Escuché ayer en directo las declaraciones radiales de la señora Natalia Málaga, entrenadora de la selección juvenil de voleyball que acaba de conseguir la presea de bronce en los juegos olímpicos de Singapur. Exultante, como no podía ser de otro modo, la brillante ex jugadora subrayó la actitud que infundió en sus pupilas para ganar y ratificó, con creces innegables, su liderazgo a toda prueba. Acaba de colocar Málaga la piedra fundacional del renacimiento de ese deporte. ¡A tal señora, tal honor!

No es precisamente muy alta Natalia pero sí es importante destacar que distinguióse por su singular carácter atípico, retador, de frase fácil y de pegada en la red con saltos felinos que siempre sumaron puntos. Si hay una faceta, entre otras, en las que destacan las féminas peruanas, éste ha sido el voleyball. Y, como si fuera ayer, aun cuando estoy cierto que deben ser lustros, recuerdo que Málaga mostró la lengua a una rival y la desarmó anímicamente.

De la mano de su experiencia y sabiduría, nadie le ha contado teorías o estratagemas de escritorio o libros sesudos, Natalia Málaga supo ser adalid de su equipo y retó al esfuerzo, zarandeó para hacer reaccionar a las jugadoras y el premio a su conducción es una medalla de bronce en competición internacional. No es poco, es bastante y esto permite inferir una serie de conclusiones de la más alta importancia y más allá de la liza deportiva.

Cuando hay actitud ganadora y capitanía, sapiente de su destino y ambiciosa de la bitácora cumplida, es posible arribar a puerto seguro. En cuenta realista, no bastan las tan sabidas buenas intenciones. Precísase técnica, experiencia, garra, espíritu, conocimiento de la psicología de los –o las- combatientes a cuyo diseño colectivo apunta para amalgamar la acción común el o la líder. No hay buenas ni malas masas, sólo buenos y malos dirigentes.

El apotegma acaba de comprobar su rutilante y feraz bondad. La juventud de las chicas, los altibajos, la inexperiencia, trocaron en esfuerzo, hicieron de tripas corazón y pelearon hasta vencer y obtener esa medalla de bronce. Y la columna vertebral de la dinámica ha sido Natalia Málaga. ¿Cuántas Natalias Málagas hay en el Perú? De hoy en adelante, esa reciedumbre y coraje llevan el nombre de la ex jugadora.

Migremos del deporte a la vida común y silvestre. ¿Por causa de qué el país es escenario de la inutilidad cuasi absoluta de la burocracia pública que siempre embrolla todo y saca soluciones torpes o atasca iniciativas sin castigo alguno? Falta de liderazgo y honestidad.

En Perú la institución –de algún modo hay que llamarla- más desprestigiada, ineficaz e inane es el Congreso. No obstante los chicos y chicas transitorios, precarios ocupantes de un recinto en plena caída libre de cualquier clase de prestigio, acaban de sorprender proponiendo que las mesas directivas amplíen sus mandatos a dos años y medio, la mitad del vigente período electoral. ¿No se dan cuenta que así fueran 3 ó 4 meses, el repudio sería el mismo? Entonces las ganas de atrincherarse y vivir sin hacer nada, son patéticas, pues no hay manifestación de servicio al país. Falta de liderazgo y honestidad.

La perenne ociosidad intelectual o política de los partidos, en plena liza municipal, se da de golpes en el pecho por la salida de Alexander Kouri pero de boca para afuera. Para adentro resultó un alivio y una chance más de vivir de las cansadas ubres del Estado. Pero, y esto es increíble, se da por servida que Kouri resultase obliterado por una tacha domiciliaria y no dice nada ante la inminente inmoralidad que se pretende cometer declarando infundada la segunda tacha que sí tiene múltiples cargos contra Cambio Radical y los fraudes en que ha incurrido. Falta de liderazgo y honestidad.

Para ejemplos bastan estos pocos.

Esperanza enorme la que Natalia y sus chicas han brindado como lampo iluminador en Singapur. Perú debe contagiarse de esa actitud ganadora y liderazgo a toda prueba mostrada por Málaga y su ramillete de jóvenes valientes, esperanza y horizonte de un Perú justo, libre y culto. Y el paradigma ha ocurrido en el deporte. ¿Qué espera la sociedad para seguir ese ejemplo?

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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