Con afilado bisturí jurídico acaba el doctor Guillermo Olivera Díaz de desnudar la ruda ignorancia que sobre la ley de partidos políticos posee Mercedes Aráoz cuando exclama urbi et orbi que ella “nombrará” a los candidatos vicepresidenciales. Es de tal magnitud su barbarie que ¡ella misma! orilla el precipicio y no sabe que puede rodar sin atenuantes que la salven de fracturas y escoriaciones.

No sólo eso.

Preguntada, muy pocos días atrás, por un periodista enterado sobre qué apreciaba en el conjunto de ideas de Haya de la Torre, Mercedes Aráoz no pudo ¡siquiera! musitar el nombre de cualquiera de los libros de Víctor Raúl y encima dijo que no era “especialista” en su pensamiento. La confesión fue patéticamente descarada. ¿Por causa de qué no pregunta Aráoz, con su angelical inocencia, a los Dimas y Gestas de nuevo y protervo cuño, que le flanquearon cuando se anunció el caballazo de su proclamación? La respuesta es inequívoca: ¡esos dos exhiben falta de cultura política, también, como blasón! No pasan de embajadores de negociados, alfiles de corrupción.

Nacida la postulación de Mercedes Aráoz de un caballazo que será maquillado por una convención de 40 señorones digitados a lo largo y ancho del país y sólo con el cometido de darle “aire democrático” al diktat de Alan García Pérez (el que tira la cáscara de sus amigos cuando ya no los necesita), vive la susodicha en el fetiche que su belleza –argumento político y doctrinario de potentes luces- reemplaza la acusada falta de conocimientos sobre historia, pasado, presente ideológico y doctrinario del movimiento al que pretende encabezar para las elecciones presidenciales. Alguna vez dijo el señor Luis Bedoya Reyes que los técnicos se alquilan. Y la versión remozada de nuestros tiempos, se aplica de igual manera con los –o las- tecnócratas.

Aunada a su deleznable candidez ignorante, Aráoz desconoce cualquier calor humano por razón que para ella los hombres y mujeres son guarismos contables de máquinas exaccionadoras y productivas como son las transnacionales. Es, antes que política, un elemento funcional al servicio de los grandes poderes y sus manifestaciones públicas sólo dan cuenta de un fanatismo de hinojos reñido con cualquier concepción de pelea digna por el pueblo del Perú. No hay duda posible que ella sí interpretaría los designios del gran poder multinacional ¡mucho mejor! que el mismísimo Alan García Pérez, su robusto padrino desde Palacio.

¿Quién ha escuchado argumento cuestionador de cualquier TLC que ya empieza a agredir a los empresarios peruanos, por parte de la gélida señora Aráoz? Su coherencia es afilada, jamás haría eso, habida cuenta que ella es autora de no pocos de estos esquemas y hasta se dio el lujo de proclamar mentiras gruesas cuando dijo que “peligraba” el TLC con Gringolandia y las trágicas ocurrencias de sangre y muerte en Bagua revelan su firma imborrable. Y esa culpa le acompañará vitaliciamente.

Cuando profesionales amantes de su ciencia cotidiana como el doctor Guillermo Olivera Díaz se adentran en los procelosos derroteros de la pelea en la cancha, los sismos empiezan a notificar con movimientos notorios. A él débese, con savia, tesón y entusiasmo, el cuestionamiento que arrojó al tacho de desperdicios a Alexander Kouri Boumachar. E hizo Olivera de su impugnación muestra galana de una fe y pasión arrolladoras. Algo más, esa rutina de meses pasados, esgrimió un argumento decente: política y juridicidad pueden caminar juntos ¡y por avenidas limpias! Obvio es resaltar que para que aquello suceda, los protagonistas deben poseer diáfana credencial impoluta.

¿Cómo pueden haber apristas que sientan siquiera pizca de simpatía por la candidatura de Araóz? Es un tema de planeamiento patológico que está en consonancia con el diseño de su autor el anti-Haya –como bien lo denunció Jesús Guzmán Gallardo- Alan García Pérez. Insólito es que aquél no oculte su angurria para volver el 2016 ¡como si Perú orbitara alrededor de este megalómano contumaz! ¡No se puede confundir al noble pueblo del peruano con una gavilla de turiferarios que han hecho de la política vil negociado culpable!

Más aberrante es que se elogie a doña Mercedes, instrumento (¿qué raro, no?) de pulverización de lo poco que queda aún de lo que antaño fue esperanza multitudinaria de una revolución popular de pan con libertad.

El aprista que convalide el caballazo Aráoz será un enterrador de su Partido, triste presea y mediocre diploma. Así de simple.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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*Caballazo: peruanismo que denota imposición violenta y brutal.