A no pocos idiotas se les ha ocurrido el mayestático y abisal trueque de dar prioridad a los potentes cebiches, a los inefables piscos y no olvidemos los pollitos a la brasa cuando se habla de planteamientos geopolíticos con nuestro vecino del sur, Chile. El gas, el agua, nuestros inmensos recursos de riquísima índole, la vasta masa demográfica de 28 millones de habitantes y la ubicación de país central comunicador inmejorable con Asia, pierden importancia en las exégesis de estos mercenarios a quienes el soplo gastronómico de sabrosas viandas embruja, seduce y envilece en las rutas del tracto intestinal.

Ante la comprobación ineluctable del monstruoso avituallamiento de armas que incrementa día a día el país del sur, los estrategas de juguete y bonete responden que cada día son más las cebicherías y pollerías las que inundan la capital chilena. Sin olvidar ¡jamás de los jamases! la consabida copa (mejor dicho botellas) del genuino y único pisco existente en el mundo. Mirándolo bien el asunto da para mucho más que risas o gestos simpáticos. Hay quienes en medio de este festival de imbecilidad y adocenamiento servil, gozan de lo lindo. Ya no necesitan de muchos tanques, aviones o barcos, los nativos cómplices y quintacolumnas se encargan de tamizar la ruta invasora aunque esta vez en términos de conquista de cerebros, entrenamiento exhaustivo de cipayos y estultos comunicadores de bolsas llenas para contentar sus ambiciones proditoras. ¿Qué más querría quien necesita expandir su territorio y margesí de inversiones ante la pobreza inconcusa de su insuficiente faja costera de 7 mil kilómetros?

¿Qué hacen los representantes oficiales del Perú? Hubo uno que comparó la cueca con la marinera y les llamó bailes hermanos. Ese es el que sostuvo que hay una nueva clase de ciudadanos en Santiago y contribuyó no poco a su censo tributario y domiciliario como si el control estuviera al margen de esas movidas que efectúan las policías migratorias en cualquier parte del mundo, especialmente en el sur y ¡con los peruanos! ¿Dirá Hugo Otero que fue la fraternidad de los pueblos el giro que movió a la celosa custodia de extranjeros en ese país? Que él camine como Pedro por su casa es un tema diferente y que abarca hasta su nacimiento.

¿Podemos preguntar de qué se ocupan los representantes diplomáticos? Hay un cónsul que es casi un retrasado mental y no pocas veces en Chile y en otras partes ha protagonizado bochornosos actos de ineficacia administrativa, personal y profesional. De lo que sí se acuerda este señor es de olvidar a los peruanos y con eso vive contento. ¡Qué majadería!

Un país no se mide sólo por la ingesta o por el rédito copioso que gana el que pone un negocio sea la pollería o cebichería o pisquería que fuere aquí o acullá. Significar que esos comerciantes constituyen la avanzada exportadora del Perú representa un autoflagelamiento vergonzoso e inadmisible para cualquier persona decente. ¿O sea que los peruanos sí sirven para preparar cebiches, servir piscos o dorar pollitos y nada más? Los sentimientos fenicios de una minoría no pueden imponerse a los designios nacionales de un país entero.

Pocos días atrás se tomó conocimiento de una producción chilena en torno a Miguel Grau y el combate de Iquique. Como hay personas que son buenas gentes se ha evitado cualquier mención guerrera y ríspida contra el gran marino peruano. No sólo eso. Existe una corriente de revalorización del gran amigo de Arturo Prat. ¡Qué interesante, hay que olvidar las circunstancias económicas que empujaron esa guerra de rapiña contra Perú y que protagonizara Chile entre 1879-1883 y bajo pretextos todos banales y que luego llevaran a cabo la primera “limpieza étnica” en el país invadido al que no pudieron vencer en La Breña gloriosa de Cáceres y hubieron de retirarse luego de cometida la gigantesca y monstruosa expoliación que llevaron a cabo!

¿Será casualidad que hay un contencioso jurídico por delimitación marítima con Chile en La Haya? ¿Qué tanto será lo referido al tratado de libre comercio con el país del sur que carece de validez congresal en Perú? ¿No será que hay aquí quienes pretenden olvidar a troche y moche esas llaves maestras de cualquier negociación geopolítica que son el gas, el agua, nuestros inmensos recursos a lo largo y ancho de la patria?

No basta con ser imbéciles para reducir la política externa de un país a la cebichización y a la tragadera monda y lironda. Hay que ser también necio y traidor.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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