En 1862, se publica en Francia Los Miserables de Víctor Hugo. El personaje: Jean Valjean ha robado para subsistir. Tras 19 años de cárcel y libre, Valjean, sigue atosigado por su pasado. Debe cargar, permanentemente, un salvoconducto que muestra su excondición de ladrón. Repugnado socialmente, se tropieza con un clérigo que le exime de su pecado a cambio de dedicar el resto de su vida a hacer el bien. Lo da todo. Sacrifica su libertad y su vida. De hecho, lo hace. Y muere feliz. En 1866, cuatro años más tarde, circula en Rusia Crimen y Castigo. Novela escrita por Dostoievski. Narra la historia de un estudiante menesteroso, Raskolnikov, que fragua una treta para asesinar y saquear a una anciana usurera y miserable. De manera tal, que remedia sus problemas económicos y, a la vez, hace un favor a la sociedad, salvándola de la perversidad de la rancia abuela. Un ser excepcional: su conciencia está más allá de los límites morales de los mortales. Particular personaje. Tiempo después se quebranta, conmovido por la imagen imborrable de su crimen. ¿No es, entonces, un ser excepcional? Lo extinguen sus culpas. Se entrega a las autoridades y paga, en las gélidas tierras de la Siberia, el crimen que cometió.

En 1988, Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, más conocido como el General Pinochet, es derrotado mediante un Plebiscito después de 15 años de dictatura militar en Chile. Una dictadura, como todas, empapada de sangre y bestialidad. Aún así, sus seguidores, lo consideran un Mesías. Salvó el país del comunismo: un ser excepcional. Enjuiciado en Inglaterra y Chile. El 10 de diciembre de 2006, murió. Pinochet no fue castigado. Más tarde, sus cinco hijos, su esposa y 23 personas más son inculpados del delito de estafa de fondos públicos. Procesos, los de Pinochet y su familia y los otros, dejados sin efectos jurídicos. Libres los unos, muertos los otros campean por lo terrenal y por lo divino.

El 1 de marzo de 2008, Luis Edgar Devia Silva, alias Raúl Reyes, muere durante un bombardeo del ejército colombiano a su campamento. Se va al más allá. Se lleva toda una historia de ignominia. Su gran herencia los famosos computadores. De allí se construirá la historia oficial, la de un solo lado. La otra, la de miles de colombianos azotados por su crueldad quedará en veremos. No estará para pagar por sus actos.

En 1966, Pedro Antonio Marin, alias Tirofijo, funda las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Desde ese tiempo ha aterrorizado a Colombia. Coacciones, asaltos a pueblos miserables, asesinatos y masacres. Sus manos, su rostro, su cuerpo y su alma manchados de sangre. El 26 de marzo del 2008, murió longevo. Según Juan Manuel Santos, “ingenuo Ministro”, está en el infierno. En la tierra quedó sobregirado. Ni a la justicia ni a la sociedad logró cancelar su deuda.

El 13 de mayo del 2008 viajan a cantar, al país del norte, la monstruosa orquesta Los 14 del Swing. Conformada, entre otros, por Salvatore, Jorge, Cuco, Berna, Gordo Lindo, El Patrón, El Tuso, El Burro, El Mellizo. Todos expertos en el arte de masacrar, expoliar y desaparecer ciudadanos. Sus fortunas amasadas con sangre y violencia. En EE.UU., acusados de meros narcotraficantes. Acá en Colombia, justicia y reparación por sus crímenes, una burla.

Valjean y Raskolnikov, personajes del siglo XIX. Seres extraños: un ladrón y un asesino. Hombres de ese siglo. Hombres que redimen sus culpas. Hombres capaces de pensarse éticamente.

Augusto José Ramón Pinochet, Luis Edgar Devia, Pedro Antonio Marín, Carlos Castaño, Salvatore, Jorge, Cuco, Berna, Gordo Lindo, El Patrón, El Tuso, El Burro, El Mellizo y otros más. Todos asesinos. Hombres todos de los siglos XX y XXI. En estos tiempos los hombres no redimen sus culpas. La justicia tampoco cumple cabalmente su fin. Crímenes sin castigos. ¿Algunos de estos hombres y otros más, del siglo XXI, serán capaces de pensarse éticamente?