuales, sino que pueden ser tipificadas como violaciones y como tales deben perseguirse de oficio. La agresión sexual a las mujeres de Atenco viene a engrosar la larga lista de mujeres violadas por motivos políticos en los últimos dos sexenios Para los sectores más conservadores de la sociedad mestiza e indígena, la existencia de mujeres organizadas en alguna comunidad o región se ha convertido casi en un sinónimo de influencia zapatista, aunque esto no sea necesariamente así. Las mujeres organizadas, zapatistas o no zapatistas, se han transformado en un símbolo de resistencia y subversión por lo que han sido el centro de la violencia política. El uso político de la violación sexual fue uno de los puntos que se tocó en la primera fase del diálogo entre el EZLN y el gobierno, en la Mesa.

Uno sobre Cultura y Derechos Indígenas, que se llevó a cabo del 18 al 23 de octubre de 1995 en San Cristóbal de las Casas. En la Mesa de Mujeres de esta reunión las invitadas del gobierno federal y del EZLN, a pesar de sus diferencias políticas, coincidieron en demandar que la violación sexual sea considerada como un crimen de guerra, de acuerdo a lo establecido por convenios internacionales. Sin embargo, hasta la fecha no se ha realizado ninguna iniciativa para operativizar los acuerdos a los que se llegó en estas mesas de trabajo.

Análisis de género en otras regiones militarizadas como Davida Wood en Palestina (1995) o Dette Denich en Sarajevo (1995), señalan que en contextos de conflicto político militar la sexualidad femenina tiende a convertirse en un espacio simbólico de lucha política y la violación sexual se instrumentaliza como una forma de demostrar poder y dominación sobre el enemigo. Atenco no ha sido una excepción, la represión policiaca ha afectado de manera específica a las mujeres cómo nos lo muestran los testimonios antes citados. Desde una ideología patriarcal, que sigue considerando a las mujeres como objetos sexuales y como depositarias del honor familiar, la violación y la tortura sexual son un ataque a todos los hombres del grupo enemigo. Al igual que los soldados serbios, los policías de Atenco “Se apropian de los cuerpos de las mujeres simultáneamente como objetos de violencia sexual y como símbolos en una lucha contra sus enemigos hombres, reproduciendo esquemas de los patriarcados tradicionales, en los que la ineficacia de los hombres para proteger a sus mujeres, controlar su sexualidad y sus capacidades reproductivas, era considerada como un símbolo de debilidad del enemigo” (cf. Denich 1994: 16, traducción mía). A pesar de la efectividad que el miedo tiene en la desarticulación de la resistencia social, es evidente que las mujeres de Atenco están dispuestas a seguir luchando por sus derechos como mujeres y por los derechos de sus pueblos. Sus denuncias ante los organismos de derechos humanos son un contradiscurso que se propone romper el silencio del terror, nos toca a nosotros y nosotras hacer eco de estas voces y demandar que se haga justicia.

Fuente
CIESAS
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social

Aída Hernández Castillo

Antropología Jurídica y Derechos Humanos Doctora en Antropología (Universidad de Stanford, EE.UU.).

 
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