Un par de buenos amigos han llegado, desde su penosísima morada en Gringolandia y sus estándares desarrollados, a la conclusión que la lucha armada “es el camino” más apropiado para el Perú. Y les he retrucado que eso puede ser válido y entre comillas subrayadas sólo a condición que dejen el océano de comodidades en que viven, vengan al país, empuñen las Fals o AKMs, declaren la guerra y se pongan al frente de sus soldados (si encuentran disparatados como ellos que les sigan). El trágico saldo de los violentos sucesos en Bagua hace muy pocos días tiene un inequívoco e incontestable mensaje: la violencia sólo produce más violencia; no crea, destruye; imbeciliza y salvajiza y hace aflorar los primitivismos más estólidos que el humano pueda exhibir contra sus semejantes. ¿Quién de los generales o mariscales de escritorio que tiran la piedra y esconden la mano, se atreve a desmentir la verdad pétrea de hechos de los que se solazan los que pretenden un Perú inviable y presa apetecible de alguno de sus vecinos?

En Perú debajo de 100 mil piedras encontraremos otros cien mil analistas, expertos, internacionalistas, estrategas, médicos sociales para todo tipo de taras y conflictos, duchos y sabihondos solucionadores de cuanto problema exista o se lo invente, a pesar de lo cual, nadie podría quitarnos el muy dudoso título de campeones del análisis, portentos de la exégesis, pero tarados y castrados para prevenir peligros y conjurarlos en su hora precisa. ¿Qué clase de nación saluda sus matanzas intestinas como pórticos de los nuevos amaneceres casi siempre ficticios y sobre el papel, como es todo en Perú?

Nótese que ningún dirigente político se apercibe de la peligrosa situación geopolítica que impera aquí. Cómo es que, siniestra sombra de 1879 rediviva, las situaciones de indefensión nacional, fracturas múltiples al interior del cuerpo total del país, dibujan sus chacalescas sombras de sur a norte, de este a oeste. ¡Y ni en Cancillería, gobierno, Establo, “oposición”, partidos, periodismo, parecen darse cuenta! La castración cerebral es ominosa, doblemente irrespetuosa si ya antes hemos pasado por situaciones que debieran estar superadas por los “hombres de Estado”. ¿Qué hombres de Estado?

Las revoluciones contemporáneas, esas que se fabrican en el onanismo de bufetes con euros o dólares financiadores, discurren por la caída de tal o cual gobierno. Si, como el actual, proditor a cualquier vestigio de doctrina o ejemplo de los fundadores apristas, reniega en la práctica de sus tesis, no hay tregua que valga porque es menester “tumbárselo”. ¡Qué interesante! ¿Serán las vigilias o marchitas argumentos suficientes o valederos para todos los peruanos? ¿y cuál el método? ¿golpe de Estado, con quiénes y por causa de qué hay que respetar a minorías inventadas sobre representaciones que nadie ha otorgado?

Supongamos que el gobierno cae o dimite o renuncia (¿alguien en su sano juicio cree que éstos van a dejar la muelle vida de que hoy disfrutan?). ¿Por arte de birlibirloque quién va a reemplazarlos? ¿frente a un conflicto jurídico en la Corte Internacional de La Haya como es el tema de la delimitación marítima a que hemos llevado a Chile? ¿con dos países que empiezan a reiterar posiciones majaderas por irreales como es el caso de Bolivia y Venezuela? ¿cambiaría algo? ¿de qué forma se legitimaría cualquier nueva administración? Seamos categóricos: ¡no hay otra alternativa que por la vía electoral! ¿desde cuándo los bulleros eternos refugiados en organizaciones de nuevos gángsteres obtiene más de 150 mil votos? ¿qué oposición será tan responsable como para entender que será el próximo gobierno, cualesquiera que fuese, el recipendiario del tema de La Haya y de hacer cumplir a Chile y exigirle respeto al fallo que esperamos 28 millones de peruanos sea favorable al Perú?

Merced a lo dicho, se puede colegir, que el camino violentista está lejos, muy lejos de constituir un referente edificador ¡de absolutamente nada! Puede no gustar a algunos pero hay que recordarlo, fue Haya de la Torre, quien afirmó que la violencia era sepulturera de la historia.

¿Hasta cuándo tanta incapacidad de todos para unir al Perú y convertirlo en una dinámica cuanto que imbatible máquina revolucionaria de arriba abajo y de abajo a arriba, defensora de los derechos humanos y de su soberanía y riquezas con sentido de horizonte, futuro moderno y con miras a una nación justa, noble y culta?

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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