Los hubo - y los hay- colaboradores o destructores de la humanidad, odiosos y amistosos, simpáticos o desagradables. Algunos desplegaron sus sentimientos enamorándose de la protagonista (¿por qué será que los robots son concebidos como hombres, generalmente?) o ayudando a los niños y niñas en sus aventuras. Otros, eran temidos por las maldades cometidas.

Recordemos, sólo por mencionar algunos a: los “replicantes” de Blade Runner, la saga Terminator, los androides R2D2 y C3PO de la saga La Guerra de las Galaxias, el satánico HAL 9000 de 2001, Odisea en el espacio, Transformers,, Roboco,p Cortocircuito, o más actual Ben 10 y su Onmitrix.

Resultaría una herejía olvidar a Jaime, el robot que acompañaba a Maxwel Smart, en la serie creada por Mel Brooks, El Super Agente 86. Las torpezas del protagonista, espía de Control, una especie de CIA, en su lucha contra KAOS, símil de KGB, eran acompañadas por una tecnología que parecía fantasiosa en épocas de guerra fría, pero que en la actualidad forma parte de nuestra vida cotidiana. Como Jaime.

Hoy que los robots integran el arsenal bélico de los Estados Unidos, no ya como una creación ficcional sino como un reemplazo real de los combatientes a servicio de las conquistas imperiales, hablar de ordenadores inteligentes, inteligencia artificial o autómatas ya no es un privilegio del mundo cinematográfico.

“El desafío entonces –señala el experto en negocios y branding, Fernando Moiguer en el suplemento IECO del diario Clarín del domingo 23 de agosto de 2009- radica en poder construir un vínculo forjando conversaciones que dejen atrás la unilateralidad de los mensajes y pongan al consumidor en el centro de la escena.”

Es decir, el desafío en tiempos de mercado y globalización continúa siendo convertir a la sociedad en pequeños autómatas que corran detrás de las marcas. Así como los robots de las películas ocupan el centro de la escena, en el “largometraje” de la pantalla publicitaria, el centro de la escena lo ocupa usted, yo y cada uno de los seres factibles de ser tentados por el acceso al bienestar impuesto por la sociedad del espectáculo y de consumo.

“Los que tienen nada quieren algo, los que tienen algo quieren todavía más.

Para pretender el mundo es largo, para conformarse se ha inventado el jamás”, canta Silvio Rodríguez.

Robots que reemplazan a los soldados en la guerra contra la humanidad, seres humanos que, en su carrera por tener algo más, son tomados como autómatas en la batalla que enfrentan las marcas.

Un mundo poco feliz para los que aún creemos en la dignidad.

Fuente
Motor de Ideas (Argentina)