El principio es el mismo: el que vive en la zona sur paga también como que el que vive en San Borja o La Molina, el cable que transporta la señal de decenas de canales locales, los mínimos y esmirriados y el resto, internacionales y muy variados, lejos de constituir como alguna vez, un par de décadas atrás lo fue, un signo distintivo de estatus hoy es casi el signo inequívoco de quien se compra un televisor cada día más barato: todos quieren ver el cable. Lo notable, mayestático y singular que ha ocurrido desde hace 7 días es que Telefónica, la empresa española que afincó sus reales durante el régimen delincuencial de Kenya Fujimori, ha inventado el ¡cable a cuentagotas!

En ciertas circunscripciones el suministro de determinados bienes, agua, electricidad, etc, llega de manera parcial y a juicio de las autoridades municipales o barriales. En este caso, nadie conoce con certidumbre quiénes son los científicos sociales o aventureros a secas los que se han erigido en jueces dictaminadores de qué a hora debe verse cable y a qué horas descansar. Por lo menos a mí no me preguntan, antes de cortar toda la emisión, si estoy de acuerdo en yugular los interesantísimos e irremplazables enviones de Biography o de Telefe de Buenos Aires. Tengo mis muy serias dudas que cualquiera de ese foro distinga los ribetes disímiles que hay entre un teléfono celular y un elefante de juguete a plazos.

¿Está permitida la censura en Perú? Hay que preguntárselo y de pasadita a los recatadísimos integrantes del Establo de la Plaza Bolívar, transigente con un TLC de contrabando como el ocurrido con Chile y que la Confiep y los empresarios comechados se sienten en el “deber” de defender. ¿Sabrán estos estúpidos qué ocurrió durante la ocupación de Lima entre 1881-1883 hasta la implantación de la paz a la medida del traidor Miguel Iglesias con gastos pagados y señalados en el Protocolo Complementario de esa claudicación y que ha sido disimulada por los múltiples “historiadores” plásticos y honorables que ha tenido la república? ¿creerán que por oficiar de vasallos de los reiterados invasores ocasionales, van a conseguir pitanzas o escupitajos? ¡Que vocación de rastreros no les falta ni un ápice!

Pueblo que no aprende de su historia, vuelve a cometer los yerros que le hundieron en la miasma de la infamia. Y aquí hay una vocación inocultable por no sólo parecer estúpidos sino hacer gala pública de semejante tara. ¿Bastará recordar la clase de gobernantes a todo nivel y políticos y empresarios que tenemos?

¿Si se paga la mismo, no debiera ser lo usual que se obtuviera por el servicio –el cable televisivo- los mismos resultados? Es decir: 24 horas de transmisión indiscriminada y en cualquier idioma legible que pueda entender quien así lo escoja. ¿Con qué derecho una cáfila de capituleros ignaros se constituye en quien digita qué puedo y qué no puedo ver? La independencia se marca desde el momento en que se asume el compromiso de sufragar un producto aunque, como en este caso, sea una verdadera mugre su instalación, su transmisión –cuando la hay, entre 8 am. y 6 pm.- y luego de soportar las mentiras totales y lobotómicas que profieren los ejecutivos de Telefónica que están persuadidos que tratan con bestias del mismo nivel académico y que comulgan en que no hay problema en que un servicio recién instalado pueda fallar calamitosamente y suspenderse porque ellos aún no aciertan a controlar el desmán en su tablero central. ¡No una, cinco o seis veces me han pretendido embutir estas pseudo-explicaciones. Lo lamento por esos empleados que de tanto tratar con burros y conformistas ya habían bajado la guardia y han perdido el entrenamiento para enfrentar a espadachines con canas y mucha cancha como margesí de experiencia. Me encanta recordar a los chicos de Telefónica que en 1998 le gané ¡6 juicios! administrativos a esta empresita y el primer recibo telefónico lo pagué en agosto. ¡Y a plazos! (Eso sí fue para fastidiar).

Como a cualquier país latinoamericano, es decir como integrante del conjunto de naciones bananeras que constituye la gran patria grande, el nuestro vive engrilletado a mentiras que de tanto repetirse van trocando en verdades que nadie cuestiona. Ahora se cree que estas fallas y estos cortes ¡son naturales y pueden ocurrir! Entonces ¿para qué se paga y por causa de qué siguen haciéndose ricos estos ibéricos que debieran responder si en España hacen la misma clase de trampas y estafas? ¿es que es un derecho el vivir mal y pagar por ello? ¿por causa de qué hay que proteger el sagrado derecho a vivir como animales? ¿hemos olvidado que hay una palabra que se llama dignidad y que reclama respeto en todo ámbito? ¡Qué disparate!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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