Como si no estuviéramos frente a una confrontación jurídica, mediática, política y que arranca oficialmente el próximo 20 en La Haya, en la Corte Internacional de Justicia, con el acto administrativo de introducción de la demanda peruana a Chile por delimitación marítima, la sociedad en su conjunto vive su vida como si nada ocurriera. Todos esperan, con excepciones más bien pobres tanto en concepto como en fondo, a lo que diga el gobierno que como salida “genial” sólo ha invocado la “unidad nacional”. ¿Se fabrican por arte de birlibirloque esta clase de situaciones sociales o es el producto de una fuerte amalgama y construcción metódica, con puntos fijos e inamovibles, es decir en la consideración sagrada de los temas esenciales del drama peruano que gustaba recordar con vibrante patriotismo el maestro Alfonso Benavides Correa?

Más allá de algaradas o protestas de corto alcance, como si el mundo no viviera dentro de una crisis brutal que ha puesto de cabeza toda clase de cánones, ideológicos o económicos, los partidos políticos, más bien clubes electorales que ahora afilan los dientes vía los medios de comunicación, no plantean nada respecto de la delicada situación limítrofe con Chile. ¿A qué podría deberse tan catastrófica situación de patético inmovilismo cuanto que histórico y cultural? Me temo que la respuesta camina por avenidas poco felices: ¡precisamente porque el desapego o divorcio total de la historia es un hecho comprobable en el menú cotidiano de nuestros dirigentes. La mayoría ignora hasta los más elementales barruntos por las que ha discurrido nuestra accidentada vida republicana por referirnos a lo más reciente.

¿Debiera ser esta constante o letanía de lamentos la característica peruana sempiterna? Sospecho que no y bastaría con un toque de timón para, en ejercicio de propuesta teórica, trocar la clásica y tronchada carretera y aventurarnos en procelosos como creativos patrones novísimos, valientes y ancestrales derroteros de liderazgo y presencia cultural milenaria. Mientras que otros carecen de pasado, el Perú puede exhibir uno muy rico como que está dotado –y en gran forma- de recursos que deben ser custodiados por la civilidad de todos los tiempos.

Por lo dicho ¿cuánto cuesta demandar la modernización de los partidos políticos de cavernas confeccionadoras de mentirosos profesionales en adalides de su pueblo, de voz para la convocatoria y la lección a flor de labios? En zafarrancho de combate no hay islas o privilegiados que puedan abstraerse de la situación. Todos pelean y eso incluye a los escolares, los universitarios y los profesionales como trabajadores de toda especie, raza, religión o tamaño. Con algo de imaginación la argamasa de la unidad nacional puede encontrar aquí los insumos suficientes para pergeñar el diseño de su futuro sólido y permanente en el tiempo.

¿Basta esperar a que los gobiernos se insuflen de esos buenos deseos citados en el párrafo anterior? Creo que el lector sospechará que eso es lo único que se ha hecho durante más de 180 años: esperar y en la falsa expectativa que las cosas caigan del cielo. Aunque en este caso, los gobiernos han sido habitantes casi siempre de los aposentos de Satanás y en esa tesitura han obrado con maldad, estupidez y torpeza (por lo menos así ha sido en Perú desde 1821).

Entonces, el camino de la inventiva y las nuevas rutas sí pueden encontrar en tiempos de crisis, como la actual (todo casus belli lo es), esperanzas de florecimiento. ¡Basta con buenos dirigentes capaces de unificar al país en convocatorias multánimes, patrióticas, por encima de parroquias y muy lejanos de los dólares o euros corruptores que prodigan las organizaciones de nuevos gángsteres que han creado una nueva clase de ociosos bien pagados pero muy torcidos! ¡Es hora de la creación y del esfuerzo! Y el Perú tiene todo, 28 millones de habitantes, un enorme terreno, los climas integrales del mundo, un mar riquísimo, gas y agua. ¿Qué ambicionan otros? ¡Precisamente todo eso! ¿Es que es tan difícil darse cuenta de una tan obvia realidad?

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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