¿Entró en agonía terminal el partido-escuela que antes fue el Apra? ¿O entró en la agonía unamuniana para, luego de fulminar a sus enterradores, resurgir de cenizas con nuevos y honestos bríos? La organización política que antaño fuera blasón y símbolo de las mayorías nacionales, ayer recibió una paliza electoral. La respuesta la tienen las bases. Los mariscales de la derrota calamitosa, los fautores del fracaso, de la tragedia sin excusas, sólo merecen la condena más categórica a su mediocridad, carencia de horizontes y el alejamiento inmediato de un liderazgo que les ha quedado inmensamente grande y para el que no han tenido sino un comportamiento miserable y pusilánime.

Si la tarea de los partidos es hacer política, quien abdique de esta responsabilidad, traiciona el mandato fundacional de la agrupación creada en setiembre de 1930 y que a la sola convocatoria fraterna y combativa de Haya de la Torre, desde las masas y plazas, salió a pelear los comicios de 1931, 1936, 1945, 1956, 1962, 1963, 1977. El aplastante fracaso de 1980 aún aguarda un examen riguroso e imparcial. Declinar la liza electoral, como lo hizo no ha mucho el Apra, para el comicio en Lima, constituye una de las felonías más condenables de que se tenga memoria.

¿Hay alguien feliz con este espinoso asunto? Tengo la impresión que sí. ¿Quién se beneficia con un Apra desdibujado, desaparecido, cuasi aniquilado para la próxima justa presidencial del 2011? ¿Quién ha trabajado, desde hace 30 años, para convertir a una colectividad de izquierda democrática y combatiente desde las bases, en apéndice del conservadurismo globalizador más fanático y sectario? ¿No ha sido el entreguismo del presidente Alan García Pérez, ejemplo del no ejemplo y paradigma de las claudicaciones más extremas a los grupos de poder que son los que gobiernan en su administración? No ha gobernado desde el corazón del pueblo, el aludido. El castigo de los votos, la pérdida masiva en todo el país, el descalabro integral en las urnas, tiene un fautor conocido, recurrente e invariable en su agenda personal, absolutamente distinta del destino del Apra cuya doctrina ha desconocido aquél con frivolidad oratoria y escrita condenables.

¿Concitan las autoridades apristas alguna respetabilidad al interior de su agrupación? Si la política y las medidas que con ese tenor se llevan a cabo, se miden por resultados, entonces la respuesta de censura y clausura es inequívoca: ¡que se vayan todos! No obstante y previa introspección intensa, serán las bases apristas las que tengan autoridad suficiente para reconstruir su movimiento. Desearía creer con firmeza que hay decenas de miles de hombres y mujeres a lo largo y ancho del Perú, convictos y confesos de esa fe democrática.

El comicio de ayer ha demostrado que el pueblo ha escogido. Y lo ha hecho de forma generalizada, dando a entender que los ciudadanos saben votar en las urnas y acaso comprendan que también pueden botar a patadas o en las calles cuando de protestar se trata. He allí una lección de incoercible fortaleza. Los aventurerismo sectarios y mesiánicos son impensables y están fuera de la realidad que la gente percibe y practica.

La disputa por la principal alcaldía del país, Lima, entre Susana Villarán y Lourdes Flores, aún continúa. Si la tendencia se confirma, Villarán se alza con la victoria. Ahora hay que trabajar y respaldar y, sobre todo, fiscalizar que el municipio de Lima no se convierta en presa apetecible de consultorías o dispendios, de negociados o componendas que, en cualquier caso, sólo botan el dinero público. A eso están compelidos, gane quien gane, los que deban llevar la responsabilidad representativa. Tarea fundamental del pueblo, y de sus partidos, vigilar el cumplimiento honesto de la función edilicia.

Dilema fundamental y público para los apristas, el escoger el derrotero de su agrupación política y que se resume en una disyuntiva categórica: o lamentar, hundiéndose el nuevo fracaso, o: ¡reconstruir su estructura, renovar su doctrina, vivir el presente y ser la continuidad de un proyecto por el cual murieron en los últimos 80 años, miles de hombres y mujeres que dieron todo por nada! ¡Nuestros votos por una reflexión honda, dramática y valiente!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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