Pocas semanas atrás el ciudadano Luis Alberto Salgado Tantte fue expulsado del Apra. Le echaron sin oír sus testimonios, descargos o aclaraciones que, de repente, no hubieran variado, un ápice, la imperial ordenanza de su desafuero. Los derechos humanos a la libre expresión, al debido proceso, al buen nombre, a la dignidad y decoro, fueron hechos trizas en el único idioma que disimula la bestialidad de quienes no ocultan para nada su barbarie: vía un comunicado o resolución. Cuando los derechos humanos de un aprista son degollados: ¿no es que la sociedad debiera protestar y fulminar a los criminales? Veamos.

Jesús Guzmán Gallardo fue categórico en su condena y fue más enérgico en su solidaridad con Salgado. El grupo Vanguardia Aprista de creación fina y pundonorosa intelectual cuanto que de análisis cotidiano, hizo lo propio y también se expresó por escrito ratificando su condena a los Potros Negros de bárbaros Atilas que obran a control remoto y vía saltimbanquis que fungen de secretarios. Fernando Arias hizo una carta tibia e indefinida y que procuró decir algo por el atropello de Salgado pero que cuidó muy mucho de mantenerse dentro de los cánones del sistema interno. ¿Y qué hay del resto de candidatos a la secretaría general del Partido Aprista? ¡Sólo silencio oprobioso!, que condena a sus protagonistas que debieran recordar que uno de las máximas dice: Solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo. El país es testigo de su amnesia vergonzante.

Si así están las cosas, opacas por no decir grises, contagiadas de resfríos coyunturales convenientes, en el Apra, es oportuno preguntar, otra vez, ¿qué dijeron las múltiples instituciones que dicen custodiar los derechos humanos en el país? El categórico ¡nada de nada! certifica una hipocresía monstruosa, vil, profundamente mercenaria. Y el asunto discurre por avenidas que están reñidas hasta con su propia lógica sectaria y anti-aprista porque no secundan lo que debiera –y así va a ser- una lucha indeclinable contra el abuso de que es objeto Luis Alberto Salgado, sino que mañana podrían ser las víctimas los que no son del partido oficialista. Entonces sí protestarían, porque para eso sí hay dinero, dólares y euros, pero cuando se trata de un elemento valioso y destacado en la defensa de los derechos humanos, aquí y en el extranjero, como que fue personero de Naciones Unidas en sitios tan conflictivos como Guatemala y Africa, entonces si de eso se trata, la respuesta es elusiva y pusilánime. ¿Qué clase de miserables son aquellos? ¿puede la miserabilidad admitir un escalafón tan bajo y abisal?

Hay un dicho que reza: cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas en remojo. ¿Entenderán las organizaciones de nuevos gángsteres el profundo mensaje cotidiano de tal expresión?

¿En qué momento castraron el cerebro levantisco, insurreccional, revolucionario, de los militantes apristas que miran pasivos e indolentes cómo les roban a sus mejores cuadros? ¡A menos que crean que esa torpeza sea parte de alguna nueva “doctrina” más bien personal de ciertos megalómanos y sus parlantes humanos! El padre de Luis Alberto Salgado fue miembro fundador de la gloriosa Federación Aprista Juvenil en 1934 al lado de Armando Villanueva, Tulio Velásquez, Susana Medrano, Andrés Townsend y muchos otros que luego fueron asesinados por las dictaduras que persiguieron a los apristas por el solo hecho de querer hacer la revolución de pan con libertad.

Felizmente Salgado persiste en su terca convicción de lograr que el exabrupto sea echado al lugar que corresponde, la basura, y él está persuadido que puede tentar la Secretaría General del partido que lo ha echado. ¿No será que el miedo carcome a ciertas personas, entre ellos, al actual SG Mauricio Mulder? El hombre común y corriente debe conocer que cuando el señor Mulder no tenía la más mínima idea de qué era el tema social, quien lo orientó, llevó al partido, afilió y leyó el abc de esos rudimentos, fue LAS. No es muy poético y mucho menos justiciero que él firme el tristísimo documento que bota a su antiguo maestro del Apra.

Y en las bases van creciendo las protestas múltiples por el desmán lamentable. No hay mal que dure cien años, ni cuerpo –o partido- que lo resista.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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