La movilización popular es un hecho constante en el Ecuador de estos días. Constante y radical: miles de trabajadores, maestros y estudiantes se toman las calles, pelean por sus derechos, exhortan al Gobierno que se siente al diálogo, plantean diversas propuestas para enderezar el camino del cambio. No se trata de acontecimientos perecibles, que duran lo que dura la noticia que los registra, son hechos que van configurando, poco a poco, un proceso unitario que gana en conciencia y participación de los sectores populares, en defensa del proyecto de transformaciones por el que los trabajadores y los pueblos han peleado a lo largo de la historia y que, en gran medida, están recogidos en la nueva Constitución.

Hablamos de enderezar el cambio porque lo que ha dado origen a estas jornadas es, precisamente, una política que atenta contra el sentido auténtico del proyecto popular. En escena están, por ejemplo, las interpretaciones que se hacen del Mandato 1701, en el caso de los trabajadores, así como la aprobación de la Ley de las Empresas del Sector Público que, en la práctica, terminan con los derechos de contratación colectiva y de la libre organización de los trabajadores. Se atenta contra la estabilidad y el derecho a la resistencia que la Constitución establece.

El caso de los maestros es harto conocido: se criminaliza y se castiga su justa y constitucional decisión de acogerse a la resistencia frente a un mal llamado proceso de evaluación docente que, ya en oro, lo que pretende es enviar a la calle a miles de maestros para colocar en su lugar a militantes, o personas incondicionales del Movimiento político del Presidente, y que por ningún lado mejorará la calidad de la educación. La lucha ha sido conducida, por parte de la UNE, hacia el debate de lo que significa una educación emancipadora, y hacia la defensa de la dignidad y el derecho al trabajo de sus agremiados.

En el caso de los estudiantes, y de los universitarios de manera general, las acciones de protesta han surgido como consecuencia de la tozudez de las autoridades del gobierno, especialmente de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades), en cuanto a que la única manera de mejorar la calidad de los centros de estudios superior es partir de quienes hacen el sistema educativo: sus docentes, alumnos y trabajadores, no desde los estándares internacionales diseñados por tecnócratas representantes de los intereses de las transnacionales y defensores del sistema capitalista.

Éstas, entre otras, son luchas justas, necesarias para que las cosas en el Ecuador se encaminen por los cauces de una Patria Nueva auténtica, y no de maquillaje.

Centrales sindicales unidas y en lucha El pasado 28 de julio, los trabajadores de las cuatro centrales sindicales del país: CEOLS, CEDOCUT, CTE, UGTE, se movilizaron en todo el territorio nacional para dar cumplimiento a la resolución que tomaron este 21 del mismo mes, en una Convención unitaria en la que, además, se resolvió proponer a las demás organizaciones que están en lucha, y a los partidos de izquierda, estructurar un gran frente unitario que permita mayor contundencia en la acción, pero también mayor capacidad de propuesta.

Según reportes de la Unión General de Trabajadores (UGTE), las acciones más importantes se produjeron en Guayas, Pichincha, Azuay, Cañar y Manabí. Esta movilización se denominó “día de la resistencia de los trabajadores”. En la mañana, en Quito, las centrales sindicales paralizaron la 10 de Agosto y fueron reprimidos violentamente por la Policía. En la tarde el mitin se repitió, pero esta vez la Policía no actuó de la misma forma. “El Gobierno debe entender que estas políticas que se empujan son neoliberales y que debe dejarlas de lado”, sostiene Luis Dután, dirigente nacional de la UGTE.

Un día antes, el lunes 27, los trabajadores de la Empresa Municipal de Aseo (Emaseo), del Comité de Empresa 15 de Noviembre, los trabajadores de la Empresa de Alcantarillado y Agua Potable de Quito (EMAAPQ), los trabajadores eléctricos, petroleros y del Consejo Provincial de Pichincha se movilizaron masivamente por las mismas causas. Su decisión es ir a un proceso unitario que permita poner en escena los planteamientos y las necesidades de la clase obrera del país, así como de los demás sectores populares que se manifiestan a favor de sus derechos.

Los maestros indeclinables en su resistencia

Con una movilización masiva, el miércoles 29, el magisterio ratificó su decisión de exigir un proceso de evaluación docente que se enmarque en el mandato constitucional, y que garantice el mejoramiento de la calidad de la educación, sobre la base de la estabilidad laboral de los docentes y de la mejora en sus condiciones materiales y de formación profesional. Según un comunicado de la UNE, “Planteamos nuestro total desacuerdo y rechazamos las mentiras del presidente Correa, que sin ningún fundamento o pruebas expresan acusaciones reiterativas contra las maestras, maestros y su organización, la UNE, al decir que somos una ‘mafia’, que somos ‘corruptos’ y que estamos incapacitados de dialogar con el Gobierno central.

Señor Presidente, usted le sigue mintiendo al país, la UNE siempre insistió en la necesidad de un dialogo social como alternativa para ir al cambio estructural de la educación pública y usted respondió con documento de la Presidencia de República, de fecha 21 de mayo del 2009, su deseo de hacerlo, pero ahora se contradice”. La UNE enfrenta la defensa jurídica y política de sus afiliados, que pretenden ser destituidos de manera inconstitucional e ilegal”.

Universidad para el pueblo y no para el gobierno

El jueves 30 de julio, un día antes de que la Nueva Asamblea Nacional se posesione, los estudiantes universitarios de la región Costa e Insular protagonizaron una jornada de lucha, dando continuidad a la gran marcha que realizaron el 14 de julio en Guayaquil, para continuar con la presión al Gobierno y hacer que el proyecto de ley de Educación Superior que elaboró el Senplades se archive definitivamente y se dé paso a un amplio debate con los universitarios del país, sobre el rumbo que deben seguir los cambios al interior de las universidades.

Según Marcelo Rivera, presidente de la FEUE nacional, “La movilización es por una educación de calidad, por una ley de educación superior elaborada por sus propios actores, y no una ley redactada por asesores argentinos, por gente que no conoce la realidad de la universidad ecuatoriana, y la otra por rechazar la persecución que tenemos los dirigentes de la FEUE”. Se refería así a la serie de ataques que han recibido los dirigentes estudiantiles en la Universidad Central por parte del rector de esa institución. La nueva Ley es al momento el punto central de la movilización académica y política de la universidad ecuatoriana, que se niega a ser estigmatizada como la peor de América Latina, según lo ha dicho el régimen, y que quiere responder a la realidad y necesidades propias de la realidad ecuatoriana.