Varias reflexiones del compañero Fidel y discursos del General de Ejército Raúl Castro, hacen hincapié en los esfuerzos a realizar para reducir al mínimo las inevitables consecuencias de la dura realidad internacional, caracterizada por el incremento del precio de los alimentos y otros productos, así como en la necesidad de explicar y alertar al respecto oportunamente a la población.

“Hay que acostumbrarse a no recibir buenas noticias”, dijo el Presidente cubano en el acto por el aniversario 55 de la gesta del Moncada, celebrado el 26 de julio de 2008 en Santiago de Cuba, y criticó a quienes pretenden cerrar obstinadamente los ojos ante los problemas del mundo.

También Raúl ha exhortado a cada compatriota a trabajar duro, actuar con orden, disciplina y el máximo de eficiencia, al señalar que las prioridades en este momento son la producción, los alimentos y el uso racional de los recursos.

La dirección de la Revolución ha planteado que a nivel de barrio se promueva la mayor participación de las masas en la solución de los problemas de la comunidad, a recurrir a la inteligencia, iniciativas y creatividad de los vecinos.

Si me preguntaran entonces cuál relación puede tener lo acontecido en el barrio con la crisis económico-financiera mundial y su impacto en la realidad cubana, diría que mucho.

En momentos que el país debe evitar el derroche de combustible y otros recursos, desde el hogar, cada compatriota puede contribuir con el ahorro de electricidad, la entrega de materias primas para recuperarlas y el cuidado de los medios colectivos.

El Estado cubano adquirió cientos de ómnibus para mejorar el transporte público, por lo cual es inadmisible que individuos inescrupulosos los maltraten, muchos no paguen este servicio o algunos se apropien de ese dinero.

¿Puede un país como el nuestro darse “el lujo” de continuar desembolsando divisas para adquirir contenedores de basura, teléfonos públicos, angulares destinados al tendido eléctrico y otros tantos recursos en beneficio de la comunidad, mientras los propios vecinos no somos capaces de cuidarlos?

¿Estamos en condiciones de permitir la chapucería en el arreglo de una calle, de sus redes técnicas, el desvío de recursos o el robo de materiales de construcción de una obra social, todo lo cual además del atraso de esas inversiones, encarece su costo?

Otro tanto sucede cuando los vecinos no cuidamos el parque, el mobiliario público, la parada de ómnibus, una instalación deportiva, cultural, recreativa…amén de su deterioro natural.

Muy costoso resultó años atrás librar la batalla contra el dengue. La mejor manera que tenemos cada cubano y cubana de contribuir a su sostenibilidad, a evitar que el Estado no tenga de nuevo que destinar cuantiosos recursos ante la amenaza de una epidemia, es desde el hogar, el barrio, el centro de trabajo, preocuparnos porque no proliferen criaderos de vectores ni microvertederos.

Raúl Castro ha insistido en la importancia del trabajo, a no solo incrementar la productividad y la eficiencia, sino también a luchar por la incorporación al empleo de quienes intentan vivir del sudor ajeno.

¿Cuánto no podría hacer el barrio para persuadir a los jóvenes que ni estudian ni trabajan a que asuman este llamado? A la inversa de lo que sucede hoy en el mundo, en el cual aumenta desenfrenadamente el desempleo, en Cuba tenemos decenas de plazas sin cubrir y cientos de ciudadanos que, pudiendo, no quieren incorporarse al trabajo.

De manera que allí donde convergen todos los problemas de la sociedad, y se materializa la obra de la Revolución, se debe recordar que si bien Cuba está mejor preparada para enfrentar los efectos de una crisis económica, gracias a contar con un sistema socialista caracterizado por su humanismo y justicia, cada cubano desde la comunidad o su hogar, puede hacer mucho para encarar el impacto nacional de la crisis mundial.

Agencia Cubana de Noticias