¿Puede la supuesta honra de un gerente general, servir de pretexto para judicializar el caso de un libro que revela gruesas fallas e irregularidades como las habidas en la concesión del Aeropuerto Jorge Chávez a la empresita Lima Airport Partners, LAP, por 30 años? Aquí en Perú ha sucedido. En el 57avo. Juzgado Penal, me denunció en el 2008 Jaime Daly Arbulú, funcionario de esa firma. Y en el 9no, por extraña coincidencia y también por el supuesto delito de difamación agravada, lo hizo Lima Airport Partners. Como no ocurre desde hace decenios en la patria de nuestros días se persigue un libro ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas! http://www.voltairenet.org/article1... ante el silencio culposo de gran parte de los medios de comunicación, los oídos sordos de múltiples políticos e intelectuales, autoridades, jueces y colegas muy bien enterados de cuanto ocurre y ante esa sordina bien vale la pena preguntarse ¿son esas las caídas hondas del alma que blasfemaba César Vallejo, es esa la pereza cívica que evade protestar, rechazar y combatir lo evidente, miserable y ruin de una cacería humana? ¿quién, de ahora en adelante puede afirmar que no sabía del asunto con absoluta prescindencia del fortuito protagonista de este capítulo?

Como enuncié el 23-11-2008, en el programa El Perro del Hortelano que dirige César Hildebrandt, todo el pueblo peruano sabe que el Aeropuerto Jorge Chávez es una coladera para el narcotráfico que inocula decenas de toneladas de la droga anualmente y la concesionaria Lima Airport Partners, LAP, no puede, no hace o no quiere, no sabemos con certeza qué verbo aplicar, lo correcto para impedir, pulverizar y destrozar semejante comercio criminal. En efecto, hemos denunciado penalmente a quienes resultaran responsables y en perjuicio del Estado peruano (28 millones de habitantes) de esta circunstancia anómala bajo cualquier punto de vista. Con la excepción de La Primera, el resto de medios ha ignorado un acto que según las certeras palabras de un colega “ya era hora que se hiciera formalmente”.

Resulta imprescindible un testimonio de humildad de parte. Carezco de cualquier columna periodística en blanco y negro. Tampoco tengo minutos en ningún programa radial. Mucho menos soy acogido en la televisión. Por tanto puedo decir con cierta base que soy casi un anónimo. Sin embargo Jaime Daly Arbulú y Lima Airport Partners, LAP, me denuncian en dos juzgados penales distintos y por la misma causa ante la pasividad de jueces que admiten cualquier pretexto con tal de “cumplir” su tarea de impartir justicia. ¿Será que tengo un poder, que soy el primero en no conocer, tan fuerte que me hace objeto de tanta pasión inferior con tal de meterme a la cárcel bajo la premisa mafiosa que “muerto el perro, se acaba la rabia”? Algo debe estar ocurriendo porque los abogángsteres leen cuanto escribo, siguen mis modestas conversaciones y averiguan qué hago y no hago. Sólo llegan a librerías, eventos culturales, marchas de protesta y a la construcción de fórmulas liberadoras del pueblo peruano en interpretación genuina de mis ideales para los que busco, evidentemente, los caminos de victoria. Nadie es objeto de esta persecución a la que se quiere sentenciar el martes 6 en el 57avo. Juzgado.

Me dijo, días atrás, una persona: “no se sienta solo”. Sí es cierto. Hasta hoy el apoyo de sindicatos, asociaciones, gente común y corriente, profesores, artistas, uno que otro político, contados periodistas, más del exterior que de aquí, empresarios valientes, ha sido prodigiosamente enaltecedor de la lucha y del tremendo esfuerzo que demanda lidiar con palafreneros nativos del poder foráneo en asimetría evidente y brutal. Las contribuciones han sido simbólicas, contadas con los dedos de la mano, pero energéticas y bienvenidas. ¿Qué van a hacer de ahora en adelante? No lo sé a ciencia cierta, sólo puedo anticipar que si persisten en la elevada fe de creer en la construcción del Perú y continúan ayudando, mi agradecimiento más diáfano y emocionado va con estas pocas líneas plenas de convicción, preñadas de elan imbatible, robustas en voluntad de triunfo.

Otra casualidad sospechosa: el ex editor de un diario fue echado del mismo y a mí me soltaron los perros judiciales con dos casos de esa índole. En el 2008 habíamos logrado la publicación de más de 30 artículos sobre la guerra de rapiña de Chile contra Perú entre 1879-1883. Los dos hemos sido castigados, uno con la expulsión laboral y otro con la artillería desde Palacio de Justicia. Coincidencia que no deja de llamar la atención. ¿No le parece?

El escandaloso silencio de las organizaciones de derechos humanos comprueba, una vez más, cómo se trafica y de qué modo el dinero y recursos que se obtienen sirven para cohonestar la violación de estos derechos en quienes no son amigotes o compadres de los titulares de estas organizaciones de nuevos gángsteres.

Demando que se olvide el nombre y el apellido de quien está denunciado si eso produce el alivio de antipatías. Exijo que se entienda que la razzia contra un libro y su autor, hecho que nos devuelve a las catacumbas de hace 40 ó 50 años y es una verguenza vomitiva, podría ser contra cualquier otro y por motivos mucho más baladíes y frágiles. ¿Qué hacer? O aceptar con esa anuencia borreguil cuanto haga el poder de los mandones desde los tribunales escenarios de venganzas o trabajar orgánicamente en el rechazo y repudio de estas acciones que envilecen a cualquier pueblo. Cada quien tiene el derecho –o la cobardía- de escoger su propio camino. Nadie puede evitar el conocimiento del facto que debiera más bien exigir que LAP aclare las sólidas denuncias de que es objeto en el libro ¡Estafa al Perú! No hay honra –más supuesta y pretextada que real- por encima de los grandes intereses del pueblo peruano. ¡Y no hay empresa, por abusiva que fuere, que pueda embarrarse en el destino liberacionista y revolucionario de 28 millones de habitantes! ¡Y los jueces debieran entender que el poder para coactar, impedir la denuncia, encarcelar a hombres libres, sólo es el vil negociado culpable que estupidiza a cualquier sociedad! ¡Y el Perú no es una excepción!

En pleno combate.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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