Tal como se ha informado urbi et orbi y lo propio ha hecho la Cancillería, Perú presentó la Memoria en el contencioso por delimitación marítima ante la Corte Internacional de La Haya al cual ha llevado a Chile. De manera que, salvo mejor interpretación, la demanda ha sido de norte a sur. Entonces, vale la pena preguntarse ¿a cuento de qué tantas disculpas, asimétricas sin duda alguna, las que emiten el administrativo depositante del documento en Holanda, Allan Wagner; el ministro de Defensa, Antero Florez Aráoz, pareciendo dar explicaciones de un acto soberano del Perú al país del sur? ¿O hay algo que no sabe el resto del pueblo o la falta de pantalones acaba de acentuarse con una celeridad globalizada y aberrante? La profusión de calmantes pareciera no querer enfurecer a algún gobierno en particular. Si no iban a resistir a pie firme y con la bandera irrenunciable muy en alto ¿para qué se meten en juegos de mayores? Y todos saben quiénes deben responder.

En el ejercicio del derecho, y lo saben todos los que alguna vez, por voluntad propia –las menos- o por coerción de demandas ajenas –la más de las veces- hemos pisado juzgados, es muy común entender que las excusas no pedidas delatan al delincuente o desnudan la muy endeble posición de quien las profiere. Perú plantea un litigio a Chile y como tal hay que mantener la actitud: digna e inobjetablemente altiva.

En lugar de dar paso a hilarantes expresiones que no se condicen con el espíritu de la justa demanda del Perú a Chile, Cancillería y el gobierno debían pensar en cómo enhebrar e incorporar, una estrategia imbatible y al pueblo peruano en el conocimiento pleno por lo menos de los rudimentos esenciales del intríngulis en juego. Recuérdese que en 1995 la guerra del Cenepa anunció cómo se pelea en los medios y cómo estos influyen en el clima y entereza de los protagonistas. Preguntar ¿cuántos periodistas hay especializados sobre la materia puede constituir un asunto incómodo, hasta triste, pero absolutamente real.

Las profecías apotegmáticas de muchos diletantes que se hacen llamar analistas o internacionalistas o especialistas debían ser puestas de lado. Cualquiera sabe que la liza tiene para varios años y que sigue a continuación la Contramemoria de Chile dentro de los próximos doce meses. Es ocioso y confusionista andar cantando resultados si la génesis apenas acaba de dar demostración de vida.

Acaso un silencio prudente a todo nivel convenga más a los intereses nacionales. Y el bozal que usan los canes, en caso de incontinencia terca, también pudiera ser una solución alternativa para aquietar a los irresponsables que no distinguen entre sus vanidades miopes y la grandeza inexcusable que un pueblo tiene el derecho de custodiar cuando toma decisiones que normarán su sino institucional e histórico.

Evitemos el triste espectáculo que dan unos cuantos de dar excusas no pedidas. Gratuitas, innecesarias. Y hasta ridículas.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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