Ni las estridencias o provocaciones del sur hacia el norte o viceversa pueden –ni deben dejarse pasar- o constituir hitos lodosos en la difícil vecindad que mantiene Perú con Chile. El título de la opus magna de Alfonso Benavides Correa La difícil vecindad representa una visión exacta de la inevitable, mientras que existamos porque así lo dicta la geografía y la geopolítica, coexistencia entre nuestros dos países. Resbalar por la fácil pendiente de los histerismos, ridiculizaciones, cuentos mediáticos, no beneficia en nada. Y hoy más que nunca, frente a un contencioso que inicia sus exposiciones en marzo en La Haya, el reto debe ser contestado con altura de horizonte y con capacidad de hombres de Estado constructores y líderes de su destino en paz y complementariedad.

De manera que los ignorantes bullangueros, aquí y acullá, debían ser puestos en salmuera. No otra cosa merecen quienes son habituales habladores de lo que no saben habida cuenta que sobre el asunto tampoco hay mucha información que, esperamos, sea dada a conocer en el momento preciso. Los petardos no apisonan alamedas, más bien destruyen. Y hay muchos candados que colocar a varios lenguaraces incontinentes. Como deviene obvio es aquí donde hay que aplicar unos cuantos azotes a ciertos irresponsables que sueltan fábulas sobre correos electrónicos. ¿Qué rol cumple una prensa que da cabida a asuntos tan vulgares como aquellos? ¿o el idiotismo contemporáneo se enseñoreó absolutamente del anémico cerebro de estos hombres de prensa? El nivel se marca y la polémica se avitualla de fuentes serias y jurídicamente impecables.

Ayer en el programa El Perro del Hortelano que dirige César Hildebrandt, el economista Alan Fairlie y el académico Aníbal Sierralta, discurrieron con cifras, tesis e informaciones en torno a la difícil vecindad con Chile. La alusión a las asimetrías entrambas economías abundaron y las consideraciones geopolíticas, ídem. Este camino sereno expuesto por televisión debiera constituirse en una constante informativa desde abajo y desde dentro y hacia el público peruano de cómo sí se puede introducir cuotas responsables y de aporte en ayuda a la posición nacional. Ha hecho bien, muy bien, Hildebrandt porque se hace portaestandarte y gonfalonero del homenaje militante a los que lucharon por la patria. ¡Enhorabuena!

¿Y qué hace el resto de periodistas? A no pocos el tema de la difícil vecindad Perú-Chile les suscita el clamoroso envión de las campanas tubulares ante la puerta de Kiev que denotara en Cuadros de una exposición Mussoursky. No es la música turca que introduce Beethoven en la Oda a la alegría del genial Schiller y en ese epocal cuarto movimiento de la 9na, porque es más bien la aridez que produce la ignorancia y el gusto indigesto de vivir en la nebulosa con respecto a un vecino cuya hambre y norte le indican por dónde venir con sus inversiones y no pocas veces, patanerías no mondadas y deleznables. Leí hace pocos días alusiones que navegaban la maravilla de la música sinfónica y no resistí comprobar una coincidencia más en ese inmenso bosque de creación que generan las creaciones sublimes del hombre.

En multitud de textos, y desde hace larguísimos años, hemos aludido a la difícil vecindad. Fuimos admiradores y estudiosos atentos de las lecciones del maestro Alfonso Benavides Correa y estamos siempre al son de las trompetas del Jericó que predica la patriótica voz de Vicente Ugarte del Pino y desde el equipo de Perú Heroico tenemos ambiciones constructivas y fílmicas de empaque invicto. Es hora que la nación, unida y multánime, acometa con responsabilidad las horas que llegan. ¡Cada quien a su puesto de combate!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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